El orden de las cosas, parte de una idea original, escrita y dirigida porMarta Belmonte, en el escenario los cuerpos en movimiento de Irene Escalada, Juanjo Torres, Romina Michelizzi, Marcos Zhangy Luis de Sannta, la creación de la coreografía es del propio elenco de LaBLÚ, y han contado con la asesoría de movimiento de Elisa Forcano. La factura de la función es buena tanco el diseño de luces de Germán Gundín, como el espacio sonoro creado por César Diéguez, y la escenografía y el vestuario que firma Paula Castellano.
En el programa de mano podemos leer qué, “El orden de las cosas es una pieza escénica con cinco intérpretes a caballo entre el teatro, el movimiento y la poesía visual“. Lo que es rigurosamente cierto, y los momentos plásticamente mas hermosos, nos lo ofrecen los cuerpos en movimiento.
En el programa de mano también nos avisan de que se trata de “Un cuestionamiento sobre la percepción, la identidad y el recuerdo convertidos en un puzle que, creemos, escapa a nuestro control”
El elenco defiende el montaje con entusiasmo, ofreciendo lo mejor de ellos, se aprecia y se agradece por refrescar las situaciones renovándose en cada momento, por un momento se me antojan, como las hormigas con un ánima común e idéntico.
Ante la pregunta que nos propone: ¿Puede un cerebro estar 25 años planeando volver a un lugar sin saberlo?,¿puede alguien volver al momento exacto donde se convirtió en otrapersona?, ¿puede un vaso boca abajo contener el aliento de los campistas del 88? ¿Y Chernobyl, qué tiene que ver conmigo? ¿Y con todo esto?
…quizá no, porque en nuestro breve permanencia de seres vivos, queremos buscar respuestas, que no hallamos, quizá porque no es preciso que exista la conexión, e incluso ni precedente para nada, aunque como ejercicio poético es válido.
El propósito de la pieza es tan general como impreciso, se ocupa tanto de las aves vuelan, como de los peces del mar, y los momentos en que la pieza llega realmente al público, son en las escenas de situación, que los actores resuelven con desparpajo.
Marta Belmonte, ha contado con un buen elenco conformado por Irene Escalada, Juanjo Torres, Romina Michelizzi, Marcos Zhangy Luis de Sannta, con un espacio y un tiempo holgado para exponer su afán. Una libertad que cualquier creador desearía. El resultado de la función se queda en unas teorías en suspensión, como son todas las especulaciones. Más rica en forma, que en fondo. Aunque soy consciente de qué, cada mensaje necesita un receptor oportuno, y que cada pensamiento tiene su espacio debajo del cielo, y para gustos, colores.
Me quedo con la belleza del movimiento, los diálogos gozosos fruto de la discusión, y los bailables.
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
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