Diplomacia (Diplomatie), de Volker Schloendorf

Diplomacia (Diplomatie), de Volker Schloendorf

O de cómo el mal absoluto, omnipotente y autosuficiente deviene humano, y por consiguiente, vulnerable y reconciliable consigo mismo en una solución de misericordia.

París, la noche del 24 al 25 de agosto de 1944. Los Aliados están en puertas. Los alemanes se disponen a la resistencia numantina sobre un mar de escombros. El Louvre, Notre-Dame, la Ópera, los Inválidos, todo devuelto al caos primigéneo. Como Varsovia antes, o Hamburgo, bombardeada en el 43 por los Aliados.

Ante el general Von Choltitz se abre el panorama de los desesperados pero todavía no vencidos y que deben a todo precio evitar claudicar. La voladura de París es un medio para alcanzar un fin intermedio, retrasar unas semanas el avance enemigo y salvaguardar un poco más el Reich.

En este contexto la película Diplomacia, del realizador germano Volker Schloendorf, nos propone una revisitación del dilema existencial y con trascendencia humana que se le plantea al Gobernador Militar de la ciudad.¿Debe cumplir las órdenes superiores y privar al mundo de París?

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El general Von Choltitz.

La obra de teatro de Cyril Gély -co-guionista- en que se basa el film nos propone una noche blanca con resabios de las Mil y una noches. El cónsul general de Suecia, Raoul Nordling, interpretado por André Dussolier debe convencer al general Von Choltitz, Niels Arestrup, de que desobedezca a Hitler.

Es sólo una noche, pero contiene todas las noches al dilucidar un tema universal, el destino de uno de los símbolos de la Humanidad, la ciudad de París. En el diálogo entre los dos personajes el sultán debe sucumbir ante los encantos persuasivos, sucesivos y solapados de Scheherezade.

Está escrito en las estrellas que el hombre no debe morir, al menos mientras le quede una brizna de dignidad y simbólicamente, mediante esta representación, se decide el destino del hombre sobre la Tierra. París no puede caer porque eso significaría la derrota de la Humanidad.

El duelo actoral brilla a gran altura y el montaje de la película se encarga de resaltarlo, desviando aparentemente nuestra atención del meollo de la cuestión, para mejor remarcar la intensidad, la densidad y la trascendencia de lo que se juega en ese duelo.

Diplomatie

Dussolier y Arestrup.

No puede decirse que haya un punto de inflexión en el diálogo. Como en las Mil y una noches, es un goteo constante, persistente, de carácter hipnótico, el que lleva a deshacer el nudo gordiano de una situación en principio sin salida para dar lugar a mostrar por fin lo mejor del hombre.

La película Diplomacia obtuvo el premio al Mejor Director, en la persona de Volker Schloendorf, en la última SEMINCI de Valladolid. Y Niels Arestrup ganó el premio al Mejor Actor.

Yo creo que no se trata tanto aquí de diplomacia, como hace referencia su título, sino de compasión y redención, al modo en que Abraham, detenido su brazo cuando iba a asestar el golpe mortal a su hijo, por la mano de Dios, se convierte en un padre que un hijo, Isaac, desearía tener.

Porque no es la muerte del padre, sino la muerte del hijo, de lo que aquí se trata.

Diplomacia (Diplomatie) (2014), de Volker Schloendorf, se estrenó en España el 14 de noviembre de 2014.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

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