“Dallas Buyers Club”, de Jean-Marc Vallée

“Dallas Buyers Club”, de Jean-Marc Vallée

¿Qué película es Dallas Buyers Club? Un derroche interpretativo de Matthew McConaughey, un drama social de tintes heroicos, una cinta de superación personal con el premio de la supervivencia un día más, la lucha del antihéroe contra el sistema representado por la Federal Drugs Administration.

Dejadme haceros una confidencia. A mi me ha sabido a historia nostálgica de amplio espectro, a magdalena proustiana para remontarme a los años 80 en que está situada la acción del film. Y con esa impresión, de andar sobre alguna alfombra mágica, bastante remendada y ya bastante desgastada por el uso, he salido de esta proyección.

Porque yo, el cronista, confieso que he vivido los años 80. Y recuerdo la atmósfera que en ambientes propicios rayaba el desespero con mayor o menor desgarro, según la cartografía emocional que se contemplase. El SIDA aleteaba como ave de pésimo agüero por todos los recovecos de la noche y de más de un día.

Tiempos idos, vistos desde la perspectiva actual cuando el VIH, en Occidente, no mata a nadie, o a casi nadie, contenido en sus impulsos destructivos por varios cócteles de fármacos previsoramente dispuestos por el complejo médico-farmacéutico. Sí, otros tiempos que dibujan otra época, ¿otra era histórica? El siglo XXI empezó para muchos alrededor de 1996 cuando empezó a propagarse el primer cóctel de antiretrovirales eficaz.

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El director Jean-Marc Vallée, en un momento del rodaje de “Dallas Buyers Club”

“Dallas Buyers Club” es, por tanto, una máquina eficaz, que retrata a una generación que contaba con muchos muertos vivientes, y muchos muertos, a secas. La película, además de máquina del tiempo, es sabia en muchos de sus resortes.

Comienza contándonos una historia de vacío y desespero que, sostenida por el conocimiento personal y el aprendizaje, se convierte en toda una loa, más o menos speedica, a la lucha por el sostenimiento de un proyecto que, al principio encarnado en una sola persona, Ron Woodroof, interpretado por Matthew McConaughey, pasa por diversos hitos y relevos entre los que destaca la actuación de Jared Leto, Rayon, hasta convertirse en una gran acción social y humana, eso sí, siempre humana.

Podría verse como la historia de la redención de Ron Woodroof, electricista y cowboy, alcohólico, drogadicto en general y propenso al sexo sin protección, dedicado a su meticulosa autodestrucción por medio de la jarana y la diversión excedida. Cuando se le diagnostica el SIDA comienza un nuevo calendario en que cada día ganado no es un día perdido también, como se podría ver en una vida corriente. Ron lucha a muerte, a brazo partido por sobrevivir y ese propósito benéfico conlleva una onda expansiva y plural que arrastra a toda una marea humana en su estela.

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Mathew McConaughey es Ron Woodroof en “Dallas Buyers Club” de Jean-Marc Vallée

La muerte que le espera con los brazos abiertos llegará, sí, pero ya se encontrará con otro hombre muy distinto de aquel con el que tropezamos en el punto de partida de la película. Ron consigue encabezar un movimiento, anarcoide se podría decir, que consiste en el establecimiento del Club de Compradores de medicamentos alternativos contra el SIDA, importados trabajosa y clandestinamente de medio mundo en lucha siempre contra las restricciones legales que impone la FDA, agencia nacional americana del medicamento.

Punteada de momentos cómicos y recaídas dramáticas, Dallas Buyers Club aúna en su ímpetu expansivo espirales de negrura y  espirales de claridad que se suceden, y a veces se entremezclan con buen rigor narrativo y excelente dirección del canadiense Jean-Marc Vallée. El guión, impecable, es de Craig Borten, que logró entrevistar a Woodroof un mes antes de su muerte, en 1992.

La película ha sido ganadora de premios Oscar, entre ellos al mejor intérprete masculino, Matthew McConaughey, y al mejor actor de reparto, para Jared Leto.

Dallas Buyers Club nos enseña cómo la superación, un tipo de narración al cabo, se ve premiada en ocasiones con la muerte, emblema de lo insuperado, pero no insuperable.

Dallas Buyers Club, de Jean-Marc Vallée, se estrenó en España el 14 de marzo de 2014.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

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