El espíritu de Alfred Hitchcock sobrevuela las últimas películas del coreano Park Chan-wook. Si Stoker, la aventura estadounidense del responsable de Thirst, suponía una peculiar variante de la magistral La sombra de una duda, tanto en su trama como en su atmósfera enrarecida, La doncella guarda más de un punto en común con Rebeca.
De hecho, la particular relación lésbica entre una sirviente y su particular jefa, a la que supuestamente tiene que convencer para que se fugue con un conde de la mansión donde se encuentra enclaustrada por su tío, podría recordar en más de un aspecto a la que se presiente y nunca se explicita entre la fallecida Sra. Danvers, y su ama de llaves en la célebre adaptación que el mago del suspense realizara de la mítica novela de Daphne du Maurier.
El clima malsano y el tono de cuento gótico de aquella aparecen también presente en la película del cineasta asiático, adaptación del libro Falsa identidad, escrito por la británica Sarah Waters. A todo ello hay que añadir el parentesco de la obra del coreano con otras dos cintas que supieron aplicar el sentido del suspense del autor de Psicosis a historias de amor sáfico: la estupenda Las diabólicas, firmada por H.G. Clouzot, o la menos reconocida Lazos ardientes, uno de los largometrajes menos populares de los hermanos Wachowski.
Como ya es habitual en el autor de Soy un cyborg, la venganza, la violencia y una perturbadora sexualidad vuelven a ser los ingredientes fundamentales del trabajo de Park Chan-wook. No obstante, quizá lo que más curioso de esta mezcla de historia de amor y thriller sea la sensualidad que transpiran sus imágenes, aunque no sean, paradójicamente, los momentos más explícitos los que emanen mayor erotismo. Al igual que ocurre en gran parte de las cintas de Wong Kar-wai, el coreano logra sacar el mayor partido al diseño de producción, el vestuario y la fotografía para crear casi un ambiente voluptuoso que inunda cada una de sus planos. La fuerza visual y la buena labor del reparto, especialmente de las actrices Kim Min-hee y Kim Tae-ri, logran que la película se mantenga a flote a pesar de un guion excesivamente tramposo y alambicado.
Sin duda, nos encontramos ante una cinta imperfecta que se encuentra por debajo de las más redondas Oldboy o la extrañamente elegante Sympathy for Lady Vengeance, aunque vuelva a dejar patente la grandeza de un realizador con la capacidad de ir mucho más allá de la mera ilustración de un libreto y ofrecer una obra de inusual erotismo que es un verdadero festín para los ojos.