ENTRE LA MUERTE Y LO HILARANTE, DAMAS ASESINAS

ENTRE LA MUERTE Y LO HILARANTE, DAMAS ASESINAS

Si hay un primer paso (tal vez una infancia difícil, unos padres maltratadores, o en caso contrario,  una niñez afable y fácil) que determina la dirección del destino, Damas asesinas se decide a dar ese primer paso dos veces, con un pie a Lucifer y otro a Dios, por un lado la maldad más pérfida y perversa  del universo, por otro  la quimera del Juicio Final. Normalmente la hoguera, la horca o la silla eléctrica. En este libro, el segundo acto es una radiografía del primero.

 

Damas asesinas tiene esa cualidad que defienden todos los lectores de novela negra escandinava. Engancha. Bastaría un paréntesis demasiado largo en su lectura para sufrir la vehemencia de volver al asesinato.  Un crimen que a menudo lleva consigo una autoría patológica y morbosa, ¿en qué medida nos cruzamos cada día por la calle con personas capaces de despóticos sadismos y que envenenarían a nuestros perros y nuestros hijos? Tori Telfer se sienta a investigar, y de aperitivo nos cuenta el caso de la Condesa Sangrienta.  Ya de niña se flipaba viendo como cosían a un hombre dentro del estómago de un caballo. La cosa prometía. El libro se inicia de manera extremadamente sádica, con las torturas de Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta, a sus sirvientas. Amputaciones de dedos, canibalismo, desgarros de piel, latigazos.  Para ponernos en situación.

 

Los espeluznantes casos de Damas asesinas parecen sostener algún tipo de enseñanza sobre la condición humana, y resulta paradójico que se pase bien leyendo libro, cuando a lo mejor había que pasarlo fatal. En este libro vamos a muerto por página, cuando no son cuatro o cinco. Lizzie Halliday, valga el paradigma. Pero se pasa bien, justo porque estamos vivos y confortables en nuestro salón con la calefacción y en el libro hay demencia, muerte, crueldad y mucho, muchísimo frío. Qué maravilla.  Los libros de criminales (y los juicios penales) por tanto, fueron una cosa muy buena en el siglo XIX para entretener a la burguesía. Evidentemente igual que ahora.

 

Siguiendo con la actualidad, estos escalofriantes relatos, de dimensiones tan trágicas que casi son épicas (aquí  nadie tiene fin, son insaciables) para los criminales, nos producen sacudidas relacionadas con nuestros titulares actuales. Igual que el mundo nunca ha estado a salvo de las crisis económicas, políticas,  de la xenofobia, los nacionalismos y los delirios patológicos que descienden a los infiernos, matar tampoco ha pasado nunca de moda. Se mata a sangre fría, por motivación económica, codicia, locura, celos, poder. Sin contemplaciones.

La mayoría de las mujeres de Damas asesinas fueron detenidas, juzgadas, incluso torturadas y posteriormente ejecutadas. Mujeres que no necesariamente mataron por arrebato de furia o defensa propia,  sino que existe la maldad como condición humana tanto en mujeres como en hombres. Pérfidas, diabólicas y malvadas por propia elección, no necesariamente porque alguna criatura les toque los ovarios, que también.

 

«Son salvajes, impredecibles, grandiosos, en absoluto conscientes de sí mismos, y, como tales, se prestan a algún que otro toque de humor o sarcasmo»

 

Tan dementes y asesinas que se establece una especie de disociación entre la más absoluta de las tragedias y lo cómico, como si lo hilarante viniera deriva de una maldad tan atroz que pareciera una farsa. A fin de cuentas matar es una estupidez, pero qué entretenidos son los asesinatos para las sobremesas, y qué divertido es leer Damas asesinas.

 

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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