El pasado (Le passé), de Asghar Farhadi

El pasado (Le passé), de Asghar Farhadi

le-passe-posterLos títulos de crédito se abren con el protagonista, Ahmad interpretado por Ali Mosaffa, desempañando el cristal del coche en un día de lluvia y se funde el título de la película (Le passé) mientras es borrado meticulosamente por un limpiaparabrisas.

El pasado puede ser una tormenta perfecta que llevamos en nuestro interior de la que sabremos a retazos, como lengüetazos de un gato entretenido en su propia limpieza meticulosa, si un día nos detenemos a narrarla.

Días de lluvia, días tormentosos en París acompañan la llegada de Ahmad que vuelve para formalizar su divorcio de Marie, Bérénice Bejo, y reencontrarse de paso con sus fantasmas familiares de cuatro años atrás.

Drama familiar, melodrama, comedia humana…no importa, la relación caleidoscópica y de simetrías múltiples surge como cuando reunimos a cualquier grupo humano que ha tenido y sigue teniendo una historia que contar.

Debe reconocerse a El pasado, a su director, Asghar Farhadi, el delicioso y sentido trabajo de reconstruir en su totalidad y a partir de diálogos sucesivos el nudo de este drama, porque el desenlace ya lo conocemos desde el principio, ¿o creemos saberlo?

El nudo, los nudos de esta alfombra o tapiz entretejidos primorosamente, el guión es del propio Farhadi, no dejan de embelesarnos en la acción dialogada, morosa en ocasiones, sólo en ocasiones, pero que siempre lleva adelante el hacer de este notable director.

Estamos en una época de pensamiento débil y quizá también de sentimientos y afectos un tanto debilitados (¿por el uso?) por lo que películas de hondura psicológica bergmaniana, por ejemplo, quedan fuera del radio de acción de nuestra actual vida sentimental.

Se trata más bien del sutil entreverado de hilos finísimos, tan finos que si se rompe alguno, apenas importa, pero que, en conjunto deciden del equilibrio final de nuestros sentimientos como espectadores de películas de raigambre dramática.

Así, nos viene de perlas una mirada ajena pero familiar, otra pero cercana, como la de este cineasta iraní. Porque sabemos claramente, todavía, caer en el ridículo, pero lo bordeamos constantemente en nuestras vidas diarias y también en nuestros relatos.

Y una cierta distancia nos evita acercarnos peligrosamente al borde mismo del abismo. Seguimos senderos que se aproximan pero al tiempo, evitan la caída final. De ahí la pérdida del psicologismo clásico, canónico.

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El pasado (Le passé), de Asghar Farhadi

Los intérpretes, puestos en estas tesituras, deben saber salvar la película por sí mismos, sin necesidad de red protectora, y Farhadi se rodea de un equipo, una escudería ganadora. Aparte de los dos ya mencionados, brillan en sus papeles Tahar Rahim como Samir, el tercer vértice del triángulo amatorio (porque busca amar más que ama), Lucie, Pauline Brunner, Léa, Jeanne Jestin y Fouad, Elyes Aguis como los tres hijos de esta familia.

Debe resaltarse, porque es de justicia al niño Fouad, escuálido de gesto pero sagaz y certero en mirada, si tales calificativos pueden aplicarse a un niño, impúber.

Completan el reparto Sabrina Ouazani, como Naima, que vendría a desempeñar el papel de esclava portadora de secretos en el harén, y Babak Karimi como Shahryar, el amigo mayor y benévolo de Ahmad.

El premio a la Mejor Actriz del Festival de Cannes 2013 fue para Bérénice Bejo por esta película. También fue nominada El pasado como Mejor Película Extranjera en los Globos de Oro 2013.

Con su película Nader y Simin, una separación, el director Asghar Farhadi obtuvo el Oso de Oro a la Mejor Película en Berlín 2012.

El pasado (Le passé 2013) de Asghar Farhadi se estrenó en España el 16 de abril de 2014.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

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