El siglo del amor

El siglo del amor

 

Las relaciones afectivas no se ven afectadas por su mayor o menor realidad o virtualidad. Consideremos el caso de “los amantes”. En la era de las redes sociales tanto la intensidad como la frecuencia de sus relaciones se pueden mantener estables en comparación con la época previa de proximidad geográfica.

Aún no se ha desarrollado plenamente esta concepción por lo que resultan necesarias para su efectividad relaciones de proximidad de cuando en cuando, al menos en los inicios y regularmente a lo largo de la relación.

Pero los amantes no ven reducida su tensión afectiva y emocional por la distancia. Son bien conocidas las relaciones epistolares desde el romanticismo, y no hacían sino incrementar la neuroticidad de la relación, es decir, incluso se incrementaba su tensión respecto de otros amantes más próximos.

Actualmente, la frecuencia y la variedad de las modalidades de las relaciones a distancia, propiciadas por las redes sociales, reducen en mucho esa carga neurótica de otros tiempos.

Queda la cuestión del narcisismo y volatilidad de tales relaciones, pero yo creo que estos son efectos colaterales y pasajeros propios de un tiempo de mutación de la naturaleza de las relaciones afectivas, y no aspectos esenciales de las mismas.

Por contra, las relaciones sexuales sí están afectadas, con mucho, por la variable distancia geográfica. A menor proporción de encuentros de proximidad mayor incremento de la masturbación con rasgos amorosos y reducción del sexo romántico a dos.

Considero que la tendencia implícita, en lo que se refiere a las relaciones sexuales es a reducir tanto su frecuencia como su duración, en los casos en que se produzcan relaciones de proximidad.

Y a un incremento del sexo casual o esporádico, en proporción similar. De todos modos, estamos sujetos al albur de los avances tecnológicos en lo que se refiere al sexo virtual. No sería raro suponer que en pocos años la oferta de sexo virtual lo equipare, con las ventajas adicionales que supone, al sexo real.

Otro aspecto a considerar, una vez superado el tabú del sexo romántico que estos avances conllevarán, será el de las relaciones grupales o con animales.

Es muy posible que los próximos años nos aporten avances legales en este sentido, como las uniones jurídicas entre amantes a varias bandas y con un animal o varios animales.

Y no sería porno-ficción, sino prospectiva, la idea de matrimonios con nuestros animales de compañía que, de seguro, darían lugar a fieles y leales y duraderas relaciones amorosas.

De seguro el siglo XXI será el siglo del amor, menos idealizado que en la época romántica que ya superamos y con mayores garantías de uso y disfrute, que no de abuso.

Mi amigo, el psicólogo Claudio Fabián Navarro ha elaborado las ideas aquí expuestas.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

4 comments

  • Avatar

    El amor decían – eran ñoñerías y habladurías de la gente para sentirse felices. ¡Qué cosa tan extraña y rara a la vez, poner “paños calientes” para sentirse mejor y crearse un mundo ficticio de felicidad, un universo repleto de “mentiras entrelazadas entre las cuales el hombre es un punto clave para pasar a ser una pura marioneta, un artificio cósmico erróneo girando en torno a la esfera del “amor”, un ser individualista que anhela y desea lo inalcanzable si es que existe o ha existido alguna vez.

    Filósofos, literatos, críticos de arte y cine, humoristas y un sinfín de personajes han escrito a lo largo de los tiempos acerca del amor, de su definición, de sus orígenes, de sus manifestaciones y de los tipos de amor que existían y se inventaban cada vez que se ponían frente a los ordenadores.

    ¿El amor viene dado, te viene de fuera y no se puede cambiar, no es modificable, viene predeterminado y está prefijado o, por el contrario, es modificable y se gana día a día…? Preguntas y respuestas que forman parte de gran variedad de libros y hasta, puede decirse, hasta de manuales para entretener a los lectores que, afanosamente desean alcanzarlo y no lo consiguen constituyen un tema clave de la sociedad actual del XXI en donde los puntos de vista son diversos, originales y a veces, contrapuestos.

