Darwin va a la compra

Darwin va a la compra

Mark Nelissen se propone en Darwin en el supermercado (Ariel, 192 pp., 17 euros), a través de un libro redactado en una prosa versátil fácilmente digerible, aventurarse por el paisaje de la conducta humana, en una serie de capítulos que pueden ser leídos de forma independiente sin perder su hilo común: descubrir nuestra verdadera naturaleza y comprender mejor quiénes somos a la luz de las tesis darwinianas.

¿Alguna vez os habéis preguntado por qué dejamos propina en los restaurantes, si nos diferenciamos tanto como pensamos del resto de los animales, hasta qué punto las enfermedades sirven como elemento socializador, o qué efectos tiene la borrachera en su relación con nuestra evolución como especie?

¡Cómo nos hemos afanado por distinguir definitivamente al hombre de los demás seres vivos!, asegura Nelissen, y qué frustrante resulta comprobar una y otra vez que el estudio comparativo con otras especies invalida las características consideradas típicamente humanas.

El autor de Darwin en el supermercado apunta que los libros científicos y eruditos sobre evolución son necesarios para hacer progresos en biología, pero, a la vez, albergan dos grandes defectos: primero, que tales obras se escriben en su mayor parte para los colegas científicos de turno, sin tener nunca en cuenta al lector profano en la materia; y después, introducen la falsa creencia de que, en honor a aquella dificultad de sus escritos, es necesario hacer uso de laboratorios, complicados instrumentos y elaborados discursos para acercarse a las particularidades del comportamiento humano. Muy al contrario, Mark Nelissen nos ofrece en estas páginas

un pedacito de ciencia fácilmente digerible antes de irse a la cama. No hace falta nada más para aprender de forma relajada algo nuevo sobre nosotros mismos.

Aunque no lo parezca, el mejor lugar para hablar sobre evolución y etología es aquel donde todos estamos expuestos a la mirada ajena: por ejemplo, la terraza de un bar. Nuestro lenguaje, oral y escrito, presenta fósiles de conductas milenarias: “para descubrirlos solo hay que escuchar lo que dice la gente y cómo lo dice, leer lo que escriben, prestar atención a lo que les preocupa y a las preguntas que hacen”. Somos nosotros en nuestra vida cotidiana, sin necesidad de introducir condiciones experimentales, los mejores ejemplos de la biología de la conducta.

¿Pero de qué puede servirnos el darwinismo, si no es para descubrir la terrible lucha que se esconde tras el comportamiento de cada uno de nosotros? Lejos de tal planteamiento, Nelissen sugiere que acercarnos a las tesis de Darwin proporciona una herramienta extraordinariamente valiosa para adquirir un conocimiento exhaustivo del fundamento de nuestro ser: “explica nuestra procedencia”, asegura el autor. Y no sólo como individuos, sino como sociedad: la tecnología no ha progresado al mismo ritmo que nosotros, y a causa de esta falta de equilibrio no solo mostramos conductas extrañas, “sino a veces incluso peligrosas y reprobables: una agresividad desbordante, violencia sexual, opresión, actitudes egoístas…”. Quizás la unión de la biología y la psicología, explica Nelissen, pueda contribuir a redirigir estas patologías, y en tal sentido, contribuir de la mano del darwinismo a un incremento de nuestra felicidad…

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Licenciado en Filosofía, Máster en Estudios Avanzados en Filosofía y Máster en Psicología del Trabajo y de las Organizaciones. Editor y periodista especializado. Twitter: @Aspirar_al_uno

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