El Prisionero o como desnudar a Don Juan

El Prisionero o como desnudar a Don Juan

“Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad”

H.P.Lovecraft

El hombre-actor se pasea leyendo un libro alrededor de una escenografía contemporánea que impacta y atrapa. Aun no ha empezado la función, o sí porque ya hay un paseador con su capucha concentrado para representar al personaje del monologo que sucederá. Un discurso trepidante y poético, en el que José Manuel Seda el que lo actúa y del que parte la idea original hace un trabajo soberbio y arriesgado sorteando un ring de barro donde la ratas y las cañerías se convierten en una siniestra y acompasada melodía de fondo, increíblemente ejecutada y moderada por el diseñador de sonido Javier Almela.

Una prisión veneciana del siglo XVII, pero también la prisión que cada uno encierra en sí mismo cuando es consciente de su lucha interna. Acto bélico onanista que tan magistralmente nos muestra el actor que representa el duelo consigo mismo, una batalla fácil de identificar en nuestra existencia. José Manuel no es solo el teatral Don Juan, si no también su carcelero, y además el actor, en un giro de meta teatro, que construye el personaje. Y somos eso, los presos limitados en nuestra propia construcción, consecuencias de nuestras decisiones y de las múltiples imágenes que proyectamos.

Encharcados en el barrint-El-rpisioneroo, con las necesidades básicas de alimentación y comunicación a flor de piel. Con la vida pendiente de sogas. Todo símbolo plasmado en una espacio escénico de Felype de Lima, que ha captado lo profundo y lo superficial de cada acto que se muestra en escena. Un placer de sencillez y sofisticación conceptual.

Un hombre, un mito, un constructo del imaginario como es el personaje de Don Juan espera la muerte mientras percibe fuera los sonidos que dan forma al patíbulo donde será ejecutado. Puede salvarse si renuncia a ser el mismo, ya que en su identidad radica los delitos por los que es inculpado. Firmar o no firmar el documento de renuncia para conseguir su exculpación. Una rubrica que supone romper con quién es, que sustenta la vida como creación de lo que hemos sido o somos para seguir viviendo.

Pero firmar es otra sentencia de muerte. Matar lo que se es, o lo que se cree ser, o lo que te han inferido los otros que seas. Obligarnos a sentirnos culpables o inocentes no nos constituye en nuestra esencia. No se puede renunciar a ser uno mismo, por mucho que se intente o que lo intenten los demás. ¿Es necesario firmar el arrepentimiento de una culpa que te confieren los otros para seguir viviendo?  Y si se firma ¿perdemos nuestra identidad? o quizás la identidad no sea mas que un espejismo reflejado en los planos de las realidades que diseñamos cada uno a la imagen y semejanza de otros espejismo, y así en  un bucle infinito.

Los desdoblamientos que hace José Manuel Seda en esta obra cargada de dicotomías rozan la perfección actoral. Admiramos un trabajo complejo, ejecutado con precisión del bisturí del que entiende muy bien lo que está haciendo y sabe transmitirlo por cada poro de su piel y cada registro de su voz. Su trabajo hipnotiza muy por encima del texto que se interpreta. La dirección a cargo de Mariano de Paco Serrano es tan precisa y poética que se apenas se percibe, y eso es lo importante, pero lo impregna todo en un engranaje de visualización  que hace comulgar al actor con los elementos y las intenciones en una delicia de movimientos y acciones.

Los juegos simbólicos en la puesta en escena están diseñados con la elegancia del que posee una inteligencia sensible y de este modo el ritmo se mece entre sorpresas y sorpresas con apenas elementos. Destacar la iluminación que es un perfecta coreografía de luz y sentido.

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Detalle de la obra El prisionero dirigida por Mariano de Paco en los Teatro del Canal en Madrid

El texto en ocasiones se vuelve farragoso, lodo en palabras y hace que por su densidad pierdas concentración en la palabra aunque jamás dejas de mecerte en el sabor de lo sonidos accionados por el  dios con botas de agua y voz ambivalente que se transforma y transforma el texto con leves movimientos.

El texto se asemeja a un viaje a nuestro fuero interno, siempre complejo, a veces expresivo y con el lenguaje utilizado con gran maestría pero no por ello accesible para el espectador.

Y de repente el actor quiebra el código y descubres que interpreta también a un actor creando el personaje de Don Juan ,preso de los cuerpos que son verdad con cabeza de mentira que moran en los actos teatrales. El conflicto de la identidad y de la esencia que vamos forjando en vida hasta llegar a una muerte inevitable que solo será transcendente en el mito que se hace personaje o que bebe tinta para dejar impresión imperecedera. ¡Qué difícil es ser carne y transcender a la eternidad!

El actor Mariano de Paco Serrano en un momento de "Prisionero"

El actor Mariano de Paco Serrano en un momento de “Prisionero”

 

Titulo: El prisionero/ Texto: José Luis de Blas Correa (a partir de una idea original de José Manuel Seda)/ Director: Mariano de Paco Serrano/ Coproducción: Teatro Canal y Compañía Prisioneros / Actuación: José Manuel Seda/Espacio Sonoro: Javier Almela/ Espacio escénico y vestuario: Felype de Lima/Iluminación: Pedro Yagüe y Toño Martínez Camacho.

 

Teatros del Canal (Sala Negra) C/Cea Bermudez, 1

Del 8 al 24 de abril

Viernes y sábados 21:30 h

Domingos 20:00 h

 

 

Autor

Coral Igualador Poveda
Desde que me recuerdo me han gustado los actos de narración: teatro, literatura, cine... Me apasiona la narración, la psicología y la comunicación y por eso de los caminos no rectos, pero que conducen a lo mismo, acabe estudiando logopedia. He tenido la oportunidad de formarme y trabajar como consultora de comunicación, voz, teatro creatividad y desarrollo personal para diversas entidades y personas. También escribo guiones, obras de teatro, dirijo y actuó. Otra oportunidad que me ha brindado la vida es la de escribir sobre el teatro que se sigue vivo, eternamente vivo, y poder difundirlo.

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