EL MUNDO SEGÚN MARK, de PENELOPE LIVELY

EL MUNDO SEGÚN MARK, de PENELOPE LIVELY

Mark Lamming y Diana forman quizás un matrimonio insoportable en la intimidad, tolerable en las visitas e incluso, a veces, maquinalmente hipócrita y cínico, es decir, presumiblemente divertido y destinado al fracaso. Ella es galerista de arte y él escritor de biografías literarias. Así que sobran las palabras acerca de los azares y los destinos de tales consortes. Las investigaciones de su último libro sobre la vida del ensayista, escritor de viajes y dramaturgo, Gilbert Strong, (vividor, romántico, sospechosamente tramposo y con aires de superioridad) llevan a Mark hasta Dean Close, “Allí existía en un estado curioso que era un maridaje de energía, exaltación y amistad”, cuyo principal atractivo, aparte de ser la antigua morada de Strong, es la existencia paralela del centro de jardinería de Carrie, la nieta del afamado autor. Carrie es una chica mágica, solitaria y fascinante, a la que no le importa estar sola, otro rasgo adquirido durante la niñez. De hecho, así lo prefería por muchos motivos, uno de ellos, la compañía pasiva y nada exigente de las plantas y aves,  que le resultaba mucho más relajada y en consecuencia, más interesante.

Usted ya lo sabe. Mark está loco por la muchacha que no es Diana. A su vez, Penelope Lively está loca por la naturaleza. Llega la explosión.

Se sentó en la hierba. Era una tarde de azules, verdes y dorados, con el cielo, la hierba y un aire cálido y espeso, que parecía ligeramente coloreado bajo la luz menguante. Carrie resplandecía toda ella bajo los rayos del sol; sus pestañas y cejas rubias, el vello de los brazos desnudos. Mark se sentó a su lado y la observó por el rabillo del ojo. Estaba desesperado por tocarla

Mientras tanto, el relato va escudriñando en el amor como el revulsivo de las escenas rutinarias de la vida familiar y sentimental de las personas. Es decir, el ser humano necesita vivir con intensidad y compartir sus días con un alma similar y, a la vez, tan distinta que complementa su espíritu. Se atisba la frescura y la lozanía, lo contrario a la costumbre de los últimos años, el amor hacia otra persona que puede resultar dañino y con cierta tendencia al Romanticismo: No solo importa lo que se dice, sino la belleza, y cómo se dice.

Estaba sentada bajo un rayo de sol que le hacía parecer un ser completamente dorado; el cabello de bruñidos rizos anaranjados, los brazos y las piernas con franjas de polen de oro y las pestañas áureas y destellantes.

Por tanto, este realce de la belleza es intencional para que la lectura del personaje de Carrie, en la novela, sea el de Emma, de Jane Austen (hipocresía, moral, amor y dinero)  y se estime  la insatisfacción de las personas, sobre todo la de Jack, cuando las metas se han truncado o bien han resultado ser engañosas. Tal vez, se necesiten nuevos estímulos para vivir sin elocuentes sentencias o condenas, compartiendo lo vivido, anhelando un futuro exuberante y fresco, no del todo viable.  La vida con las trampas, farsas e intrigas que Strong parece haber dejado de regalo al trabajo de los biógrafos y las que aparecen al tiempo en la vida de Mark para desequilibrarla, o quizás, ponerla en un lugar más rebelde y, por tanto,  más feliz.

Supongo que hay otras mujeres en el mundo, pero si las hay yo no las veo. Creo que eres la primera mujer, tú eres donde empezó todo, nunca antes existió una mujer. Y no frunzas el ceño, diré todas las tonterías que me plazcan; nada puedes hacer para remediarlo, a doscientas millas de distancia. Déjame que te cuente por qué eres la primera mujer. Déjame que te hable de tus ojos y de tu pelo y de tus senos.

 

Es curioso que la prosa sea mesurada y sobria cuando no se trata de los manuscritos de Gilbert Srong y al unísono, sea moderna, con sus amores indiscretos y caducos, su jardinería, sus road movie, el sarcasmo con los poetas jóvenes y los galeristas de arte. Su confidente homosexual, las tragicomedias y los camelos del mundo literario. Pero sobre todo, El mundo según Mark, es una búsqueda de la belleza, la franqueza y el realismo del género biográfico.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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