Fray Luis de León y el humanismo

Fray Luis de León y el humanismo

En enero de 1991 Joseph Pérez pronunció en la Residencia de Estudiantes cuatro lecciones con motivo del IV centenario de la muerte de fray Luis de León (Belmonte, Cuenca 1527- Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1591). Publicadas en 1994 bajo el nombre “El humanismo de Fray Luis de León” por el CSIC, Gadir Editorial las reedita con un cambio mínimo en la introducción y el título: Fray Luis de León y el humanismo (Gadir, 2013; 127 páginas, 12 euros).

Está fuera de toda duda que fray Luis de León es uno de los mayores poetas en castellano. Su obra poética es estudiada y comentada, y ha sido objeto de numerosas ediciones críticas. La “Canción a la vida solitaria” o “Vida retirada”, inspirada en el Epodo II de Horacio (Beatus ille), supone una cumbre de la literatura, por la perfección de la lira y la adaptación del clásico latino; los primeros versos han pasado a la historia: Qué descansada vida/ la del que huye del mundanal ruido/ y sigue la escondida/ senda, por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido”.

Tampoco se puede dudar de su importancia para la traducción y la teología. Traductor de Horacio, Píndaro, Eurípides, Virgilio y Séneca, y autor de versiones de Petrarca o Bembo, es un intelectual renacentista, interesado por los clásicos grecolatinos y que busca elevar el castellano a lengua científica y/o de cultura (como señala Pérez, la distinción para un humanista como fray Luis ni siquiera tiene sentido). En este sentido, su Explicación del Cantar de los Cantares de Salomón, originalmente en castellano pero publicada en latín en 1580, traducción literal del hebreo y exégesis del poema bíblico, le procuró el enfrentamiento con la Inquisición, que lo confinó en las cárceles del Santo Oficio de Valladolid entre marzo de 1572 y diciembre de 1576, habida cuenta de las sospechas sobre su ascendencia judeoconversa y de que el Concilio de Trento había prohibido la traducción de la Biblia Vulgata.

Pero, como destaca el propio Joseph Pérez, “a fray Luis se le conoce ante todo y con razón como poeta” -y prosigue: “No estoy muy seguro de que su prosa sea hoy muy conocida fuera del círculo de los especialistas, con alguna que otra excepción”. Si nos fijamos en su recepción, no sorprende lo dicho: sólo contados intelectuales, entre los que se cuentan Francisco de Quevedo y Gregorio Mayans y Siscar, se han fijado en el conjunto de su obra; hoy en día podemos citar a Víctor García de la Concha, José Jiménez Lozano o Marcel Bataillon.

Estas lecciones (La modernidad, Guerra y paz, Humanismo y religión y El humanismo de fray Luis de León) de Joseph Pérez intentan poner de relieve y rescatar la faceta más desconocida del autor conquense, que podríamos calificar como filosófico- política. Sin olvidar la impronta cristiana en su obra -fray Luis fue fraile agustino, catedrático de Teología y biblista y hebraísta reconocido- Pérez expone las influencias de fray Luis desde la literatura pastoril hasta san Agustín, su contexto y su relevancia histórica: Francisco de Vitoria y Teresa de Jesús, a quienes admiró el maestro agustino, pero también Spinoza y Kant, sostienen, según Pérez, tesis formuladas o reformuladas por fray Luis en De los nombres de Cristo o la Exposición del Cantar de los Cantares.

En la línea de Bataillon, que le dedicara unas páginas de su tesis doctoral Erasmo y España, que hoy es ya un manual clásico de la historia de la filosofía, Pérez nos presenta a fray Luis como un pensador humanista, moderno, que en sus escritos filológicos y teológicos habla también, tácitamente, de su época:

En un comentario en latín sobre el Cantar de los cantares, publicado en 1580, examina la controvertida cuestión de si se debe emplear la fuerza para convertir a los infieles y contesta que no. Da de la famosa frase del Evangelio “Compelle intrare” (“Oblígales a entrar”) una interpretación espiritual […] la fe es un acto libre de la voluntad; en este comentario, censura fray Luis precisamente los métodos con los que se ha llevado a cabo en América la conversión de muchos indios. Otra vez nos encontramos con la idea de que el Estado no debe entrometerse en lo que no le incumbe (pág.73).

Al margen del citado comentario al Cantar de los Cantares, la Exposición del Libro de Job y La perfecta casada, el texto clave para Pérez es De los nombres de Cristo.

El mismo título sugiere que se trata de un libro de doctrina religiosa, lo cual es cierto, con escasa relación con los problemas que aquejan al mundo moderno y al hombre contemporáneo, y ahí está la equivocación. […] Es un libro de teología, si se quiere, pero de teología aplicada, para enseñar cómo la doctrina católica, bien entendida, puede ayudar a los hombres a resolver las dudas que les presenta el mundo en que les toca vivir (pp.8-9).

