El ciclista utópico de Alberto de Casso, dirigida por Yayo Cáceres

El ciclista utópico de Alberto de Casso, dirigida por Yayo Cáceres

En la imagen los actores Fernando Soto y Fran Perea en “El ciclista utópico” de Alberto de Casso y dirigida por Yayo Cáceres

 

Por Luis Muñoz Díez

 

El ciclista utópico de Alberto de Casso, es una obra que logra despertar en el público la sonrisa, la risa y la carcajada. Dirigida con un ritmo imparable por Yayo Cáceres, e interpretada por los actores Fran Perea y Fernando Soto que, componen dos antagonistas con tal credibilidad, que percibes su olor, su sudor, incluso su circulación sanguínea, que a veces se hiela, y otras los sonroja.

Autor, director y actores logran un trabajo, que crea una tensión en el espectador, que le permite sentir como suyo, el impudor de uno, y la encorsetada impotencia del otro.

La relación entre el educado profesor ManuelFran Perea-, y la fuerza de la naturaleza en estado puro, que es AcebalFernando Soto-, no pudo ser menos apropiado para fraguar una amistad, pero la vida te da sorpresas.

ManuelFran Perea– en un descuido atropella a un ciclista que por suerte sale ileso, pero su bicicleta queda hecha un ocho. Manuel, con fingida amabilidad, ofrecerá al atropellado un pañuelo de papel para que limpie la sangre de su herida.  Y el atropellado acepta el pañuelo, pero lo usa para sonarse sonoramente los mocos, mientras no para de increpar a Manuel que, lo mira con recelo, por miedo a que la su ira pase de la palabra a la acción.

El causante del atropello tratará de salir de la situación con un parte al seguro, y ofreciendo su propia bicicleta mientras le reponen la rota. Con el fin de que el hecho no pase por denuncias ni juzgados donde él, tendría más que perder. De entrada llegará la primera sorpresa que habrá de encajar el profesor. Ante sus ofertas prácticas de partes al seguro, reposición y amables préstamos personales. Acebal llevará la pérdida material al plano sentimental, argumentando que la bici era un regalo de su madre, comprada con los ahorros de diez años hasta juntar los 420 euros, que costó la bici. El sentido lamento del atropellado, sirve para mofa del causante del atropello, que piensa, que ahorraba muy poco esta mujer.

En la imagen los actores Fran Perea -Manuel- y Fernando Soto -Acebal- y en “El ciclista utópico” de Alberto de Casso, y dirigida por Yayo Cáceres.

En la imagen los actores Fran Perea -Manuel- y Fernando Soto -Acebal- y en “El ciclista utópico” de Alberto de Casso, y dirigida por Yayo Cáceres.

Lo que para Manuel ya era mero trámite, para Acebal es el principio de una amistad que pretende crear de forma unilateral. Cuando el profesor se siente seguro leyendo en su jardín, aparecerá Acebal con el pretexto de recoger la bici ofrecida, lo que a Manuel le parece una profanación de su espacio, sin llegar aún ni a intuir, que el visitante había llegado a su vida para quedarse.

Los refranes son como augurios siniestros, con los que el viejo que todos llevamos dentro asusta al niño valiente que también nos habita. Son una propuesta constante de “piensa mal y acertará” para mí los desarma otro refrán de los escasos que hablan en positivo, que dice “Hasta los pesimistas se equivocan”

En la obra de Casso, el personaje AcebalFernando Soto-, acude al refranero como horáculo de sabiduría, encadenándolos uno tras otro, como argumento sin derecho a réplica, ante el asombro de Manuel, que los oye como algo tramontano, sin advertir que uno por ignorancia y otro por educación, caen en el mismo error de dar por hecho, lo que no es más que una creencia.

Echando mano del refranero en este caso, en principio se podría aplicar el que reza que “por la misericordia, entra la miseria en una casa” Y en alguna medida es cierto, porque en un ejercicio de autocomplacencia ayudamos a alguien, que de entrada marcamos más abajo, con el fin de que se nos agradezca.

