“Ifi Genia” Una creación de La Petite Mort

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Neus Llamas es “Ifi Genia” de Celia Sánchez y Neus Llamas dirección de Abel Ferris con Neus Llamas para La Petite Mort.
Entre Ifigenia e Ifi Genia: la dignidad sin compasión

El panorama desolador del barrio límite no es una postal pintoresca de la decadencia. No está en las señoras que toman el té en tazas de porcelana envueltas en pieles. La verdadera decadencia es esa patada seca que te da la vida cuando naces en determinados sitios y en determinadas condiciones. Cuando sabes, desde el principio, que fuiste solo otra boca más que alimentar. La pobreza no es indigna; lo verdaderamente indignante es que todos los signos que te rodean —sociales, familiares, institucionales— te devuelvan rechazo. Entonces, en cuanto la naturaleza realiza su trabajo y florecen unos pechos una curvas y unas nalgas, lo usas como un potencial que no lo es: se convierte en el gozo para otros, pero al menos así alguien te mira, alguien te presta atención.

Ahí habita Ifi. En un espacio que no es exactamente un barrio, sino un margen: naves abandonadas, vertederos, viviendas que no merecen ese nombre. Vive como puede por intentar vivir como quiere, aunque ninguna estructura afectiva, económica o social le permita realmente sostener ese deseo. Su vitalidad es una forma desesperada de resistencia: se mete todo lo que encuentra, se deja arrastrar por relaciones donde el único que vuelve satisfecho es siempre el chico, y oscila entre el frenesí y la intemperie emocional. Su carácter puede asustar porque está hecho de heridas, porque responde desde una vulnerabilidad extrema que no se protege con reserva, sino con exceso. Ifi encarna a tantas personas que, con un mínimo de apoyo afectivo, no estarían ahí, en ese borde donde los derechos y las expectativas se desdibujan.

Ese equilibrio tan difícil -entre la herida y la fuerza, entre la crudeza y la risa- solo es posible gracias a un trabajo creador de una precisión admirable. La dramaturgia de Neus Llamas y Celia Sánchez, junto a la dirección de Abel Ferris y la interpretación de la propia Neus Llamas, sostienen la obra siempre en alto, sin permitir que caiga ni en la sordidez estética ni en la trampa de la emoción fácil.

El drama está contado con una vitalidad feroz y grandes dosis de humor, y en eso reside una de las decisiones éticas más potentes del montaje: Ifi no despierta compasión, despierta indignación. No provoca lástima, provoca conciencia. Al principio, al margen de su físico, casi nadie querría llevársela a casa; pero a lo largo de la pieza no se construye un personaje para la ternura, sino para el choque. El público no sale con pena por ella, sale con rabia por la situación que se produce.

La experiencia vital de Ifi se narra de forma desnuda, sin caridad, sin edulcorantes, sin esa pátina de “pobrecita” que solo sirve para tranquilizar conciencias. Aquí no se pide compasión porque la compasión no resuelve nada. Lo único que podría transformar algo es la justicia.

Ifi Genia no es un perro abandonado para activar ternura. Ifi Genia es soberbia, porque la soberbia es su último escudo de dignidad. Y se ríe de sí misma por pura salud mental. Ese tono —duro, vital, irónico— es un acierto absoluto: permite que el mensaje llegue entero, sin quebrarse, sin anestesia.

Y sin embargo, en medio de ese paisaje de supervivencia, ocurre algo que no estaba previsto: cuando se le ofrece una indemnización económica procedente de la Seguridad Social —una cantidad que para ella podría significar un respiro material real, una posibilidad mínima de estabilidad—, Ifi elige no quedársela. Prefiere creer que ese dinero, que nace de lo público, puede servir para paliar carencias sociales, para aliviar a otros que están tan mal como ella o peor.

Ese gesto no encaja con ningún estereotipo. No es el de la poligonera chula. Tampoco el de la víctima. Ni siquiera el de quien ha renunciado a esperar nada. Es un acto que rompe la lógica de la precariedad, que interrumpe la cadena del “sálvese quien pueda”. No responde al sistema: lo descoloca. Precisamente porque no devuelve el dinero a un poder abstracto, sino que lo reintegra —al menos simbólicamente— al lugar del que procede: lo común.

El propio título, Ifi Genia, establece desde el inicio un vínculo soterrado con Ifigenia, la figura trágica que Eurípides convirtió en emblema de virtud. El paralelo no pretende ennoblecer artificialmente a una joven contemporánea, sino iluminar una verdad más incómoda: que la dignidad puede brotar precisamente allí donde la vida parece apenas un resto, un borde deshilachado del tejido social.

Ifigenia comprende que su muerte permitirá que la flota griega parta hacia Troya. Condenada a ser sacrificada, transforma esa imposición brutal en una afirmación moral. No obedece: se apropia de su destino. Su gesto sostiene un orden que la trasciende, pero al mismo tiempo desnuda la violencia del poder que la necesita. Ifi, desde un mundo que parece su contrario absoluto, realiza una operación íntimamente parecida: situada como un resto, como una vida que apenas cuenta, toma una decisión que la convierte en sujeto ético.

Una sacrifica la vida. La otra sacrifica la posibilidad de salir de la precariedad toral.

Ahí está el punto exacto donde se encuentran. No en la tragedia, sino en la elección. Las dos renuncian a algo que podría salvarlas individualmente para sostener algo que las trasciende. Por eso ninguna pide piedad. Por eso ninguna es un personaje “tierno”. Por eso las dos incomodan.

Ifigenia no muere para que sintamos pena, sino para desnudar la violencia del poder.

Ifi no se expone para enternecernos, sino para revelar la violencia de una sociedad que produce cuerpos sobrantes y luego se escandaliza de su fiereza.

Y por eso la obra no baja nunca: vuela. Como una cometa que solo se mantiene en el aire si alguien sabe cuándo soltar hilo y cuándo tensarlo. Aquí se tensa la realidad hasta doler, pero se le suelta justo lo suficiente para que la dignidad -contra todo pronóstico- se eleve.

IFI GENIA es un trabajo compacto de texto dirección e interpretación, pero estoy seguro que si no estuviera Neus Llamas en el escenario la obra seria otra. Foto ©Abel Ferris ©CeliaSánchez

IFI GENIA, está programada los viernes de noviembre y diciembre en El Umbral de Primavera, Lavapiés, Madrid. Más información AQUÍ.

Dirección: Abel Ferris Interpretación: Neus Llamas Dramaturgia: Neus Llamas y Celia Sánchez Diseño de Escenografía: Celia Sánchez Diseño de Vestuario y caracterización: Celia Sánchez Diseño espacio sonoro y videoescena: Abel Ferris Diseño de Iluminación: Pastorius Fotografía: Abel Ferris y Celia Sánchez Producción: La Petite Mort

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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