La cuenta, una comedia eficaz que acierta en la diana

La cuenta, una comedia eficaz que acierta en la diana

En la imagen los actores Raúl Peña y Cesar Camino, en un momento de la representación de La cuenta, de Clément Michel, con dramaturgia de Ramón Paso, dirigida por Gabriel Olivares 

 

 

Por Luis Muñoz Díez 

 

La cuenta de Clément Michel aborda dos asuntos tan comunes como universales. Uno es la nombrada inquietud de pasar de los cuarenta, y otro el concepto amistad.

Partiendo del texto del dramaturgo y también actor, guionista y director de cine francés, Ramón Paso firma la dramaturgia de la versión que se estrena en España. Su buena mano se aprecia y se valora. Ubica la acción en la sierra de Madrid en la casa que Alejandro tiene en la montaña, a la que invita a sus dos amigos del alma, Julio y Antonio.

Clement y Paso sitúan a los tres “cuarentañeros” en el momento preciso en que vivimos. Son unos auténticos chicos de hoy en día, en que todos pretendemos vivir instalados en una juventud permanente, ajenos a la edad cronológica.

Pero quizá por una herencia cultural sin duda caduca, la cuarentena es propicia para hacer balance. Es una edad en que todo está en su sitio y funciona, pero se ve con la perspectiva de que “hace veinte años que tuvimos veinte años” -como cantaba Serrat-, con la certeza de que para joven no se va nunca, que produce cierto vértigo, a cada uno en la medida de su neurosis, que no permite aplazar nada, lo que se desea, se quiere ya.

Julio, Alejandro y Antonio están muy acorde con los tiempos que corren, visten y actúan como cuando tenían veinte, treinta… Están deseosos de experimentar cual adolescentes, y precisamente ese es el pretexto para una reunión que no puede apelar a mayor hermandad gregaria de juventud.

Una amiga de la oficina le ha pasado a Alejandro unas setas alucinógenas que prometen obrar milagros, y que a cada uno le estimularán en la medida de su necesidad.

En la imagen el actor Antonio Hortelano, que Julio, no da puntada sin hilo

En la imagen el actor Antonio Hortelano, que Julio, no da puntada sin hilo

Los tres personajes son tres prototipos de hombre, pero están coloreados con tanto detalle, que los hace singulares. Alejandro el anfitrión, es el tipo de hombre que piensa que el sexo está para disfrutarlo, y no pierde oportunidad, pero ni se engaña, ni engaña a sus amigos. Él es caprichoso, juguetón e infiel a su mujer, lo sabe y punto.

El actor Raúl Peña cuenta con una vis cómica importante. Le presta a Alejandro un físico atractivo, para ejercer sin obstáculos su condición de infiel sin remedio, y franqueza. Alejandro no se corta nada, al reclamar a Julio y Antonio su parte de la cuenta de una cena que él pago voluntariamente e insistiendo en hacerlo. Alegando que el acto de generosidad se produjo después de ingerir alcohol.

Su amigo Julio no da puntada sin hilo, es de los tres el que rompe el tópico masculino, tanto que a sus amigos les echan por tierra todos sus esquemas, y como no lo entienden, directamente lo mandan a la acera de enfrente. Es peleón y astuto, poco le importa lo que crean o no sus amigos, aunque a Antonio le guarda un rencor infantil, por no haberle elegido testigo de su boda. El personaje en un bombón, y Antonio Hortelano lo encaja con un desparpajo elegante y cínico, como un buen jugador de póker.

Los actores Raúl Peña y Antonio Hortelano, interactúan de una manera brillante, logrando una optima respuesta del público, con sus continuas peleas como antagonistas.

En la imagen el actor Raúl Peña, que es el infiel y contento Alejandro, al fondo César Camino el pacificador Antonio.

En la imagen el actor Raúl Peña, que es el infiel y contento Alejandro, al fondo César Camino el pacificador Antonio.

El personaje de Antonio no tiene menor importancia, es el amigo conciliador por excelencia, por su parte no se inicia discusión alguna, con hacer de bombero en los desencuentros constantes de Alejandro y Julio, ya tiene tarea suficiente.  César Camino camufla su galanura detrás de unas gafas de ver, y un flequillo típico compacto de los que se empeñan en llevar los que no aceptan sus entras, recreando con acierto a su complejo personaje de comodín, al que sus amigos espían, porque de su boca no sale, nunca nada.

En la vida se finge, en el amor y la amistad también, quizá por temor a que, si se conociera nuestra vulnerabilidad, se nos rechazaría, por eso como Alejandro, Julio y Antonio preferimos camuflarnos detrás de unas practicas caretas.

La cuenta encierra secretos e imprevistos, pero no los voy a descubrir, porque mi intención es animarlos a que acudan al teatro para enterarse, y disfruten de la divertida propuesta de Clément Michel y Ramón Paso, que fiman uno como autor y otro como dramaturgo.

En la imagen Raúl Peña Alejandro, Antonio Hortelano Julio, y de espadas César Camino, en uno de sus 1001 enfrentamientos.

En la imagen Raúl Peña Alejandro, Antonio Hortelano Julio, y de espadas César Camino, en uno de sus 1001 enfrentamientos.

El dramaturgo Ramón Paso, está bien dotado de oído, cualidad indispensable para un escritor de comedia. El público tiene que identificarse con lo que se dice, y como se dice en el escenario, para que el mensaje llegue rápido, y provoque la risa espontanea. Ramón es un autor fertil, conocedor de los recursos para llegar al público.

Gabriel Olivares dirige la función de forma creativa, no solo marca con acierto a los actores en gesto y movimientos para que el público disfrute, les ayuda con unos efectos lumínicos y sonoros, que comparten protagonismo con los propios intérpretes. Con ellos maneja de una forma original los pasos de tiempo, y llegan a ser un autentico fuego de artificio, cuando los amigos se comen las setas alucinógenas, sus sensaciones están servidas en bandeja por los efectos.

La cuenta es una comedia eficaz, con un texto con el que el espectador empatiza porque lo reconoce de Clément Michel y Ramón Paso, una dirección con cuño propio de Gabriel Olivares, y en el escenario tres actores como Antonio Hortelano, César Camino y Raúl Peña, que gozan del cariño del público, y con este trabajo lo renuevan, porque los espectadores no paran de reír durante toda la representación, premiándolos al final de la función con largos aplausos.

En la imagen los tres amigos en trance, mientras aseguran que las setas alucinógenas no les han hecho efecto alguno.

En la imagen los tres amigos en trance, mientras aseguran que las setas alucinógenas no les han hecho efecto alguno.

 

La cuenta está en cartel hasta hasta el 28 de febrero de 2021, en Sala Pequeño Teatro Gran Vía, más información de fechas horarios y compra de entradas pinchando aquí.

Autoría Clément Michel Dramaturgia Ramón Paso Dirección Gabriel Olivares Interpretación Antonio Hortelano es Julio, César Camino es Antonio, Raúl Peña es Alejandro Compañía el reló.

 

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *