La foto rota

La foto rota

Te pusiste nerviosa y empezaste a gritar. En unos instantes la joven encantadora, que me había dicho que le gustaría ser la protagonista de todas mis novelas, incluso las que ya había escrito antes de conocerla, se convirtió en un ser anodino y vulgar.

Teníamos que ir en seguida al centro de planificación familiar, me dijiste algo más tranquila tirando el preservativo a la papelera. Parecía mentira que te doblara la edad. Se suponía que yo debía controlarlo todo. Cómo nos podía haber ocurrido aquello. Ella no estaba dispuesta a hacerse cargo de lo que pudiera suceder y suponía que yo tampoco. Admito que no supe qué decir. Nunca se me había quedado el preservativo dentro de nadie. Cogí la novela que le había firmado en la Feria del Libro y había servido para conocernos, saqué mi foto que estaba entre sus páginas, la miré unos instantes y la rompí en dos trozos. Luego se la tiré a la cara, me levanté, me vestí y salí de su habitación.

No volvimos a vernos hasta varios años después, en un café de Madrid.

Lo único que me dijo es que la fotografía seguía rota.

(La escena es de la película de Welles).

http://sotelojusto.blogspot.com.es/

 

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

3 comments

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    Una vez más nos adormece con un aroma suave y delicado, el cuento de Justo Sotelo repleto de metáforas, símbolos e imágenes típicos de la era posmoderna en donde se desvela un mundo oculto que refleja el espejo de posibilidades que la literatura alcanza a través de la ficción. Una rotura e inmersión del discurso literario con la realidad incluso hasta con el pacto realista dentro de una novela como diría M.C. Bobes apelando únicamente al sentido del texto literario como tal ; en contraposición, la teoría de la recepción de Iser incide en una interacción texto-lector en la cual se generan los significados de la lectura de la novela y por tanto, se produce una interpretación.

    Un juego de espejos de literatura que metafóricamente se lee entre líneas en el texto de Sotelo (Feria del Libro, páginas, novelas, protagonista, fotografía) de donde sabemos el doble significado de ocultación y revelación, falsedades o mentiras y verdades que se dan la literatura como si la no realidad fuera una verdad sostenible y realmente existiera. Así, se puede comparar la falta de control del personaje masculino a la distorsión de la realidad a través de la simulación de la verdad; el preservativo dentro de alguien, símbolo de la pérdida de la realidad en la narración, una inmersión en lo oculto para desaparecer que, produce según Freud, un placer estético, un olvido inconsciente que reconstruye un escenario ficcional para centrarse en el análisis y descubrimiento de los textos dentro de las coordenadas espacio-temporales que Sotelo maneja con soltura y maestría (los instantes, los años, seguía, antes, en seguida… y un lugar, un café de Madrid). En esos textos el personaje femenino se siente o desea verse reflejada dentro de sus personajes y ser metafóricamente hablado, la imagen de uno de ellos, el espejo. Pero ese entendimiento no siempre se consigue, a veces no se alcanza, uno no se identifica y se diluye.

    Un fotografía permanece rota – ése es el colofón del texto; una idea, una mente, un pacto narrativo está perdido entre la ausencia de compromiso lector-texto-autor.
    Sencillamente, EXCELENTE relato con un sabor lleno de encanto. Gracias y un abrazo escritor de la ficción, Justo Sotelo!

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    En este cuento Sotelo, a su manera, preserva lo real a través de lo ficcional, es decir, juega con las palabras, muy elegante y sutilmente, para transmitirnos la amargura que sigue, a mi modo de ver, a una relación que acaba en fracaso cuando de la amistad se pasa al sexo. Tal vez, los protagonistas estaban condenados a ser siempre amigos, y, dar ese paso por él urgido les lleverá a la ruptura/rotura más innecesaria, en adelante, él no soportará recordarla y, ella pondrá tierra por en medio, pero qué bonita es la amistad, no??? Claro que, todo ello, sólo se sostiene en un plano convencional; pues la Amistad de verdad, traspasa a ambos y a esos modos y maneras tan vulgares como poco edificantes, no??? Roranna.

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