    Los poetas, los escritores y los pensadores cautivan desde hace años las mentes humanas y enamoran con buenos propósitos y excelentes deseos de felicidad para quién alcance el amor y lo posea. ¿Se posee el amor? ¿Se idealiza a la persona amada o realmente es un deseo de alcanzar lo inalcanzable para ser feliz y “vivir en paz” con uno mismo?

    ¿Es un idealismo puro o es algo tangible y real con la vida misma? Se podría decir según algunas personas que, el amor viene dado, está prefijado de antemano y no hay posibilidad de cambiarlo, es “así” y “no hay vuelta de hoja” ni existe posibilidad de enamorarse de otra persona si es que eso es lo que se denomina “amor.

    ¿Existe un único amor, un único “objeto” amado, un único deseo a quién desear sin límite o por el contrario en el mundo existen múltiples individualidades a quiénes amar, idolatrar o venerar?
    Se define como uno de los sentimientos más profundos del ser humano en el que se relaciona el afecto y el apego resultantes de una serie de emociones, experiencias y actitudes. El amor se declara a través de múltiples manifestaciones según las personas y los tipos de “amor” que se expresen.

    La transmisión del amor por medio del lenguaje ha cambiado desde formas orales y épicas de la Edad Media hasta poemas en donde los versos eran el símbolo por excelencia llegando a nuestra era en donde los whatsupp, los mensajes, la cibernética y la era del conocimiento; hoy en día es la era de internet y de las altas tecnologías las relaciones sentimentales se han intensificado a veces debido a la distancia o bien a la soledad y el aislamiento de la época posmoderna en la que vivimos.

    Muchas personas se acercan a las redes sociales en busca de lo que no encuentran en la vida real; a veces ese amor “sucedáneo” o virtual lo identifican con el real. ¿ un solapamiento verdadero entre estos planos, el virtual y el real? Si no tengo cerca a alguien no experimento la misma sensación ni la misma emoción ante ese sujeto. Las redes desvirtúan al ser amado ya que los avances tecnológicos permiten el simulacro, la simulación, la mentira…

    La soledad, la depresión, el aislamiento induce a crear y a creer en todo tipo de parches que satisfagan al ser humano; jamás se equiparará el amor real al virtual y mucho menos que sean reales y perduren en el tiempo y en el espacio relaciones amorosas entre los seres humanos con los animales. Son especies diferentes y no se puede igual la mente del ser humano con la de ningún animal. Mente y espíritu, vida y alma….

    Enhorabuena a José Zurriga por su espléndido artículo.

    Contestar
  • Avatar

    Al hilo de la reflexión, me ha venido a la memoria que, hace unos días, un amigo mío algo mayor que yo (él ya ha cumplido los sesenta y cinco) me comentó algo como: “Lo que cada vez entiendo menos, Antonio, es lo sobrevalorado que está el sexo en esta sociedad”. Y eso que él, siempre que nos hemos visto, dedicaba un amplio, e imaginativo, capítulo a sus últimas e intensas aventuras sexuales, normalmente gratuitas y con mujeres más jóvenes que él. Yo siempre he creído que esas historias eran inventadas, pero este es otro asunto. Lo único cierto es que yo, lo confieso solemnemente, nunca le he dado pie para que desarrollara “in extenso” esos asuntos.
    Sólo veo una explicación posible a semejante dislate, y es que él, probablemente por la edad, se encuentre ya averiado, o en una fase algo avanzada de un fallo sistémico. Y tras perder las ganas también ha perdido la objetividad. En fin.

    Contestar
  • Avatar

    Cariñoso pescozón me endilgas, Antonio. No veo muy bien por qué. Pero seguramente por la misma razón tú has leído algo en el artículo que te ha levantado ronchas. Qué se le va a hacer….Y con él llegó el escándalo.

    Contestar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *