¡¡God Save The Kinks!!

¡¡God Save The Kinks!!

Pequeño homenaje a lo que ha sido una de las visitas más esperadas de los últimos años en nuestro país. Ray Davies, por extensión The Kinks, dejó huella en sus dos visitas a España el pasado Julio de 2014

Lo reconozco. Con los Kinks llegué tarde. Cuando digo tarde es tarde. Nunca me lo perdonaré. Haber empezado a fijarme en la música con diez añitos y no prestar atención a “Muswell Hill” hasta los 25 me da vergüenza. Los dejé de lado. Cuando digo tarde significa que nunca fuí en busca de ese vinilo, ese que ahora formaría parte de mi “Top ten” de coleccionista; que rechacé incluso ir a verlos en directo.

Pero primero hay que ponerse en situación. Por supuesto que “Lola” y “You Really got me” formaban parte de mis míticas casettes “Variety”. Todo tiene una recompensa. Al igual que vosotros, “plastas musicales”, todos hemos pasado por épocas de las que, o bien nos arrepentimos (reconozco poseer el doble vinilo LP de WHAM), o con el tiempo sabemos valorar (quién no se acuerda de Fine Young Cannibals, Black, Crash Test Dummies, Counting Crowes, Texas…) . Eso me pasó a mí con los hermanos Davies. Los descubrí en plenos 80 ́s con el video de “Come Dancing” de la MTV, cuando programar un video requería a un técnico de la NASA. Creo que la adolescencia para la música es un momento clave. Harto estoy de leer en las biografías de grupos y músicos lo mucho que les influenció lo que se escuchaba en casa gracias a sus padres; o recordar las canciones que su madre les cantaba. Considero que una buena colección de discos “caseros” dice mucho de lo que una persona puede llegar a ser. Por supuesto que en la pubertad cabe sitio para todo: ligar, jugar, beber o drogarse entre otras cosas, pero en el caso de la música, si sentías esa inquietud o pellizco por investigar, algo te decía que eras distinto a los demás. ¿Quién no tiene amigos a los que la música (estilos aparte) les suda la punta de la…. nariz?.

Yo empecé con el funky. Earth, Wind & Fire y Kool & The Gang copaban mi carpeta de niñato. Además tenía a mi hermano mayor rodeado de sus amigotes Rockabillys, con lo cual a muy pronta edad ya era casi un experto en géneros y grupos dispares desde los 50 hasta los 70 (Chuck Berry y el do-woop me hicieron mayor antes de tiempo).

Pero parece mentira lo que puede hacer un amigo de la infancia. Un gesto, una mirada, un disco prestado….. Inevitable que mi periplo de los negritos con hombreras a Stones y Beatles y Doors era cuestión de tiempo. Se puede decir que mi amigo Gerardo me cambió la vida (aún recuerdo cuando se compró el “London Years” de los Rolling (esas cajas en formato LP que contenían cds valiosos como monedas del siglo XIV) y lo escuchamos durante un fin de semana entero, sin pausas, en la piscina de su casa. O el “Alive She Cried” de Doors, cuyo vinilo se abría en formato triple.

Pero “Village Green Preservation Society” cambió mi concepto de lo que son las canciones, sobre todo en el aspecto de la pronunciación. Enseguida me dí cuenta, sin saber inglés, que estos tíos lo bordaban, haciendo obras maestras del rock, punk, folk, soul, skiffle, jazz, blues, music hall… mezclando estrofas y acordes con asombrosa facilidad, haciendo de cada canción una “poesía musical” que hasta hoy no he sido capaz de reconocer en otros grupos. Después llegarían los Creedence. Pero aquí estamos para hablar de los Kinks.

Después de la visita española de Ray Davies, en una semana dos conciertos, en Cartagena y San Sebastián, uno no puede hacer más que reafirmarse en esa frase ¿anónima? que todo buen redactor se encarga de plasmar en sus crónicas: ¿Tú de qué eres, de Rolling o Beatles:?. ¡¡Yo soy de los Kinks!!. Por dignidad y respeto, llegué tarde para incluirme entre los “Kinkmaníacos”, pero me satisface haber hecho los deberes y recuperar lo que en su día no supe valorar (es como el que se apunta al acceso a la universidad de mayores de 40 años).

Pero lo que siempre me ha llamado la atención es la voz. Ray Davies tiene la voz más… Y como venía comentando por allí arriba, llegué tarde. Pero esta vez, en pleno 2014, no fue por mi culpa. La tuvo mi jefe. Planeado con mi gran amigo Martín (me regaló, descaradamente, toda la discografía de los Kinks en unos bellos “cedeses”, espléndidamente bajados en tiempos en que podría haberse considerado delito), nativo de Bilbao, entrada y alojamiento incluido, y cuando se presentaba mi oportunidad de cumplir una “promesa musical”, llegaron las noticias laborales; esas que todos sufrimos a diario. El famoso cambio de turno. Como sé que mi jefe no va a leer ésto, me complace dejar por escrito haberle llamado ignorante; cuando me intentó comparar este trabajo indigno nuestro con poder ver a un señor como Ray Davies. Es por eso que llegué tarde. Pero os aseguro que siempre seré de los Kinks.

Autor

Oky Aguirre
De padre periodista, la fascinación por la prensa escrita ha sido constante durante toda su vida. Recién cumplida la mayoría de edad comenzó a trabajar en el diario MARCA como redactor, labor que realizó durante cinco años, lo que le permitió conocer los entresijos de la prensa y el mundo editorial. Hablando de música aporta frescura, polémica y opinión, siguiendo las pautas de maestros como Diego A. Manrique, Javier Marías, Millás o Haro Tecglen.

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