Dos días, una noche (Deux jours, une nuit), de Jean-Pierre y Luc Dardenne

Dos días, una noche (Deux jours, une nuit), de Jean-Pierre y Luc Dardenne

El rodaje de Dos días, una noche (Deux jours, une nuit) fue precedido de un trabajo preparatorio, ensayos filmados, con cada uno de los actores de la película. Se trata de un método de trabajo adoptado a conciencia por los hermanos belgas Dardenne, co-directores del film.

Si nos dejamos llevar por el ritmo de la película, aún sin implicarnos emocionalmente en la lucha de los trabajadores por conservar su puesto en un entorno de frenética búsqueda de la máxima productividad, nos daremos cuenta fácilmente de cuán acertado es este método.

Junto con el rodaje previo en los escenarios naturales, rodando en vídeo, constituye una muestra de empatía y solidaridad simbólicas con el espíritu combativo que infunde la película. No es cuestión de luchar por bandos, aquí son todos perdedores, a su manera, incluido el director de la empresa, el Sr. Dumont, Baptiste Sornin, en la que trabaja Sandra, Marion Cotillard, protagonista.

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Marion Cotillard, protagonista de Dos días, una noche.

Pero no se trata de describir la historia de una caída en los abismos, al contrario, la historia es sencillamente de redención, de curación de las postrimerías de su depresión, la de Sandra. Coaligada en todo momento con su marido en el film, Manu, Fabrizio Rongione.

Sandra y Manu llevan todo el peso de la película, muy sobria, casi sin apoyatura musical, y sin forzar las situaciones emocionales, que se siguen desapasionadamente pero solidariamente, valga la paradoja. Porque los hermanos Dardenne no buscan el impacto emocional directo sino al bies, producto tanto de la razón como de la emoción, sin apretar las tuercas en ningún momento al espectador.

Marion Cotillard infunde verosimilitud y credibilidad a su papel, en cierto modo de anti-heroína, pues como dice, siente que se comporta como una mendiga que fuera chantajeando a sus compañeros (ex-compañeros, ahora), poniéndoles una pistola en el pecho y conduciéndoles al borde del abismo. Tu dinero, merecido, o mi puesto.

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Sandra y sus dos hijos.

Truco o trato para nada infantil y sí revelador de ciertas líneas de tensión que recorren las relaciones laborales en estos tiempos de renegados económicos. Las relaciones jerárquicas patrón-mandos intermedios-trabajadores y también las relaciones horizontales entre compañeros y, en este caso, una apestada que busca volver a subir al carro de la producción.

Con aliados y enzimas coadyuvantes para la reacción químico-emocional-racional que debe producirse. Y también con elementos retardantes o anti-cooperantes. El caldo de cultivo es el sufrimiento encapsulado, porque aparentemente todo está bien, tudo bem, al brasileiro modo, pero abandonando la superficie se alcanzan los estratos dolientes enseguida.

Es destacable el rol de los actores de origen extranjero, como Timur, Magomed Gadzhiev o Hicham, Hicham Slaoui, que puntúan emocional y ambientalmente el tenor frío o al menos tibio de la película con espasmódicos subidones de temperatura.

Dos días, una noche, retrata bien la ansiedad o depresión en tiempos de crisis económica, dando a cada uno lo suyo. Esto es, mayormente desesperanza. Pero, al tiempo, esperando ansiosamente en ese período anunciado en el título, una señal o al menos un gesto.

Dos días, una noche (Deux jours, une nuit) (2014), de Jean-Pierre y Luc Dardenne, se estrenó en España el 24 de octubre de 2014.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

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