En una tienda de Zara

En una tienda de Zara

Se conocieron el último año de Facultad, y se prometieron amor eterno.

Una tarde decidieron entrar en una tienda de Zara y probarse unos vaqueros mientras se decían por el móvil cómo les quedaban a cada uno. Desde que encontraron trabajo en países tan alejados, el móvil se había convertido en parte de sus brazos y sus piernas, en una especie de espejo que lo reflejaba todo, quizá el último refugio donde expresar ese amor que los desbordaba y les hacía personas diferentes. Había mucha gente en cada planta, pero ellos únicamente querían pasar la tarde y buscarse. Envíame una foto si puedes, le dijo ella con una risa abierta y sincera, quiero ver si son como los que te regalé la otra vez en Madrid y te hacían un cuerpo tan bonito. Luego me envías tú otra a mí, le dijo él siguiéndole el juego. Se lo dijeron frente al espejo del probador, que no estaba allí solo para reflejar la ropa que se probaba todo el mundo.

De pronto se apagó la luz, y ellos aparecieron en el mismo probador. Tras la sorpresa inicial se buscaron los vaqueros y se besaron con unos besos que no se habían dado nunca.

Y volvió a irse la luz.

http://sotelojusto.blogspot.com.es/

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

2 comments

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    Delicioso y entrañable relato de Justo Sotelo en donde varias escenas se suceden a través del tiempo y se conectan por medio de pasadizos textuales, los mismos que utiliza Murakami en la mayoría de sus novelas. Es decir, una realidad ficticia que el propio autor del relato describió ya en su tesis doctoral sobre Los mundos posibles en las novelas de Haruki Murakami. Se vincula este relato implícitamente por tanto a otros que el propio autor ya había escrito, hay alusiones a su tesis y su teoría por medio de la intertextualidad. Los pasadizos se deben al propio Cortázar en los que, en un momento dado el hombre deja de ser él mismo y traspasa unos receptáculos incomunicantes, es decir, en este relato el ser humano deja de ser un individuo y por tanto, el ”yo” de un personaje se comunica con el del otro (hombre o mujer), a través de mensajes de móvil. Hoy en día la comunicación de los seres humanos se ha difuminado y ha cambiado la forma de manifestarse gracias a los avances de la tecnología por medio de las redes sociales y la telefonía móvil. EL discurso narrativo en 3º persona trascurre de la misma forma que los relatos de Cortázar en donde el realismo fantástico y mágico se da por excelencia. El traspaso de realidades es el pozo para Murakami y pasadizo en los tres autores de la ficción (incluyendo a Justo).

    El juego de los espejos donde reflejar su imagen corporal (a través de los vaqueros) y transmitir las impresiones de la realidad tal y cómo la ven y la perciben cada uno de los dos personajes enamorados es un símil la percepción de uno mismo ante los demás; algo parecido a lo que Antonio Machado llamo “la heterogeneidad del ser” o tensión polar del propio Yo con lo Otro, en una relación recíproca en la que lo Otro deja de ser algo extraño para convertirse en propio. Los dos personajes dejan de ser mentes y personas aisladas y pasan a unirse en un mismo ser a través del salto que se produce en el tiempo hacia el futuro o prolepsis por un lado, y por otro, el espacio en ZARA, una tienda ropa, aparece de repente un suceso extraño, según la teoría de los mundos posibles, se apaga la luz y aparecen unidos en el mismo probador, mirándose, tocándose y besándose.

    Ese cronotopo del que hablaba Batjín anuncia las diferentes conexiones espacio temporales que se perciben en el relato. En cierto modo es un viaje a otra realidad, sin final donde los saltos del tiempo de la narración hacen de este relato repetitivo un hecho ficcional e inverosímil donde el autor se vale de símbolos y metáforas para describir el concepto del amor inmortal y eterno.

    Enhorabuena al autor por el intercambio exquisito de lenguaje que tienen los dos personajes del relato, Él y ella, y la fusión a la que llegan en última instancia en un solo ser, al final.

    Ojalá nunca deje de escribir Justo Sotelo…ya que sin él, la literatura perdería un gran referente de la ficción en donde el lector que se acerca a sus relatos es capaz de verter sus emociones y sentimientos al mismo tiempo que trasladarse a mundos mágicos e insospechados repletos de sensibilidad,glamour y encanto…

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