El autobús de la playa

El autobús de la playa

Le pregunté la hora a la salida de la biblioteca pública. Ella me miró y me dijo que no llevaba reloj, pero que podíamos caminar juntos hasta el parque.

Hacía una bonita tarde de mediados del mes de septiembre.

A principios de octubre quise llevarla a una playa lejana. Nos acercamos a la estación de autobuses hablando sin parar y perdimos el único que conducía a la playa; el problema es que no salía otro hasta un año después. Alargué el brazo al primer taxi que pasaba por allí y le pedí que siguiera al autobús y lo adelantara; así podríamos cogerlo más adelante. El taxista sonrió condescendiente, pero nos aseguró que habría más pasajeros a lo largo del trayecto. Le dijimos que no nos importaba. En los siguientes minutos varios hombres y mujeres subieron y bajaron del taxi. Hablamos con ellos, intentamos conocerlos y caerles bien. Como era previsible, el taxi adelantó al autobús y ella y yo lo esperamos en la siguiente parada. Poco después ocupamos los únicos asientos que quedaban libres. Sonreímos felices hasta que nos miramos a los ojos; de pronto nos habíamos convertido en dos ancianos.

No te preocupes, dijo ella convencida. Aunque no llevo reloj, sé que nuestro amor es eterno.

Y nos besamos al llegar al parque.

(La foto es de la película “Spring”, 2014, de Benson y Moorhead).

http://sotelojusto.blogspot.com.es/

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

5 comments

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    Un relato apasionado donde el amor vuelve a ser el tema principal de los cuentos que integrarán el siguiente libro del autor, “Cuentos de los Otros”; en el discurso narrativo en primera persona trascurre de la misma forma que en los relatos de Cortázar en donde el realismo fantástico y mágico se da por excelencia. Así, las realidades se intercambian, un juego de los espejos donde se reflejan sus mentes y espíritus, donde aparecen y desaparecen, dejando el Alma en escena y de nuevo, una vez más, aparece un salto en el tiempo hacia el futuro. El autor utiliza un código axiológico de la narratividad en el que aparece el viaje en autobús y taxi a través de diversas paradas; el código epistémico del relato discurre con la búsqueda del enigma en donde el autor en breve período de tiempo (septiembre, octubre…) aparentemente lineal, salta por ciencia infusa a la ancianidad. El cuento tiene ciertas elipsis o trozos de historia suprimidos, huecos del lector que según la Teoría de la Recepción, Iser propondría que cada lector que se acercase al cuento interpretara y rellenara la historia creando y confabulando los detalles pertinentes, en donde el sumario se condensa el tiempo de la historia y por último, la escena a los ojos del lector se mueve en la pura irrealidad. El cronotopo de Batjín es el modelo que adopta Sotelo al estilo borgeano.

    Te regalo, autor de la ficción Justo Sotelo otro relato desde Noruega y te mando un beso.

    “Esperé, esperé tanto en el andén del tren que mis fuerzas se desvanecieron cuando vi que nos llegabas. Permanecí sentada en un banco, mirando a todo el mundo que llegaba, a todos los trenes se paraban en ambas vías y todo fue en vano. No llegaste. Pasaron las horas y la estación quedó vacía y las luces en penumbra, los andes sucios y llenos de pisadas, las papeleras repletas de papeles. En mitad de la noche, empezaron a limpiar y a componer de nuevo la estación para el día siguiente. Alguien se acercó a mí y se me quedó mirando fijamente. Era un señor mayor, que me resultaba familiar y cercano. Me miró y me besó. Yo no sabía quién era pero descubrí que le quería sin saber por qué. Llevaba el mismo reloj que llevabas siempre tú, la misma camisa y la misma chaqueta de cuadros; desprendía un olor suave y dulce, fresco tal vez, el mismo que el tuyo. Entonces me pregunté: ¿quién es este hombre?

    Miré los carteles de la estación y todos eran del 2005, me acerqué al quisco de periódicos y revistas y todas eran de abril del 2005. Miré mi reloj, me asusté y me horroricé pensando qué me había pasado. El reloj tenía las agujas en el mismo lugar que el de la estación pero, el año no era coincidía con el de mi reloj. Habían pasado cuarenta años más y, sin embargo, yo seguía esperando al hombre que tanto amaba. ¿Llegó bastantes años más tarde o, simplemente yo había permanecido cuarenta años esperando lenta y pausadamente sin saberlo? ¿Qué me había ocurrido?

    Pero a pesar de su vejez, yo le seguía amando y le seguía queriendo, le seguía recordando cómo le había conocido y realmente, como fue siempre. Le cogí de la mano, le abracé y aunque yo no había envejecido esos cuarenta años, me quedé mirándole, y le besé”.

    Un abrazo Justo!

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  • Justo

    Estupendo y acertado comentario, Almudena, como cada semana. Tu cuento también tiene mucho que ver con la historia. El estilo es distinto pero el sentido semántico es similar. Muchas gracias. Un abrazo.

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    Vaya sorpresa… O el amor esta muy bien o el transporte esta muy mal jaja excelente Justo no soy de llegar desprevenido al final pero esta vez me sorprendiste… (iba distraido en uno de los asientos de atras)

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    mientras caminaban hacia el parque
    en la cabeza del muchacho
    se fragua el cuento o
    más bien los versos
    danzarines y salados

    su sentir creaba imágenes sucesivas
    alrededor de los tiempos y el Tiempo
    en torno a las playas con arenas
    y la playa sin rostros pero
    con el Amor eterno
    que se fraguabasa en su interior

    Roranna

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