Esta diálogo supone un hito ascético y neoplatónico, homenaje al Pseudo-Dionisio Areopagita (a quien se atribuye el tratado De los nombres divinos), y defensa de una espiritualidad interior y tolerante que recuerda a san Agustín, Erasmo de Rotterdam, incluso a Kant. Pérez muestra cómo la descripción de los nombres de Cristo (Pimpollo, Fazes de Dios, Camino, Pastor, Monte, Padre del siglo futuro, Brazo de Dios, Rey de Dios, Príncipe de paz, Esposo, Hijo de Dios, Cordero, Amado y Jesús) sirve a fray Luis de excusa para introducir problemas metafísicos y políticos de primer orden.

Para un lector no experto en fray Luis es destacable que Gadir haya respetado las largas citas que introduce Pérez en el cuerpo del texto para ejemplificar y hacer lo más claras posibles sus tesis. La vida pastoril y el papel de Cristo como Pastor se relacionan con la crítica de la Modernidad, en tanto que “arte” (artificio) y alejada de la verdad, y con la unidad, tema predilecto del neoplatonismo, que articula la conexión entre vida pastoril (presentada aquí como el estado de naturaleza) y teoría del Estado. Se trata precisamente “de la autoridad que posee el pastor, una autoridad que no procede por mandamientos y prohibiciones, sino que procura el bien de los súbditos; una autoridad que no establece leyes universales y abstractas, sino que tiene siempre en cuenta cada situación concreta […] una autoridad, por fin, que procura unir y no excluir a nadie”.

El pensamiento político de fray Luis aparece expuesto con pasión, y lo único que cabe lamentar, en este sentido, es la ausencia de un aparato crítico mayor. En cualquier caso, resulta gratificante, en tiempos como los actuales, encontrar a un autor tolerante en materia de religión (defensor de una suerte de “religión racional”) y eminentemente racional en cuanto a política se refiere, arraigado en las tradiciones estoica y de Aristóteles y en la escuela jurídica de Vitoria:

La primera manera de paz implica la sumisión del hombre a Dios y a sus mandamientos; la segunda, la sumisión a la razón y el dominio de sí mismo; la tercera, la justicia: “dar su derecho a todos cada uno, y recibir cada uno de todos aquello que le debe sin pleito ni contienda” (De los nombres de Cristo, pág.409, ed. Cristóbal Cuevas, Madrid, Cátedra, 1977) (pág.11)

Joseph Pérez recorre, en definitiva, a lo largo de las 127 páginas de este Fray Luis de León y el humanismo, un pensamiento, el de fray Luis, que necesita ser reivindicado no sólo por su impulso de la lengua castellana, sino también por la modernidad de su postura política. Un alegato en favor de la paz que se expresa en citas -recogidas muy acertadamente por Pérez- tan contundentes como “¿Tan grande valentía es dar muerte a los mortales y derrocar los alcázares que ellos de suyo se caen?” y una apuesta por una interioridad o subjetividad racional y espiritual antes que viciada, belicosa e infeliz: si la felicidad proviene, para fray Luis, exclusivamente de la paz, es porque “el tener uno paz consigo es principio certísimo para tenerla con todos los otros”. Como Spinoza, fray Luis propone que esta paz y aquella felicidad tengan “su asiento en nosotros” y no en causas exteriores.

La lectura de estas lecciones anima, sin duda, a abordar la obra de fray Luis de León, pero también ayuda -casi obliga- a pensar un modelo político que preserve la unidad sin dejar de ser racional y tolerante, ya sea ante guerras de religión y persecución, como en el siglo XVI, cuando escribe fray Luis en prisión De los nombres de Cristo, ya sea ante una crisis moral, política y económica como la actual.

Fray Luis de León y el humanismo, Joseph Pérez, Gadir, 2013.


Autor

Federico Ocaña
He publicado Desprendimientos (Amargord, 2011). Mis poemas han aparecido en La sombra del membrillo, Cuadernos del matemático, Heterogénea, Sol negro, etc. y en Ochenta & 3 (antología en prensa, coord. Hipólito García “Bolo”). He ofrecido recitales en Expoesía de Soria, La Noche en Blanco, universidades, bibliotecas y centros culturales y colaborado como músico con Mª del Mar Ocaña en Almendra (Amargord, 2010), de Luis Luna y Lourdes de Abajo -ilustraciones de Juan Carlos Mestre y pórtico de Antonio Gamoneda, y como artista visual en “Equivocación” (2012) con Irene Tourné. Con Arantxa Romero, Pablo Álvarez e Irene Tourné he fundado el grupo Fractal. Soy Licenciado en Filosofía, Máster en Pensamiento español e iberoamericano (UCM) y ultimo el Grado de Lenguas modernas.

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