El balcón en invierno, Luis Landero

El balcón en invierno, Luis Landero

El balcón en inviernoQuerido Luis:

Hace un frío de pelotas, tenemos una tormenta en Madrid hoy 25 de noviembre  y acabo de terminar tu novela, más jodido de lo habitual con tus artefactos. Es verdad que el tiempo no acompaña para el veredicto axiomático,  pero vaya churro te ha salido. Gracias al buen hacer de Revista Tarántula tenemos salvoconducto para conseguir novelas y en estas credenciales de ir de críticos de salón y chinobirra, en definitiva de listillos de taberna, a veces elegimos Henry James, a veces Cossery, a veces promesas deslumbrantes ( Juan Gómez Bárcena ) y a veces un aspirante es un coñazo impenitente, y un clásico es un recuerdo desganado por mucha obra maestra que sea, y no hay forma de tocarle los cojones porque se fue a buscar las tablas hace más años que la tana.

En el lance con El Balcón en Invierno, te ha salido muy bien la jugada. Has ganado. Y ahora viene lo jodido: has escrito una de las mejores novelas en la historia de la literatura española, es noviembre de 2014 y estás vivo. A ver cómo quieres tú que no piense yo que te vas a descojonar cuando los de Tusquets te den aviso de nueva crítica. No creas que no es jorobado.

Los churros son el éxtasis. Los tuyos.

Sé que la gravedad, la trascendencia de las novelas de grandes editoriales también está en las críticas de los medios culturales más relevantes. Babelia. El Cultural. ABC. Todo de puta madre, que si el desván de la memoria, que si tienes que volver a la infancia para encontrar al escritor, que si desenredar recuerdos. La literatura, la verdad, la retórica de la ficción, el álbum de fotos de toda una vida. Y luego te pondrán la hostia de tinteros , y de estrellas, y de sobresalientes, y hala a dar clases magistrales a los chavales de las escuelas de escritores y a beberte el whisky de los apoderados del liceo en cuestión.

Pues yo te voy a contar el delirio éste de la lectura, desde que un transportista que parecía el del medio de los Chichos me entregó el libro en un plazo de menos de 24 horas tras mi solicitud a la editorial. Leer es un estadio curioso. Leer por leer, no leer por saber, ni por escribir, ni escribir para leer. Leer como quien se bebe una caña y se come una banderilla picante. Actos maquinales, reflejos como el simple y tan importante hálito para vivir. Leer, sin más, ese tipo que lee para nada y por nada, es el puto amo de la literatura. Leer para soñar y vivir, como el primo Paco. Menudo inventor. Embebido en la épica, y esa perseverancia que tiene tu literatura con las mentiras verdaderas.  Merci Luis Landero. El trasfondo, el viso de tu obra es la verdad de la vida. Te sales:

Fuera de eso, y salvo que se escriba, porque lo que no se escribe se pierde sin remedio, recordamos si acaso un olor, un sabor, un gesto, un rostro, la pesadumbre de una lejana tarde de lluvia, y a menudo queda tan solo una sensación casi inefable, una sensación que es la experiencia destilada en el alma y hecha ya sentimiento. 


A ver , cómo decirte que eres el puto amo de una forma curiosa sin que un escritor resentido o un lector del saber piense que te estoy lamiendo el bálano. Si Extremadura fuera Normandía , y París, Madrid, te digo yo  a ti en plan dando un golpe con la caña en la barra del Sidi , que el Patrick Modiano ése te llamaría por teléfono para ir a la mejor brasserie de Étienne Marcel a tomar Veuve Clicquot con ostras, y luego te echaría la bronca porque tú no le llamas nunca, siempre él. S’il vous plaît Louis.

Y os ponéis estupendos.

Por cierto, este mes he tenido que ir a París, y Modiano lo tiene petado. En las marquesinas de los autobuses, en todo el medio de Place de la République, en el Metro  y en  los cafés de las putas de Strasbourg – Saint Denis. Igual que en Madrid. Con Cristiano Ronaldo y Dani Rovira. Pero no eres francés. Aquí la literatura contemporiza a la temática de la realidad social, y toca sufrir.

A veces me pregunto por qué caminos, por qué atajos, por qué oscuros designios del azar he llegado yo a ser escritor. ¿Por qué?


