Una tortilla a las finas hierbas

Una tortilla a las finas hierbas

Era la segunda vez que me detenía en aquel pueblo para cenar.

En el valle siempre se me abría el apetito. Me atendía la misma joven de mirada despreocupada que no dejaba de sonreír mientras me decía que la cocina no cerraba en todo el día, aunque no fuera nadie. ¿Nadie?, le pregunté extrañado la primera vez. Sí…, balbuceó. Luego dijo: Hay días en que no aparece ninguna persona para comer o cenar, pero no me importa. Sé que tengo que estar preparada para lo que pudiera pasar. Qué sentido tendría un restaurante sin las puertas siempre abiertas. A mi abuelo le enseñó su padre a preparar unos bocadillos especiales para todos los que se escondían en esas montañas de ahí arriba durante la Guerra Civil. Mi abuelo le transmitió el secreto a mi padre durante los años en que se pasó tanta hambre y mi padre me lo contó a mí cuando esto se llenó de gente de la ciudad. Y yo también se lo diré a mi hijo algún día.

Unas semanas después se repitió la misma escena, y también me sirvió la especialidad de la casa, una tortilla a las finas hierbas.

sostiene

 

http://sotelojusto.blogspot.com.es/

 

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

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    Un tierno relato con pinceladas impresionistas de un paisaje, de un lugar serrano en plena provincia de Ávila, apartado, solitario y poco transitado.

    Según Wayne Booth el autor implícito es la imagen que el autor real proyecta de sí mismo en el texto, es por tanto, una realidad intratextual, elaborada por el propio lector. En este caso, el autor se hace narrador en primera persona y tal vez, da pinceladas de su historia personal y de un lugar cercano a donde él pasó su infancia (por la foto de un pueblecito del Valle del Tiétar – Ávila). El narrador forma parte de la historia que cuenta y en este relato es el propio protagonista o héroe de la historia.

    Es un relato que alude a los refugiados en la Guerra Civil Española, en recuerdo a una memoria histórica parecido al que el propio autor analiza en su famoso ensayo sobre tres novelas de otro gran escritor, Manuel Rico. En cierto modo, es un viaje y una búsqueda al pasado, a la historia de nuestro país, a la derrota y muerte de muchos españoles durante plena contienda. Conecta a través de un pasadizo interior, típico de Cortázar y Murakami, el presente relato con los años de la Guerra Civil. Estas alusiones están patentes en otras novelas del mismo autor Justo Sotelo como por ejemplo en “Entrevías mon amour”.

    En el relato se percibe una continua repetición en la conducta humana, es decir, en la que interactúan factores genéticos y ambientales. La herencia del padre sin duda, de cómo la joven que despacha en un local de un pueblo solitario debe atender al público, es fundamental. El modo y la manera de atender a los comensales es una mezcla de la herencia recibida que ella, a su vez enseñará a su hijo, y del ambiente donde lo importante es la atención a las personas que paren allí, aunque solo pase por el local a comer o a cenar un solo cliente al día. Me recuerda a lo que el propio autor Justo Sotelo opina de sus cuentos y novelas; para él, escribir ya tiene sentido por el mero hecho que una sola persona en este mundo se acerque a su texto, lo lea y por supuesto, interactúe con él en este pacto narrativo que se establece, autor-receptor o lector.

    La joven debe estar en alerta, preparada para dar de comer a los clientes lo cual denota un espíritu de supervivencia y protección de todo ser humano que necesita mantenerse y sobrevivir. En definitiva, las conductas humanas se repiten, se heredan y se aprenden y así lo plasma el autor con un lenguaje delicioso que atrapa en ese momento del relato al propio lector. Una pintura, un cuadro, una imagen…y a veces, sobran las palabras pero en este caso, las de Justo Sotelo son espléndidas y sugerentes, descriptivas de un lugar físico real que crea su propio mundo posible y una secuencia de acciones que tienen lugar entre los dos personajes de la historia.

    Mi más sincera enhorabuena al autor y a la Revista Tarántula.

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