De un país en llamas

De un país en llamas

De las distintas huidas hacia adelante que surgieron con la finalidad de seguir haciendo progresar el rock tras la estrategia de tierra quemada que impuso la eclosión del punk, hay dos que me resultan especialmente atractivas: una es el ruidismo, ese caos controlado solo gracias a la armonía; la otra es la apertura hacia otras músicas en busca de las raíces comunes a la música popular en distintas latitudes. Este último camino es el que tomaron Radio Futura después de ese primer disco, Música moderna (1980), que contenía todos los estereotipos del pop de la movida. Música moderna fue un artefacto de punk nuevaolero y glam rastafari surgido en la mente de Herminio Molero, artista plástico y visionario de la radiofórmula.Era directo y pegadizo, pero retrospectivamente se ve que no era Radio Futura. Con Molero y su acólito Javier Pérez Grueso fuera de la banda y con la tranquilidad que supuso la ruptura del contrato con su primera discográfica grande, los hermanos Auserón y Enrique Sierra tomaron las riendas del asunto y empezaron a materializar ese ambicioso proyecto teórico de Santiago que consistía en sumergirse en las raíces profundas del rock and roll con el objetivo de elaborar una música rock autóctona que no resultara artificiosa y recuperase su carácter de manifestación festiva y bailable de la cultura popular, de voz libérrima de los que nunca tuvieron el poder ni ejercieron el control, de expresión sonora de la negritud.

La ley desierto/La ley del mar (1984) es la primera tentativa (exitosa) de llevar al terreno de los hechos esas abstracciones teóricas y La canción de Juan Perro (1987) la culminación del proyecto: una perfecta fusión del rock y el son con los acentos exquisitamente colocados. De un país en llamas (1985) es el disco que se encuentra entre ambos, y es considerado por algunos críticos como una obra de transición, con un sonido demasiado dejado de la mano de sus productores ingleses y un excesivo barroquismo en forma de adornos electrónicos o africanos. A mí sin embargo es el álbum de Radio Futura que más me conmueve. Bendita transición, pues no se asienta sobre una forzada amnesia, sino que asume todo el peso del pasado sin dejar de mirar al futuro, y así se convierte en atemporal.

En Radio Futura las letras y la manera que tiene Santiago Auserón de cantarlas son signos cruciales en la construcción de su identidad sonora. Aquí todavía la premisa poética radica en lo críptico, en dejar abiertas las interpretaciones con unos versos cuyo significado no sea del todo transparente. Hay sin embargo imágenes muy poderosas y no especialmente introspectivas; es la calle lo que se dibuja, es allí afuera donde surge el deseo y donde el conflicto está latente y a veces aflora: en la plaza del pueblo, en el patio de vecinos, en la frontera.

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Pero lo más llamativo en De un país en llamas no es lo textual, sino lo musical. Aquí, como en La ley… y en La canción de Juan Perro, se rastrean las huellas sonoras de la tradición en Cuba y en el Delta del Mississippi, pero también se remueve mucha tierra africana, lo que pone en primer plano los polirritmos y la percusión. Es inevitable pensar escuchando este disco en el Remain in light (1980) de Talking Heads; incluso las portadas de ambos elepés guardan cierta afinidad. Sin embargo, mientras la obra de David Byrne, Brian Eno y compañía es inasequible al desaliento respecto a los polirritmos africanos y las capas superpuestas de instrumentos, De un país en llamas es menos riguroso y en consecuencia más cálido y cercano a la calle. Además, su ritmo es implacable y su combinación con la experimentación sonora que sale de las brutales guitarras de Enrique Sierra y de los detalles electrónicos hace de este disco una obra mágica.

A algunos exégetas de la banda les resulta demasiado fuerte la tentación de trascendentalizar su música acudiendo a conceptos tomados de los popes filosóficos de la postmodernidad. Recurrir a lo «rizomático» o a la «territorialización/desterritorialización» para tratar de explicar De un país en llamas quizá sea necesario si se quiere llegar a la esencia del camino tomado por Santiago Auserón en Radio Futura y en sus proyectos posteriores, pero se corre el peligro de olvidar que el rock es una música menos racional que física y emocional, que incita al baile y a la euforia. De un país en llamas lo consigue sin caer en lo trillado y si trasciende no es por lo que ofrece dentro del mundo de las ideas sino por su materialización en una música original, conmovedora y bailable.

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