El Buscador de Almas, August Müller

El Buscador de Almas, August Müller

El-buscador-de-almasPunto uno:

Sale una mujer con remordimientos. “Mi manía de limpieza y mis angustias lo arrojaron a estas tempestades en las que naufragó. Y ahora, cuando cualquiera se burla de la locura de ese pobre infeliz, mi alma se siente abrumada por un peso enorme”. Caray, ahora le estoy pidiendo a la novela que me haga reír desde la tragedia, o viceversa, que mis lágrimas se enjuaguen en el descojone. En fin, se enciende la lucecita verde: está novela es graciosa y triste ; y esas molan. Calma, la novela no va de Falete. Tampoco es de las caras de Belmez ni de colombiano divorciado con su blog de media noche de ninfas aladas.

Punto dos:

Se autoinculpa de la locura de su hermano, que nació como August Müller (Augusto Molinero) hasta que se otorgó plenos poderes para llamarse Thomas Weltein (Tomás Mundito), si bien en el transcurso de la novela también le apetece denominarse como Karl de los Viñedos. Aguarden.

De Qué Va la Novela:

August Müller era un chaval con dinero. Y viajado, guay, amable, de familia bien. En uno de sus viajes conoce al nieto de Goethe.

…le regaló una silueta recortada por la mano de su abuelo. En nítidos contornos, en papel negro, se ve la figura de un hombre sentado sobre un globo terráqueo que sostiene sobre la palma de la mano a una mujercilla desnuda cuya zona crucial examina con una lupa. August quedó encantado con el regalo e hizo enmarcar la figurita, a la que llamó el Buscador de Almas “


Digamos que este es el prefacio de la paranoia. Luego, hay más.

Entonces su sobrina Alwine hace la confirmación y en señal de que la chavala era un adulta, le dan una recámara para dormir donde antes dormía la vieja Trude, que se muere de celos. “Todavía no sospechaba la terrible venganza que la mujer ya estaba elucubrando”

Aparecen chinches por toda la casa, desparece la paz para August Müller. Se libera la batalla campal contra las chinches. Su cerebro se distorsiona. Va su bola. Todo por las malditas chinches, esas sabandijas de la sangre con el mismo atractivo que el Fary comiendo limones. Observen:

Pero aparezco yo y digo que las chinches pueden exterminarse con la escarlatina. Debo seguir la pista de este asunto, fundamentarlo científicamente ” .

Un incalculable volumen de fuerza del pensamiento se malgasta  en eliminar orugas, mosquitos, avispas, en millones de trampas para ratones, en polvos contra insectos, en venenos para moscas; las ideas más valiosas pueden perderse en torno a la picadura de una pulga, y hasta los momentos más sagrados de la vida, del amor”

La destrucción de la especie de las chinches por medio de la escarlatina es todo un símbolo. Muestra el camino por el que avanza el destino. Nos permite echar una ojeada a lo más hondo del acontecer de las cosas”

¿ O crees que es casualidad que el diablo se llame el Señor de las Chinches, que los servidores de ese mal que crea el bien sean unos insectos ? “.


Claro, el cura y la hermana flipan. Pero él lo tiene claro. Ahora va a ser Thomas Weltlein. ¡ Recuerda al muerto ! ¡Y confía en el vivo ! Thomas Weltlein. Y se queda tan ancho el colega.

Comienza su aventura lunática en una carretera comarcal. Su primer colega de andanzas, un trapero con el que se cruza unos brillantes diálogos que me produjeron sacudidas de risa en el sofá.

– ¡ Cuán poco necesita el hombre! – dijo – , ¡ cuán feliz puede ser cuando no posee nada ! Créeme, amigo : lo peor que puede pasarle a un hombre es nombrar algo como propio. Cuando el oro entra a raudales, le siguen las penas por el ojo de la cerradura. Regala lo que tengas, ésa es la sabiduría vital más profunda. 


El trapero se arrimó un poco más a él.


– Si tanto te incomoda poseer algo, bien podrías darme tu reloj.


Thomas volvió la cara hacia su compañero.


– No -dijo tranquilamente-. Lo necesito. ¡ Pero no me molestes ! Antes no entendía bien esa consigna: la propiedad es un robo; hasta me parecía ridícula. Pero ahora la comprendo. Claro que es un robo, un robo de la bondad del prójimo, del alma noble de los hombres, de lo verdaderamente divino, de las sublimes misiones para las que ha nacido cada cual.

Y como si el delirio de llevar consigo cierta expiación por los pecados de la buena conducta de una ex vida de mayor convencionalismo estuviera sangrando a borbotones, todavía le quedan ganas de convencer a los gendarmes acerca de que su identidad es Karl de los Viñedos, que es una especia de Lute from Germany, pero más metafísico y más andrajoso, que ya tiene mérito.

Mientras, la señora Willen sigue buscándolo. Thomas está buscando  a una clase de niño eufórico que escapa de la educación severa y alcanza la libertad y delira acerca de los beneficios de la enfermedad para la sublimidad del hombre y la importancia del narizo (en su vocablo masculino, según su paranoia y su medicina) como símbolo del amor de los hombres, o la teoría de que el gran pecado contra el Espíritu Santo es el onanismo, o aquella de que la honra a los padres es algo contra natura, de modo que solo puede conseguirse con un soborno. Etc, Etc, Etcétera. Paranoias varias ; para gustos y colores.

El Buscador de Almas es una novela psicoanalista , principalmente porque toda novela que tenga un loco y un conflicto sexual no puede ser otra cosa que novela experimental , una novela freudiana o una novela antropológica y todo ello está en el globo del psicoanálisis. Reminiscencias obvias de Cervantes, Swift, y de una de mis novelas favoritas, Memorias de un Loco (Flaubert). Conflicto interior y rebelarse contra realidad, de eso va esta literatura, básicamente, es decir, de buscarse el enfant terrible, encontrarlo y liquidar los escrúpulos en la batalla contra lo que ellos ven;  valgan paradigmas:  el odio a los médicos, la  grandilocuencia, la  hipocresía y la fanfarronería.

“Los hombres llevan su psiquis entre las piernas y sus genitales en cada parte del cuerpo y de la mente”

NOTA: Esta novela, su crónica, sus capítulos -una simple degeneración-, sus entrañas profundas y trepidantes,  me han emocionado mucho, y ya supondrán que estos tipos de Tarántula Cultura me hacen llegar novelones y me lo ponen fácil, pero soy un tipo al que le cuesta la emoción en los libros.  Sí, vale, soy un guay de la literatura.

Adivino que el gran impacto que me causa esta novela tiene que ver con un hombre inteligente, amable, barrigón y divertido que se ve desbordado por la locura, otro compromiso en su forma de mirar el mundo y esa forma magistral de narrar una muy considerable  ida de olla . Se queda huérfano de intelecto, o no. Ustedes deciden. La eterna cuestión . ¿Quién es el loco?

P.D. La novela viene sola. A modo de idea al mundo editorial, las novelas podrían venir acompañadas de su propio pack temático. En este caso no hubiera estado de más un trozo de nariz disecado, dos chinches vivos y un microgramo de LSD.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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