El zoo de cristal, de Tennessee Williams, de gira por España.

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A la hora de enfrentarse a un texto tan representado como El zoo de cristal (1945), un director teatral tiene que plantearse no solo la mejor forma de servir al original sino también tomar decisiones que diferencien su montaje del de otros compañeros. La alternativa por la que han optado Eduardo Galán en la adaptación y Francisco Vidal en la dirección ha sido claramente poner todo el foco de la puesta en escena sobre el personaje de Amanda Wingfield interpretado por Silvia Marsó, una actriz que evoluciona montaje tras montaje. Viéndola en este papel nadie diría que es la misma mujer con la que Miguel Narros se despidió de la dirección escénica en Yerma (1934). Ambos personajes (Yerma y Amanda) sólo tienen en común el desgarro y la fuerza que les imprime la actriz que los encarna.

El montaje de “El zoo de cristal” que nos ocupa es ante todo una creación de su protagonista, un recital interpretativo en el que Galán ha sustituido la posible involuntariedad de los actos de la protagonista por una intencionalidad más latina que anglosajona que, en cierta manera, la acerca al desgarro y la voluntad de Serafina Delle Rose en La rosa tatuada (1951). Es la Amanda de Marsó-Galán una mujer fuerte que sabe perfectamente lo que está haciendo y porqué, que intenta manejar a sus hijos de manera totalmente voluntaria no por inercia ni movida por un resorte psicológico oculto en lo más profundo de su subconsciente.

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Alejandro Arestegui, Silvia Marsó en “El zoo de cristal” de Tennessee Williams

A su lado, Marsó (que lucha toda la función contra la terrible peluca canosa que le han colocado para hacerla parecer mayor) está muy bien secundada por Carlos García Cortázar y Alejandro Arestegui, algo no demasiado habitual cuando se monta este tipo de textos en nuestro país donde frecuentemente la estrella de la función es rodeada de actores que parecen elegidos para no hacerle sombra en ningún momento. Los dos varones, especialmente García Cortázar brillan en la medida en que Silvia Marsó se lo permite. No resulta, sin embargo, tan positivo el trabajo de Pilar Gil como Laura, demasiado inseguro y tenso. No beneficia a esta actriz,  es cierto, el punto de vista con que Galán ha abordado el texto. Poniendo todo el peso de la puesta en escena en Amanda Wingfield es inevitable que la carga dramática de Laura quede reducida a la escena íntima que tiene con el personaje de Tom.

La escenografía de Andrea D’Odorico es clásica y funcional, correcta aunque poco íntima al menos en el anchísimo escenario del Teatro Fernán-Gómez donde tuve la oportunidad de ver la obra. Lo mismo se puede aplicar a la iluminación de Nicolás Fischtel. No le habría venido mal al espectáculo algo más de claroscuros y claustrofobia. La ubicación de la colección de figuritas de cristal en mitad del escenario provoca que ésta pierda su valor de refugio personal para el personaje de Laura.

Alejando y Carlos
Alejandro Arestegui y Carlos García Cortázar en “El zoo de cristal” de Tennessee Williams

Probablemente algunos espectadores y críticos hubieran preferido una representación más psicológica que repartiera el peso dramático entre, al menos, las dos mujeres protagonistas. En su afán de hacer de Amanda una mujer de rompe y rasga, Galán está a punto de caer en la parodia (esa primera aparición ante Tom con el abanico) bordeando el siempre terrible terreno de hacer que los actores ironicen sobre su personaje para arrancar unas risas al espectador más simple. Es, eso sí, tan solo un momento que a buen seguro podrá ser corregido en la extensa gira por toda España que la compañía tiene por delante.

 

Título: El zoo de cristal / Autor: Tennessee Williams / Adaptación– Eduardo Galán / Dirección – Francisco Vidal / Reparto: Silvia Marsó – Amanda, Carlos García Cortázar – Jim, Alejandro Arestegui – Tom, Pilar Gil– Laura / Compañía: Una coproducción de Secuencia 3 y Teatro Español

Hasta el 30 de noviembre en el teatro Fernán Gómez de Madrid,

 

21 de diciembre, Teatro Juan Bravo de Segovia.
10 de enero – Laredo, Cantabria
18 de enero – Torrejón de Ardoz, Madrid
21 de enero – Teatro Cervantes de Málaga
22, 23, 24 y 25 de enero – Teatro Lope de Vega de Sevilla
29 de enero – Teatro Romea de Murcia
30 de enero – Huércal Overa, Almería
6 de febrero – Teatro Principal de Zamora
7 de febrero – Majadahonda, Madrid
13 de febrero – Villalba, Madrid
21 de febrero – San Fernando de Henares, Madrid
28 de febrero – San Sebastián de los Reyes, Madrid
1 de marzo – Parla, Madrid
4 de marzo – León
5 de marzo – Soria
6 de marzo – Miranda del Ebro

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Alejandro Arestegui, Silvia Marsó, Pilar Gil y Carlos García Cortázar en “El zoo de cristal” de Tennessee Williams

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Nacho Cabana

NACHO CABANA (Madrid, 1968) es guionista de cine y televisión y escritor. Desde “Colegio Mayor” (1993) a “Matadero” (2018) pasando por “Policías en el corazón de la calle”, “Médico de familia”, “Compañeros”, “U.C.O” numerosas series de TV llevan su sello . Así mismo es el coguionista de dos largometrajes de ficción, “No debes estar aquí” (2002) y “Proyecto Dos” (2008) y los documentales “Arizmendiarreta, el hombre cooperativo” (2019) y “Aute retrato” (2020) que fue nominado al Goya. También es el responsable de “Tres caídas” (2006), documental sobre lucha libre mexicana presentado en el Sitges Film Festival y otros certámenes internacionales. Como escritor ganó en L´H Confidencial 2014 con “La chica que llevaba una pistola en el tanga” (Roca editorial), el “Ciudad de Irún” de novela en 2004 con “Momentos robados” y el de cuento en el mismo certamen con “Los que comen sopa” (1993). “Verano de Kalashnikovs” (Harper Collins, México) es su última novela. Actualmente es tutor del módulo de ficción televisiva del Máster de Guion de The MediaPro Studios con la ESCAC y escribe críticas de cine, teatro y música en la revista cultural on line “Tarántula”. Viaja todo lo que puede y escribe aunque no pueda.

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