“Inevitable”, de Jorge Algora

“Inevitable”, de Jorge Algora

Inevitable_cartel_cartelera_MCA veces se producen encuentros que nos dejan fuera de juego, momentáneamente, y podemos tildarlos de “inevitables”. Los desencuentros siempre son otra cosa y, ya que solemos condenarlos al olvido, cuando no a la aflicción, como mucho son “improbables”.

También podemos decir de algunos de ellos, que son “impagables”. “Inevitable”, el film dirigido por Jorge Algora no es impagable. A pesar de que el dinero tenga mucho que ver con este y su desarrollo. No en vano el protagonista, Fabián, interpretado por Darío Grandinetti, es banquero de profesión. Y también de destino, se podría decir, pero en ello juega mucho la cara y la cruz de una moneda…

“Inevitable”, a pesar de estar dirigida por un español, sigue la estela de mucho del cine argentino de los últimos veinte años y busca ser cristalina y consecuente, no como una cadena de montaje, sino como un mecanismo de relojería. Desgraciadamente se acaba asemejando más a una cadena de montaje.

El encuentro que en esta película sería el inevitable, no es tanto el amoroso, estamos ante una historia de amor de arrebato muy porteño, siguiendo a los clásicos, sino el de la cita a ciegas, jugando con el título de la obra teatral de Mario Diament en que se basa, literalmente una cita a ciegas porque se establece con un ciego.

El escritor ciego, interpretado por Federico Luppi, es la clave de bóveda de esta cinta neoclásica como el estilo arquitectónico preferido de parte del XIX argentino, siglo de los próceres constructores de la patria y de la infraestructura básica.

Las citas a ciegas encadenadas que se establecen a lo largo de la película generarán los encuentros y desencuentros, más o menos disfuncionales que se nos ofrecen a sus espectadores. ¿Se trata quizá de que la obra, el guión muñido por el orfebre ciego tiene deficiencias insalvables?

Anatema…dirán los que vean en este escritor ciego el trasunto de Borges. Bueno, no tenemos por qué hurgar en las supuestas debilidades y carencias de los Olímpicos, permanezcamos en un plano más habitable y más humano que es el del guión de la película.

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“Inevitable”, de Jorge Algora

Desgraciadamente, no conozco la obra teatral que da origen al artefacto que tenemos entre manos, pero el hecho de que su autor figure entre el trío co-guionista me hace pensar que la adaptación debe seguir bastante fielmente al modelo.

“Inevitable” se plantea abiertamente como una historia lógica, quiero decir cabalmente como una hipótesis o teorema del que se van deduciendo sucesivas consecuencias hasta un desenlace que, al modo del modelo hipotético-deductivo, cierre y ascienda nuevamente a la hipótesis inicial de forma brillante, o cuando menos “cristalina”.

Pero la cosa se tuerce y, como en una cadena de montaje, lo que se obtiene es un producto final, cuando lo que se requeriría es haber obtenido un constructo, hablando en términos de la lógica formal.

Para mi gusto, el cierre de la película da al traste con todo lo que el director se había esforzado empeñosamente en armar. Y trabajo le había costado.

Desempeñan honorablemente sus papeles Antonella Costa, en el rol de Alicia, la amante de ida y vuelta de Fabián, Carolina Peleritti, que encarna a la esposa y madre del protagonista y Mabel Rivera.

Darío Grandinetti parece haber sellado un pacto con el diablo, concediéndole eterna juventud, eso disculpa la leve estolidez de su actuación siempre en busca del menor juego muscular posible.

Y Federico Luppi, que no puede jugar con la mirada, ciego, otorga el peso aleve de la mantis religiosa a su labor como El Escritor.

Inevitable (2013), de Jorge Algora se presentó en la sección oficial de la última edición del Festival de Cine de Málaga y se ha estrenado en las salas el 11 de abril de 2014.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

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