¿De qué lado estás? LP y cassette vs iPod y mp3

¿De qué lado estás? LP y cassette vs iPod y mp3

Definitivamente me estoy haciendo viejo. Cada vez que hablo de música con alguien me delata mi apego por lo antiguo. Sería un estúpido si obviara el talento de tantos y tantos buenos artistas de los últimos años. Mi afán por encontrar lo bueno aún sigue intacto. Pero no hay nada como disfrutar de la “mítica trilogía para ser feliz”; una regla no escrita para todos los tíos/as, compuesta por tres factores fundamentales: un “garito” con buena música y amigos. Este cóctel nos ha dado noches gloriosas a unos cuantos de nosotros. La última tuvo lugar en el Travelling Bar de Lavapiés (juego de palabras del tema “Travellin’ band” de Creedence), glorioso bar de encuentro entre el rock’n’roll y nosotros.

Entre canciones salió a relucir el sinuoso tema de “¿qué suena mejor un LP o un CD?”. La diferencia de edad sí que es importante cuando entramos en este terreno. Los que rondamos los cuarenta siempre seremos fieles al disco LP mientras que mis amigos veinteañeros en su mayoría se decantan por el sonido digital. Esto no quiere decir que ambos no disfrutemos de las dos cosas. Lo que sí me costó explicarles es que lo que a ellos les puede parecer “ruido” (ese sonido a fritura característico del paso de la aguja por el disco) a mí me suena a gloria. La conversación fue derivando y terminó en lo que hoy se va a convertir en este artículo titulado: “Walkman. La evolución del reproductor musical portátil y sus consecuencias”. 

La sensación que transmite la música en nuestra vida cotidiana hizo que alguien pensara en la posibilidad de llevársela a todas partes, no sólo disfrutar en casa o locales específicos. Hay que remontarse a 1979 para que SONY creara el Walkman, primer reproductor musical portátil de la historia. Por primera vez podías llevarte tú música a todas partes. Lo que hoy puede parecer una tontería y que forma ya parte de nuestra rutina diaria, supuso un cambio cultural considerable. Aunque por entonces el rito de grabarte tus cassettes para luego transportarlas se convertía en obsesión (de ahí las montañas de cintas que duermen en el trastero de nuestras casas, esperando resurgir mientras uno se empeña en tratarlas como joyas). Recuerdo pasar tardes enteras grabando y grabando discos a cintas como un condenado. A veces eran tus compras más preciadas y otras préstamos de amigos con notitas tipo (“con vuelta o te despellejo”). Lo que ahora es enchufar tu ipod o mp3 para luego darle a descargar antes suponía una completa sintonía entre tú y varios componentes. El primero tu relación con el tocadiscos. Ese gran amigo tuyo, compañero al que has hablado multitud de veces y su amiga la aguja a la que has maldecido otras (si la aguja era mala ya podías rezar para que no saltara). Luego estaban los botones de play, stop, pause, rewind, forward y rec. Estos símbolos, ya en la retina de todos, eran cruciales a la hora de sincronizarse. La paciencia era una virtud si se tiene en cuenta que debías estar presente cuando se transmitían los datos de LP a cassette; si por ejemplo tenías seis discos para grabar eso te llevaría una media de una hora por disco. Es entonces cuando te daba tiempo a escribir los títulos de las canciones y decorar las carátulas; ojear esos LP’s y sus portadas, mirar el disco y los surcos… en definitiva, disfrutar de la música que estabas grabando. Hoy en día puedes llevar 20.000 canciones en tu reproductor en el espacio de una cajetilla que estadísticamente nunca vas a llegar a escuchar todas. La variedad de que disponemos ahora es algo que ya hubiéramos deseado en los 80 o 90. Antes tenías dos opciones: o cargar con cassettes a todas partes (inolvidables los viajes en coche con un saco de cintas más grande que tu equipaje) o hacerte la clásica cinta variada que ibas enumerando años tras años. Por no hablar del drama de la muerte de las pilas y sin la posibilidad de comprar otras.

Volviendo al tema de qué suena mejor, si el LP o el mp3, sirvan de muestra estas imágenes tomadas con microscopio electrónico de los surcos de un disco de vinilo (LP aumentado 500 veces, izquierda) y de un disco compacto (CD aumentado 20.000 veces, derecha) que fueron obtenidas por Chris Supranowitz, un investigador en el Instituto de Óptica de la Universidad de Rochester.

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Según Wikipedia, la técnica que se usa en LP’s para lograr grabar música en estéreo deja un surco asimétrico de tal forma que “los movimientos laterales representan la suma de los canales estéreo y los movimientos verticales representan la sustracción o resta de ambas señales”. Esos puntitos negros son el polvo microscópico pegado por electricidad estática a la superficie (ese pequeño calambre que muchos hemos sufrido al tocar el disco y principal motivo de la “fritura” del sonido del vinilo).Ya en el mundo real y dejando aparte consideraciones científicas, siempre me quedaré con las palabras de un dependiente de “mi” tienda de sonido, en Barquillo (calle mítica para los amantes del “sonido” con mayúsculas), en donde mi hermano se gastó sus ahorros (medio millón de pelas, 3.000 euros de hoy) en adquirir un ampli y un par de bafles. “si te fijas en una canción extraída de un CD puede ocupar entre 20 y 30 Mb mientras que un archivo mp3 sólo contiene 5Mb. Cuánta más información más calidad”. De ahí que cada uno saque sus propias conclusiones. De momento parece que el vinilo ha resurgido con fuerza en los últimos años, si nos atenemos al dato aportado recientemente por la BBC World, que  revela que en 2011 se vendieron casi un 40% de discos más que el año anterior.

Aún estás a tiempo de, por ejemplo, comprarte cualquier disco de Led Zeppelin’ (los he visto a 5 euros), buscar el tocadiscos de tu padre o simplemente conformarte con darle al play.

Autor

Oky Aguirre
De padre periodista, la fascinación por la prensa escrita ha sido constante durante toda su vida. Recién cumplida la mayoría de edad comenzó a trabajar en el diario MARCA como redactor, labor que realizó durante cinco años, lo que le permitió conocer los entresijos de la prensa y el mundo editorial. Hablando de música aporta frescura, polémica y opinión, siguiendo las pautas de maestros como Diego A. Manrique, Javier Marías, Millás o Haro Tecglen.

One comment

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    Obviamente un vinilo reproducido en un aparato de calidad y estando todo en perfectas condiciones obviamente suena mucho mejor que un mp3.

    Si comparamos un vinilo con un CD pues ahí ya es más complicado en mi opinión decir cual suena mejor. Yo tengo un equipo de gama media y en varias ocasiones hice la comparación del mismo disco escuchándolo en vinilo y en CD al mismo tiempo y la verdad me resulta difícil decir cual suena mejor, con lo cual está claro que anda la cosa muy pareja. También es cierto que el mantenimiento del cd tanto del reproductor como del disco es mucho menor que el de un vinilo, ya que los vinilos hay que conservarlos muy bien así como su aguja para mantener una buena calidad de sonido.

    De todas formas yo me quedo con el vinilo porque me resulta más agradable ver el disco girar, mover el brazo, las portadas grandes de los discos…

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