Esa falta de empatía, unida a una rígida educación basada en la norma, es ideal para ser carnaza para todo tipo de aves, en cuanto se mueva el tablero fuera de la norma. Como le ocurre a ManuelFran Perea-, vive un mundo culto, ordenado como profesor, marido, padre. Sabe hasta dónde puede llegar, y donde hay una luz roja de “no pasar”. En su encuentro con AcebalFernando Soto-, en principio cree que él puede controlar, incluso confía en que cuenta con mejores cartas, pero poco a poco se da cuenta que nada de lo que ha aprendido le sirve para parar a Acebal, que irrumpe en su vida como un elefante en una cacharrería, y literalmente le mueve el suelo que pisa.

En la imagen el actor Fernando Soto -Acebal- en “El ciclista utópico” de Alberto de Casso y dirigida por Yayo Cáceres.

En la imagen el actor Fernando Soto -Acebal- en “El ciclista utópico” de Alberto de Casso y dirigida por Yayo Cáceres.

AcebalFernando Soto– es la otra cara de una misma moneda, primario, con cuatro ideas pero muy fijas. Al contrario que Manuel sabe perfectamente que no suda colonia, y que nadie le va a regalar nada. No conoce el pudor de clase, que le permite encajar un no, tras otro no. Lo que lo convierte en un castillo inexpugnable para el encorsetado profesor, que vive en el mundo de lo sobreentendido. Su simplicidad, y falta de orgullo aparente, descodifica en Manuel todo lo aprendido, que le impide mover un dedo sin pensar primero si es adecuado o si le han visto alguien, y menos darle una patada en el culo para que salga de su vida.

El texto de Alberto de Casso mantiene a pulso el choque cultural, porque no cae en el truco fácil del bueno y el malo, que se consigue otorgando la empatía del publico a un determinado personaje, para jugar con su complicidad cuando el elegido como bueno le propine un zasca, tras otro al personaje justamente castigable.

El trabajo de los actores Fran Perea y Fernando Soto, es de altura, para su composición cuentan con unos personajes bien dibujados por el dramaturgo Alberto de Casso, y el buen pulso del director Yayo Cáceres, que también es responsable de la música, y el espacio sonoro. En una función en que es tan importante el ruido, como el movimiento que permite visualizar la mampara del espacio escénico creado por Carolina González. Una mampara que se mueve como el pulso simbólico que mantienen los personajes marcando territorio. En un adentro y afuera, entro y te echo, y vuelvo a entrar. Bien Iluminados por Miguel Ángel Camacho, y con un vestuario impagable de Tatiana de Sarabia.

Como decía al principio El ciclista utópico, además de hacer reír, tiene más calado que, de alguna manera descoloca al espectador cuando se identifica con el profesor acosado. Pero igual que nadie merecer que se imponga un Acebal en su vida. La razón por la que se corre el riesgo de sufrir semejante acoso y derribo, es porque a nuestra vulnerabilidad se llega por cualquier fisura, para recordarnos que distamos todo, de ser los elegidos o el centro del universo.

En la imagen los actores Fernando Soto y Fran Perea en “El ciclista utópico” de Alberto de Casso y dirigida por Yayo Cáceres

En la imagen los actores Fernando Soto y Fran Perea en “El ciclista utópico” de Alberto de Casso y dirigida por Yayo Cáceres

El ciclista utópico se estrenó el 8 de abril de 2021 en el Teatro Galileo -Madrid-, más información de fechas horarios y compra de entradas pinchando aquí.

Dramaturgia: Alberto de Casso Dirección: Yayo Cáceres Reparto: Fran Perea y Fernando Soto Espacio escénico: Carolina González Iluminación: Miguel Ángel Camacho Vestuario: Tatiana de Sarabia Música y espacio sonoro: Yayo Cáceres Comunicación y distribución: Marea Global COM Producción: Feelgood teatro Con la colaboración del Teatro Calderón de Valladolid, Emilia Yagüe producciones y la Comunidad de Madrid.

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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