Juegos de la Edad Tardía era cojonuda. Esa metamorfosis de Gregorio en Faroni, cómo te mola la gente gris con inquietudes líricas, aventureras, la improcedencia de la quimera, la lucha por el mito. Eso te pone mucho. Retrato de un Hombre Inmadurootra vez con los misterios de la vida, otra vez a descojonarnos a llorarnos con el tipo lunático-reflexivo. Caballeros de la Fortunamás personajes de ésos que te gustan, de darles un abrazo y una hostia, el árbol de causas de la vida. Y más; vale , con tu obra me lo he pasado como un bombero torero en los cubatas de la romería.  El Balcón en Invierno, no es una obra maestra porque hayas hecho la portada de Interviú de las novelas de Landero, que te has despelotado. Así, en plan le voy a enseñar las tetas a la primavera. Sincera, hermosa, la llaman por ahí.

Luis, a mí tu novela, me deja una impronta muy clara. Yo creo que se parecen mucho las vidas de la gente. Los fervores, las excitaciones, los dolores. Incluida la existencia de cualquier colega del bar Asturias que escucha la tertulia de la COPE , bebe licor barato y arregla por un menú de 9,50 el inodoro de la cisterna, pero tú escribes mejor que cualquier cuñado de taberna y valga la pretensión y los designios de la vida, mejor que cualquier escritor de Planeta (también sé que tu vida ha sido más excitante que la de Montoro y Chabelita). Y uno de los motivos por los que eres grande es que no te va la vida en los destellos de la prosa, ni en crear unas alegorías de la hostia para quedarte con el personal. Tú vas al restaurante bueno y pides unos huevos con patatas aunque tu cartera prosaica sea la leche en verso. Entonces te sale una obra maestra que no va de gran cosa, pero su esqueleto, ese armazón de nostalgia, de vida, de madre, de padre, de Paco, del abuelo Luis, del maestro Agujero, de la tía Cipriana, de Sofía Loren y el baile de Moscú, del tío Ignacio y sus lumbres altas, del miedo y la familia, del amor a la vida y a los libros es la obra del corazón y el talento.

Con tu modulación, tu épica, tu romance adolescente con la vida ; vale como un crío escribiendo como los ángeles del cielo. Jugando a la ventura, apostando por la felicidad, esa coordenada de la desgracia.

Y luego está la realidad, esa especie de inquietud por la veracidad, y en El Balcón en Invierno hay una adhesión de verdad que doy por firme aunque sea por lo graciosa y puta que es la vida, más por lo fatídico que por la comedia. El universo costumbrista de la humanidad que guarda un dolor en su silencio y una gesto hilarante en una copa de vino o en un invento del primo Paco.  Las pocas mentiras que haya en tu novela me las he creído de pe a pa. Joder, ahí está el matiz de la verdad universal.

… y uno podía vivir a su albedrío, subirse a los árboles, bañarse en la alberca, cazar ranas y grillos, perseguir perdigones, correr y correr sin cansarse jamás, incluso bajo el sol implacable de la siesta, el joven corazón invencible enamorado de la vida como quizá no volvería a estarlo ya nunca…

Mi primo Paco, el escultor, el pintor, el inventor, el guitarrista, el torero, el zahorí, el cazador y el pescador, el electricista, el mecánico, el que todo lo sabía y todo lo podía, el versado en los misterios, el que no se cansaba nunca de soñar y vivir. 

Cualquier día de estos me pego un tiro, porque a mí ya me da igual vivir o no. Así que ahora entiendo algo del significado de aquel tango (<<Adiós, muchachos, compañeros de mi vida>>) que un día le oí cantar en soledad con mucho sentimiento. Ahora sé qué compañeros eran aquellos a los que tanto añoraba, y la honda tristeza del adiós. 

Y como desestimo el aburrimiento de cada una de las 245 páginas de El Balcón en Invierno, y me hallo en la autocracia del hallazgo, cualquier trazo de la breve distancia de esta novela me ha resultado lo suficientemente conmovedor  para sentenciar su extraordinaria magnitud literaria (aunque me esté poniendo un poco divino de la muerte). Todo ha sido palabra a palabra, qué bonito, joder, sin clichés , sin dos ojos como dos soles , sin enjuto y cadavérico. Delirio. Literatura de precipicio. Puto amo.

Si no tienes que quedarte a cuidar los chivos, todo tuyo.

Un balcón en invierno, Luis Landero,

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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