La generosidad

La generosidad

 

¿Qué es la vida? Así se titulaba un pequeño libro de divulgación del físico Schroedinger y, retomando el tema se puede decir que la vida es la gran barahúnda ante todas nuestras preguntas, pero, ¿consideramos realmente sus respuestas?

¿Atendemos a lo que nos dice la vida? Creo que rotundamente, no. Si lo hiciéramos sabríamos, por lo menos, que el ruido es importante para vivir. El ruido de la vida…estruendoso y ¿ensordecedor?

Nos inhibe auditivamente y no disfrutamos del fragor de la batalla del día a día, del vivir, que siempre se hace con algún peligro…No hace falta ser héroes, creo yo, esto está a nuestro alcance, al alcance de la mano.

Es, claramente el mayor secreto, el secreto de la felicidad. Quizá se podría formular diciendo que “dar” y “recibir” son, esencialmente, uno y el mismo concepto.

No estoy diciendo que si das, por no sé qué especie de ley kármica, recibes a continuación de igual modo. No. Estoy diciendo que dar en sí mismo, es ya recibir, ser retribuido por esa sola donación.

Porque quien es generoso disfruta de su acto de dar. Esa es su mayor muestra de generosidad. Si quieres identificar al generoso busca el neurotransmisor. Estoy casi seguro de que será una endorfina o algún otro placentero elemento similar el que se genere en ese acto.

¿Sabemos ser generosos? ¿Nos han preparado para ejercer la generosidad? En la mayor parte de los casos, creo, esta es producto de un largo aprendizaje, de una experiencia de la vida que finalmente arriba a buen puerto.

El ruido de la batalla…el entrechocar de las espadas y los escudos es el ruido de dar y de recibir, ni que sea golpes. Los golpes que da la vida son una fuente insoslayable de aprendizaje, sí, pero también son muestras de su generosidad para con nosotros.

¿Qué mayor generosidad que enseñarnos, instruirnos? Sufrir con generosidad…

Saber que somos hechos polvo poco a poco, reducidos a polvo…que se aventará. Si la vida es generosa, ¿por qué no podemos serlo nosotros y ver en nuestras fuentes de sufrimiento un don para crecer, para asirnos irremediablemente a lo ineluctable y devenir con ello hasta nuestro final?

Realmente ahí se encuentra el secreto de la felicidad, que no es tal secreto sino un velo que no acertamos a levantarnos de nuestros ojos para ver con toda la claridad del hecho, lo meridiano del sufrimiento generoso.

Y no estoy hablando de ningún tipo de santidad sino del pedestre caso de quien se encuentra modestamente luchando por la vida y reconoce en sus sufrimientos una forma de generosidad.

La lucha por la vida también podría ser reformulada como la lucha por la generosidad. ¿Será ese el camino?

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

4 comments

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    Dar es un acto de generosidad al igual que es escribir y publicar un artículo de esta categoría moral tan maravillosa como el de José Zurriaga cada domingo del año. El que da es más feliz que el que recibe aún siendo los dos, los lados de la misma moneda. Quizá sea el sufrimiento un ejemplo de generosidad siempre que sea por una causa razonada y justificada y para un buen fin.

    El mundo, la realidad que vemos y percibimos sería mejor si existiera un poco, y digo solo “un poco” de generosidad a diario. Un simple gesto, un adiós, un Te quiero, una sonrisa…haría feliz a los demás, momentáneamente…o tal vez durante un período amplio de tiempo…¿Nos cuesta tanto hacerlo? La lucha por la vida puede ser un ejemplo para otras personas, una ayuda, un reflejo, el darles un sentido…el aprendizaje, los modelos, la simulación…son básicos para el desarrollo de la vida del género humano y además en muchas especies del reino animal.

    Así, en la alegoría de la caverna de Platón, el mundo sensible es el reflejo del conocimiento adquirido por la observación de la naturaleza; la contemplación del exterior de la cuerva representa el mundo inteligible, es decir, el acceso al pensamiento. De la misma forma el acceso de la esencia en el cual se da la generosidad del ser humano al mundo y a los demás supondría demostrar un conocimiento cierto, verdadero y de acuerdo al mundo en el cual vivimos.

    Darse no es lo mismo que recibir al igual que amar no es igual que ser amado; es más enriquecedor leer este artículo de Zurriaga para darse cuenta que AMAR y ACTO DE GENEROSIDAD van ligados…y proporcionan alimento a la vida y al género humano.

    Un 10 para mi amigo José Zurriaga y las gracias por la sensibilidad y acierto en sus palabras.

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      Sabiduría y profundidad se aúnan en el comentario de mi querida Almudena Mestre para ensalzar, y digo bien, la gran fiesta que he querido celebrar, la de la generosidad en la vida y en la inteligencia de cada cual. Almudena trenza una glosa bien estructurada y bien formada para dar lugar a la riente percepción de nuestros amores y vidas que se amplían en la generosidad que, a veces, las caracteriza. Muchas gracias otra vez, querida amiga. Un besazo.

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  • Javier Ubach

    Las tardes dominicales tienen un espacio reservado para José Zurriaga y sus deseados artículos. Estos nos rescatan de la mediocridad trasladándonos a lugares más idóneos para el pensamiento. Hay que congratularse por su generosidad al compartirlos cada semana con los lectores.
    Un abrazo y hasta la próxima celebración.

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