Doña Rosita la Soltera de Garcia Lorca

Doña Rosita la Soltera de Garcia Lorca

El enorme acierto de Joan Ollé a la hora de montar Doña Rosita la soltera (1935)  en el Teatre Nacional de Catalunya es haber situado en el paso del tiempo y la amistad entre las tres protagonistas por encima de la denuncia de la situación de la mujer en los años anteriores y posteriores al cambio de siglo.

Consigue de esta forma Ollé actualizar el texto original sin recurrir a audacias ni a traiciones. El discurso de Lorca acerca de la realidad de las féminas en la sociedad española de provincias de finales del XIX y principios de XX se mantiene intacto: la falta de oportunidades, la obsesión por el matrimonio (y la maternidad posterior, pero a eso ya le había dedicado Yerma) como única manera de realización personal y de ubicación social… Todo está ahí, pero Ollé lo mantiene al fondo, convirtiéndolo en el vehículo de expresión de cómo los 25 años que transcurren en la ficción van afianzando la relación entre tía, sobrina y criada a la vez que devastando las ilusiones y la luz de los primeros tiempos hasta que sólo queda la silueta recortada del trío protagonista marchándose para siempre del espacio en el que intentaron ser felices y, sin darse cuenta, lo fueron.

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“Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores“ en el Teatre Nacional de Catalunya © May/Zircus-TNC

Para lograr su propósito, Ollé cuenta con tres actrices sensacionales a las que dirige con extrema sensibilidad para no adelantar (con la excepción de la prescindible canción de Paco Ibañez en el primer acto) sensaciones y sentimientos venideros. Carme Elías (recién salida de Fum -2013- de Josep María Miró, parece mentira que se trate de la misma actriz, tal es su capacidad de transformación) encarna a La Tía administrando ternura y rigor a partes iguales. Nora Navas transforma la obsesión de Rosita por el amor perdido en desolación ante el paso de tiempo. El inmovilismo y falta de reacción de su personaje (como oportunamente recuerda La Tía en el tercer acto) son tan determinantes de su desgracia como la sociedad en la que se ha educado. Pero es Mercè Aránega la que más brilla de las tres. La actriz encarna a la criada de la familia esquivando las tremendas trampas que tienen personajes como el suyo. Aránega no cae nunca en el costumbrismo, aleja a su personaje de la función comentativa, no pretender ser alivio cómico en ninguna de las escenas sino el pegamento que une a La Tía y Doña Rosita.

Al lado de estas tres grandes damas, el resto del reparto consigue no desaparecer (lo que es mucho). Enric Majó, como El Tío desentona al convertir su personaje (el encargado de cuidar las flores que vehiculan la metáfora del texto original) en un abuelete excéntrico y entrañable y nada más.  Tampoco es especialmente relevante el trabajo de Albert Triola como El Sobrino aunque su personaje sólo importa  cuando está ausente.

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“Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores“ en el Teatre Nacional de Catalunya © May/Zircus-TNC

La escenografía de Sebastià Brosa y la iluminación de Lionel Spycher optan por el blanco con leves incursiones en el violeta y el rojo con los que marcan los momentos de felicidad en los dos primeros actos mientras que el claroscuro elegido para el tercero convierte el escenario en una película en blanco y negro. Sobrecogedora la escena final cuando las tres mujeres salen de la casa deshecha para no volver jamás adentrándose en el desolado jardín que un día estuvo lleno de rosas camino del fondo de un escenario que hasta ahora había permanecido oculto.

Permítanme cerrar está crónica con unas palabras del propio Lorca recogidas en el excelente programa de mano del espectáculo. Están incluidas en su Charla al teatro: “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo”.

Doña Rosita la soltera es un excelente montaje que no debería llamar la atención únicamente del público anciano que, al menos el día en que este cronista tuvo el honor de disfrutarlo, llenaba la sala grande del Nacional.

 

Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores

Autor: Federico García Lorca

Dirección: Joan Ollé

Música original: Paco Ibáñez

Intérpretes: Joan Anguera, Mercè Aránega, Marta Betriu, Enric Cambray, Carme Elias, Oriol Genís, Laura Guiteras, Mireia Llunell, Enric Majó, Nora Navas, Victòria Pagès, Alba Pujol, Candela Serrat, Albert Triola.

Teatre Nacional de Catalunya (Sala Gran) Plaça de les Arts, 1 08013 Barcelona

Del 27 de Febrero al 6 de Abril.

Ayudante de dirección Iban Beltran, Movimiento: Andrés Corchero
Escenografía: Sebastià Brosa, Vestuario: Míriam Compte, Iluminación: Lionel Spycher,
Sonido: Damien Bazin, Arreglos musicales: Dani Espasa, Caracteritzación; Núria Llunell, Ayudanta de escenografía Elisenda Pérez

Producción Teatre Nacional de Catalunya

Espectáculo en castellano

Audiodescripción para invidentes
8 de marzo

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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