El reloj de pie

El reloj de pie

El reloj se detuvo cuando murió tu abuelo. Hasta entonces había funcionado a la perfección durante años, sin un solo retraso. A los pocos días nació tu padre y el reloj arrancó sin que nadie le diera cuerda.

Tu abuelo pasó por la vida casi de puntillas, trabajando en una imprenta desde la mañana a la noche. Tu padre se sentaba cada tarde junto a él después del colegio para verle trabajar. Allí merendaba el pan con Nocilla o aceite que le gustaba tanto y veía cómo tu abuelo elaboraba las tarjetas de visita, los anuncios para las empresas y alguna que otra obra de ficción. A fuerza de mirarlo y quererlo se hizo escritor, aunque nunca llegó a publicar un libro. Ayer murió de repente y el reloj volvió a pararse. Dentro de una semana nacerá tu hijo y tú empezarás a escribir una novela.

Observas el viejo reloj e intuyes que el tiempo es irredimible.

 

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

4 comments

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    En el relato de Justo se enlazan los espejos con la noción de tiempo en donde los pliegues temporales se perciben como ecos, reflejos y sonidos similares a los existentes en la obra narrativa de Ricardo Piglia. Los tiempos se alternan, se solapan, se superponen a lo largo de la trama del relato donde un narrador omnisciente recuerda hechos que marcaron y marcan a los personajes de la historia; se supone que al final del relato, existirá una participación activa por parte de cada uno de los lectores que nos hemos acercado a él. Quizás cada cual reconstruya e reinterprete la historia a través de cuatro generaciones a su manera y de esa forma recomponga el sentido de la trama. La omnisciencia narrativa transita entonces a través de una voz que recuerda el fluir temporal de la conciencia de cada uno, los deseos y sentimientos, las motivaciones de los personajes de la historia. El cierre circular del relato incide en la recuperación del tiempo perdido donde se borran los límites entre la realidad y la ficción, a partir de juegos metaficcionales que redundan en la potenciación de esta última; y por último se puede citar la inclinación a la hipertextualidad. Los espejos de Sotelo abren puertas a otras historias, enlazan nuevas tramas narrativas…que son paralelas desde el punto de vista generacional.

    El narrador recalca en ambos casos se encuentra dando las espaldas al reloj, o sea al tiempo; narración está fuera del tiempo, se reelaborar a través de un reloj que se detiene y arranca solo, cuando uno de los personajes implícitos muere o por el contrario, nace. Un funcionamiento similar al corazón del ser humano. El narrador construye su propia temporalidad, también reelabora una realidad que le es propia. Es un relato circular al estilo borgeano similar a “Las ruinas circulares”; el narrador juega con el tiempo, es un maestro de él, en donde aparentemente se ve un futuro…para pasar de la realidad a la ficción a través del tiempo y la literatura.

    Los espejos de Sotelo al igual que en Ricardo Piglia permiten contar y narrar varias historias a la vez en una narración que no tiene fin. La luz y la intensidad que de ella se desprenden las palabras de Sotelo denotan diversos ángulos y perfiles generacionales a través de imágenes que plasman la experiencia humana en un espacio determinado a modo de círculo cerrado.

    Heidegger aparece de algún modo reflejado en este relato recordando los acontecimientos que él consideraba fundamentales para el hombre: el nacimiento y la muerte, aspectos temporales inherentes al ser humano.

    Brillante y excelente relato amigo mío. Un abrazo.

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    El reloj de pared

    Tras los de Cristo, cierto día, quedó en silencio. Y justo a los tres años, volvió a marcar las horas de unas casa y una vida completamente diferentes. Una vida plagada de ausencias/presencias y de nostalgias/añoranzas. Antes, la gente comenzaba de nuevo porque la muerte inesperada así obligara; ahora, en cambio, la gente se ve obligada a comenzar de nuevo porque las circunstancias así lo exigen.

    Roranna (una cosa lleva a la otra… y tiro porque me toca).

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    Estoy aquí como el reloj, de pié te aplaudo con la misma sencillez de tu cuento, no es secreto algunas personas mueven los relojes a su antojo, simplemente es transcurrir el tiempo y no el a nosotros, es tiempo de entenderlo, gracias Justo por dame la hora…

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