“El viaje de Bettie” es para atrapar la vida.

“El viaje de Bettie” es para atrapar la vida.

El viaje de Bettie” es un viaje a la semilla, un remontar el tiempo a bordo de un coche que recorre Francia en diagonal desde la Bretaña hasta la región de Rhône-Alpes. Los acontecimientos que se desencadenan sirven para poner en hora el reloj, parado hace mucho, de Bettie, la protagonista, encarnada por Catherine Deneuve.

Una road movie europea que, a ratos, parece demasiado americana. El tono general es confiado, optimista, a pesar del despojamiento progresivo de Bettie, primero sentimental -le abandona su amante- y luego económico. Pero ese despojamiento le permite investirse de todo lo que en el pasado ha ido dejando de lado, abandonando.

Bettie se reencuentra con su nieto, Charly, interpretado por Némo Schiffman, un soberbio crío de trece años que le da la réplica y la confronta, indirectamente con su hija, interpretada por la cantante Camille.

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“El viaje de Bettie”, de Emmanuelle Bercot

Némo es hijo de la directora de la película, Emmanuelle Bercot que es asimismo coguionista de la misma. Parece que la importancia de Charly se fue tejiendo progresivamente hasta conseguir que sea el nexo de unión, el puente, entre la vieja y la nueva vida de Bettie.

Gérard Garouste, pintor en la vida real, y aquí abuelo de Charly será el punto de arribo del viaje físico y espiritual de Bettie. Lo encontrará en el castillo del lago, en el hotel sobre el lago donde se cancelará una vieja deuda de Bettie consigo misma y que se evoca desde la primera conversación que sostiene con su madre, la jovial Claude Gensac.

El título original de la película, Elle s´en va, es más explícito que el adoptado en España. Puede tener el significado de levantar el vuelo, remontar. Hacia la vida, desde el choque inicial del reencuentro con el sexo, joven y un punto amargo a la vez, hasta el juego múltiple de seducciones familiares que practicará la protagonista.

Bettie rejuvenece por momentos, recupera los sentimientos y vive su vida que no ha vivido enhebrando hitos que jalonan su despertar. Cuando llega al nacimiento, al nodo del que parten en haces sus posteriores conflictos vitales, de alguna forma, se reanuda el normal decurso del tiempo y Bettie se confronta a un hombre de su edad.

Película de fotografía de gran claridad, lejos del gramaje que caracterizaba a los filmes franceses de la época esplendorosa de la Deneuve, aquí lo que se ve está, y lo que no se ve se trasluce claramente.

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“El viaje de Bettie”, de Emmanuelle Bercot

Esto es, lo que hay en la película existe realmente, así gran parte de los roles son tomados por actores no profesionales o debutantes. Catherine Deneuve es casi la única actriz profesional de la película. Ello es así puesto que se trata de un viaje al más allá de Bettie, a lo que la trasciende en el momento de iniciarlo. Y el más allá de un personaje de ficción no deja de ser la realidad monda.

Pero la película no se transforma en un docudrama porque la Deneuve está ahí, omnipresente, y su rostro acuña constantemente a la gran dama, por antonomasia, del cine francés. La película es ella y ella es la película. Y la Deneuve no puede ser otra cosa, para el público, por mucho que seguramente tenga una vida privada, que un animal cinematográfico.

Seducción y vitalidad son las dotes con que carga Emmanuelle Bercot a Catherine Deneuve, regalos de quien de pequeña soñaba que era su madre, su hermana, su amiga…Alguna vez ingenua libertina, Catherine Deneuve es, en esta película, algo ingenua y algo libertina, en su justa medida y a su debido tiempo.

Pero la vida nos hace vivir, y en esta segunda década del siglo XXI, lo complicado no es saber a qué carta quedarse, sino saber descartarse a tiempo. Bettie irá destejiendo y tejiendo al mismo tiempo hasta que la tela de su vida le ofrezca un nuevo rostro. Sabio y con templanza. Ese podría ser el lema de “El viaje de Bettie”, que fue seleccionada para la Sección Oficial de la Berlinale 2013.

El viaje de Bettie, de Emmanuelle Bercot se estrenó en España el 31 de octubre de 2013.

 

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

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