Hannah Arendt, de Margarette von Trotta

Hannah Arendt, de Margarette von Trotta

¿Puede una filósofa “clásica” estudiar e interpretar el genocidio nazi sin intentar hacer filosofía, si además es una persona como Hannah Arendt, alemana y judía, que tuvo que emigrar a Estados Unidos, vivir como apátrida durante un tiempo y no poder olvidar que era la primera discípula de Martin Heidegger, que había escrito una tesis doctoral sobre san Agustín y un ensayo esencial sobre los orígenes del totalitarismo?

Esa es la pregunta a la que intenta responder la espléndida película de Margarette von Trotta a cuenta del juicio del criminal nazi Adolf Eichmann. Entre los meses de abril y junio del año 1961, Hannah Arendt asistió en Jerusalén al proceso contra Eichmann, enviada por la revista The New Yorker. Su presencia en el juicio dio lugar a una serie de polémicos artículos, así como al libro “Eichmann en Jerusalén” (1963), subtitulado “Un informe sobre la banalidad del mal”. Eichmann había sido detenido un año antes en Argentina por el servicio secreto israelí. Las primeras reacciones a los artículos de Arendt fueron muy duras, e incluso estuvieron a punto de apartarla de sus clases. Los insultos se sucedieron contra ella. La sociedad de la época no podía entender cómo Arendt no criticaba claramente el comportamiento de Eichmann, y por extensión a todo el régimen nazi.

Una imagen de la polémica filósofa Hannah Arendt

La película aborda, de forma complementaria, la relación de Arendt con su marido, con la escritora Mary McCarthy, el pensador Hans Jonas y su maestro, Martin Heidegger, sin olvidar su relación de amor-odio con el director y portavoz del movimiento sionista alemán, Kurt Blumenfeld. Una convincente Bárbara Sukowa (actriz fetiche para la veterana directora alemana) no deja de reflexionar, fumar, dar clase y mostrar un amor sincero por su marido. Las escenas en que parece que duerme -pero no hace otra cosa que reflexionar- son auténticas y reveladoras de su complejo y profundo mundo interior. Los momentos en que está en clase con sus alumnos también se encuentran entre las bazas del film, así como algunas charlas con sus amigos.

Barbara Sukowa da vida Hannah Arendt en la película de Margarette von Trotta

Barbara Sukowa da vida Hannah Arendt en la película de Margarette von Trotta

La reflexión sobre la naturaleza del mal a partir del caso de Eichmann se centra en la idea de que existen muchos como él, “un ser humano terroríficamente normal”, como dirá Arendt a mitad de la película, mientras recuerda su profundo amor por Heidegger así como su tristeza por el comportamiento del filósofo con el nazismo. La escena en que Heidegger esconde su cabeza en las piernas de ella es difícil de olvidar. El bien y el mal son valores que se aplican a las relaciones entre los seres humanos, y por extensión al resto de seres vivos. ¿Existe el bien? ¿Existe el mal? ¿Existen una serie de relaciones humanas saturadas en mayor o menor grado de la posibilidad de permanecer en su ser, o simplemente somos animales morales por más que nos hayamos familiarizado con el nihilismo?

La última escena de la película, donde Hannah Arendt se explica ante sus alumnos, vale por decenas de películas atrapadas por la idea del videojuego y otras bobadas similares. Cuando el cine tiene cosas que decir, y las dice bien, entonces se reinventa a sí mismo y te dan ganas de volver a esas salas oscuras que guardan miles de preguntas para quien busque respuestas.

 

Hannah Arendt (2012), de Margaretha von Trotta, se estrenó en España el 21 de junio de 2013.

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

3 comments

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    Revelador y edificante artículo de Justo Sotelo, que nos sitúa ante la inmanencia del mal en las sociedades de masas, cuando se inaugura la industrial del mal, de la muerte, en los años 30 europeos. Señala el articulista que se revela “la banalidad del mal” al tiempo que la película de Margarette von Trotta nos muestra la relación de Arendt con su mundo más próximo, cargado, éste sí, de afectividad propia de las relaciones humanas. Porque lo que había aparecido, había nacido al mundo con el genocidio, los genocidios del siglo, era la radical eliminación de toda trascendencia en la moral puesta en juego por los nazis, su pérdida de peso espiritual y racional, para situarse al pie de los caballos desbocados de la guerra y el horror, carente de humanidad. Debe ser pues, la propia vida de la filósofa, dando clase, reflexionando, charlando, la que ponga las cosas de nuevo en su sitio. Como señala Justo Sotelo, la escena en que Heidegger esconde la cabeza entre las piernas de ella es difícil de olvidar. Termina el articulista, por elevación, volviendo al presente y al futuro que se esconden en esa película, urdimbre de “miles de preguntas para quien busque respuestas”.

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  • Justo Sotelo

    Agradezco, José Zurriaga que aludas a la escena entre Arendt y Heidegger. Cuando ella le pregunta por qué escribió aquel discurso como rector, el gran filósofo duda, y casi viene a decir que es un adolescente que también tiene derecho a equivocarse. En fin, sólo se equivoca el que vive.

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