Jimmy P. (2013), de Arnaud Desplechin

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El director francés Arnaud Desplechin, no se ponía detrás de la cámara desde 2008, año en el que dirigió Un cuento de Navidad, y lo hace con Jimmy P., la adaptación de una novela del psicoanalista George Devereux.

La historia que nos plantea Desplechin es la de Jimmy Picard, un indio Blackfoot herido en Francia durante la Segunda Guerra Mundial que sufre mareos, pérdidas de visión, de oído y fuertes dolores de cabeza. Al ex soldado, después de pasar por un examen médico riguroso y descartar que sus dolencias se deban a problemas físicos, se le diagnostica esquizofrenia y le ingresan en el hospital militar de Topeka (Kansas), un centro especializado en enfermedades mentales.  La dirección del hospital decide pedir opinión a un etnólogo y psicoanalista francés especializado en culturas indias.

La película tiene una duración de 120 minutos y cuesta a adaptarse a una narración tan clásica como hace Desplechin, pero tampoco se tarda en cogerle el ritmo. Es una película en la que se da importancia a los detalles, como debe ser, porque nos cuenta la evolución de la terapia que el psicoanalista francés realiza con el indio Jimmy Picard, por lo que el ritmo no podía ser otro que pausado.

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Benicio Del Toro es el indio “Jimmy ” en la película de Arnaud Desplechin

De entrada, no solo choca el ritmo de la película, también la atención que recibe el paciente: primero en el hospital y después en el psiquiátrico donde los responsables no se quedan con la primera opinión de esquizofrenia y hacen llegar a un psicoanalista con experiencia antropológica en razas indias. Si esto fuera cierto, sería motivo para reconciliarse con las instituciones y la humanidad por la importancia que dan al dolor de una persona que no tiene mas proyecto si sale de esta que trabajar en un astillero.

La película tiene como tema central la terapia y la importancia que tienen la dos relaciones que mantienen a tiempo distinto paciente y terapeuta con dos mujeres, con final feliz, porque el paciente se recupera y no solo hacen eso por él en el hospital sino que una vez recuperado también le ofrecen trabajo.

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Mathieu Amalric y Gina McKee en “Jimmy P”, Arnaud Desplechin

Jimmy P es un canto a la terapia al psicoanálisis y Jimmy Picard renacerá de sí mismo, pondrá luz en su oscuridad interior, comprenderá que lo que hizo es lo que mejor supo hacer cada momento y se reconciliará consigo mismo. Aceptando lo que ya no se  puede cambiar e intentará recuperar el tiempo perdido con una hija de la que nunca pudo disfrutar.

La interpretación de Benicio Del Toro y Mathieu Amalric encaja y se complementa:  Del Toro compone un  Jimmy Picard bueno e inexpresivo, y Mathieu Amalric, a su lado, modera su mímica particular, pero aún así es un buen contrapunto de hombre entusiasta y vital. El resto del reparto funciona muy bien con nombres como Larry Pine, Joseph Cross y Elya Baskin. A destacar Gina McKee, que interpreta a una delicada e inteligente amante del psicólogo.

El resultado es bueno y al final de Jimmy Pi, si nos adaptamos a la factura clásica de Desplechin, confiamos en la bondad de las instituciones y aceptamos el psicoanálisis como solución al dolor del alma. La película tiene mucho atractivo, y lo cierto es que si las cosas no son así, al salir de la sala desearíamos que lo fueran.

Jimmy P. (2013), de Arnaud Desplechin, se estrenó en España el 21 de marzo de 2014

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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