Homefront. El protector, de Gary Fleder

Homefront. El protector, de Gary Fleder

La carrera cinematográfica de Gary Fleder, quien ha desarrollado parte de su trayectoria en el mundo de la televisión, tiene una serie de elementos que, sin llegar a ser rasgos distintivos de autoría, confluyen en forma y contenido final en tanto en cuanto al estilo narrativo. Deudor de ese subgénero que per se merece distinción propia como lo es el thriller cosechado durante los noventa, al que el propio director aportó sendos films como Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto (1995) y El Coleccionista de Amantes (1997), Fleder vuelve a revisitar el género con un guion escrito por Sylvester Stallone (también productor) y, por ende, pasado por un filtro inoculador de escenas de acción para la gloria y deleite de Jason Statham, el tipo duro por excelencia de este siglo XXI.

Con un prólogo que bien podría ser un cruce entre Sons of Anarchy y Breaking Bad, la historia nos traslada hasta una pequeña localidad del sur de los Estados Unidos, donde Phil Broker (Statham), un ex agente de la DEA (Drug Enforcement Administration) decide mudarse con su hija Maddy (Izabela Vidovic). Lo que empieza con una trifulca escolar entre los Broker y los Bodine, acaba degenerando en una vendetta familiar en la que se verá inmiscuido Morgan ‘Gator’ Bodine (James Franco), cocinero y suministrador de metanfetamina en todo el territorio que verá en Broker la amenaza a su negocio en auge.

Kate-Bosworth y James Franco en "Homefront" de 2013

Kate-Bosworth y James Franco en “Homefront”

Rednecks adictos al cristal, paletos con muy mala baba y Statham repartiendo hostias a diestro y siniestro, demostrando que con los tipos duros no se juega. Y es que Homefront. El protector es eso, una película de tipos duros repartiendo leña, con malos más malos que el malo en cuestión (un desaprovechado Frank Grillo), con la figura del antagonista cobarde y pérfido de manual personificado en un James Franco en una versión edulcorada y pusilánime del brillante Alien de Spring Breakers (Harmony Korine, 2012) y con Winona Ryder ejerciendo de femme fatale en horas bajas. Junto a Ryder, Kate Bosworth está sublime como la demacrada y yonki madre de familia iniciadora del conflicto, el cual servirá de detonante para la exposición de todos los tópicos del cine de acción.

Tan entretenida como olvidable, se agradace la falta de pretensiones de una historia que, sin querer ser más de lo que es, cumple con los requisitos básicos del cine de tipos duros, neowestern que dirían algunos.

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