La erótica de la sala agoniza, pero nunca se ha visto tanto Cine

La erótica de la sala agoniza, pero nunca se ha visto tanto Cine

El cine en sala agoniza aquejado de indiferencia. El fin de semana se ha saldado con una recaudación histórica a la baja. Sólo Objetivo: La Casa Blanca y La Mula en un discreto noveno lugar, entran en el raquítico top de las 10 películas más vistas. Ya se habla de la falta de peso de la taquilla española en el cine internacional, incluso los menos optimistas dicen que a las grandes compañías americanas no les salen los números de los estrenos en España. Esperemos que esto último sólo sea un rumor, y/o sería una solución para que se vea cine de otras culturas, por medio de internet claro.

El I.V.A ha sido la gota que ha colmado el vaso, pero él sólo no es el que ha hecho huir a los espectadores de las salas. Los libros se pueden leer gratis, pero hay que ir a la biblioteca, en cambio las películas te las puedes descargar mientras barres la terraza. A un compañero y a mí, se nos escaparon un par de pases de prensa y pudimos escribir la crítica sin problema, porque las películas estaban gratis en la web una semana antes de su estreno.

El problema del Cine está encajado en una crisis internacional del sector, y agudizada en particular en nuestra industria por las nefastas políticas de ayuda, escabeche que empezó Pilar Miró con sus leyes, que priman en la subvención al creador y no a la industria, olvidando que son dos partes complementarias, imprescindibles e inseparables: uno ha de crear y otro vender, y no debe vender el creador ni crear el comercial.

Pero hace muchos años que Pilar Miró está en los cielos con Gary Cooper, y nada se ha mejorado desde entonces, y eso que la gestión de  cine ha pasado por muchas manos, pero tampoco es de extrañar, ya que los dos partidos que se alternan en el poder no han sido capaces de ponerse de acuerdo para pactar una ley coherente y sólida de educación, que es el futuro de sus propios hijos, no iban a reparar en una minucia como puede ser el Cine, que al fin y al cabo si no se produce se puede comprar el de otras cinematografías. Con eso se pierde la identidad cultural, pero a una clase política que no le interesa la educación de sus ciudadanos eso de la identidad cultural no creo que reparen ni qué es, deben pensar incluso que es un lastre para nuestra integración en la economía-cultura global.

La verdad es que todo ha fallado en el Cine, las subvenciones se dieron a los productores –los mismos productores que ahora no se sabe dónde están, y no doy nombres- , y no se cuidó a los exhibidores, e igual que una sociedad formada demanda la cultura e incluso la paga con gusto, una película necesita un lugar donde ser exhibida, y si hay demanda de exhibición habrá películas, si no, no.

Los exhibidores han sumado también su grano de arena a la hora de espantar a los espectadores poniendo refrescos y palomitas a precio de restaurante de cinco estrellas y cebándose con un público que era una mina: el familiar, que necesita, más que elige, llevar a los niños a algún sitio, pero una vez pagada la entrada y abonada la consumición la cartera se queda temblando, y uno se lo piensa mucho antes de volver.

A pesar de lo antes dicho, el Cine no se acabará, dejará de ser el cuerno de la abundancia que fue y quedará reducido, pero el cine será Cine, se vea en las salas o reflejado en un río, que al fin y al cabo es lo que importa.

 

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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