D’A 2025: Peacok de Bernhard Wenger y La vida en pausa de Alexandros Avranas.
Por NACHO CABANA.
Peacock de Bernhard Wenger.
La primera película que hemos visto en el D’A 2025 es una comedia autriaco-alemana de la que jamás podría hacerse un remake en España. Primero porque tiene un tono muy germánico donde los momentos de humor dependen tanto de la mirada que el espectador proyecte sobre estos como de la de su director y guionista. No hay chistes verbales, no se subrayan las situaciones cómicas, el protagonista no tiene vis cómica alguna, no se busca -en definitiva- en ningún momento complacer al espectador haciéndole cosquillas. Y segundo porque cuenta la crisis de identidad de un hombre sin personalidad.

Narra Peacock (pavo real es la traducción) el periplo hacia la soledad de Matthias (muy acertadamente interpretado por Albrecht Schuch) un tipo llegando a la cuarentena que tiene junto con su único amigo una agencia que se dedica a alquilar personas para que cumplan un rol falso, principalmente en eventos sociales. El hijo modelo con el que un empresario quiere lograr la presidencia de su asociación profesional, el novio gay de un aspirante a alquilar una casa cuyo propietario apuesta por la “diversidad” en sus inquilinos etc. Además de socio, Matthias es uno de los “alquilables”. No se trata de escorts, ni de coaches; sino algo parecido a los actores que acompañaban a Juan Luis Galiardo en Familia de Fernando León de Aranoa o al grupo protagonista de la serie Los Simuladores en sus diversas versiones latinoamericanas y española.

Wenger no se enreda con peripecias derivadas del trabajo de su protagonista sino que usa tan singular actividad profesional para ir marcando el progresivo abandono al que su entorno va sometiendo al protagonista, empezando por su esposa. Una caída vital producida por un efecto dominó donde nadie tira la primera ficha y donde ni siquiera las máquinas acaban obedeciéndole.
Lástima que Peacock apueste en su crítica al esnobismo y a determinadas actitudes del arte contemporáneo por ser demasiado mimética a The Square de Ruben Östlund, sobre todo en el clímax donde visualiza la resurección de Matthews.
Con todo, un muy buen debut de Wenger que ganó con esta pelicula el premio Premio Fondazione Fai Persona Lavoro Ambiente en Venecia, fue considerada mejor ópera prima en Estocolmo y se hizo con el Premio especial del Jurado Joven y el Premio del público en Les Arcs.
Vida en pausa de Alexandros Avranas.

Habitualmente, odio las películas con la palabra “vida” en el título pero hay que reconocer que en el último trabajo del director de Miss Violence su uso no podía ser más adecuado.
Avranas leyó en un artículo de New Yorker un artículo acerca del “síndrome de resignación” y le sonó, como a nosotros al verlo reflejado en su película, a ciencia ficción. Se trata de un coma que afecta principalmente a menores entre los 8 y los 15 años que viven esperando el estatus de refugiado en países que no son los suyos, “que les dan todo pero no les dejan usarlo”. No mueren a no se que tengan otra dolencia o un infarto y “vuelven a la vida” cuando retornan a unas rutinas agradables no condicionadas por la espera permanente de algo que a lo mejor no llega.

Les ocurre sobre todo, según explicó Avranas en el Q&A tras la primera proyección de su película en el D’A 2025 a rusos que viven en Suecia, país donde se desarrolla la acción de La vida en pausa.
La ansiedad y desesperación que los adultos proyectan en los menores, el miedo a ser devueltos a un país que les ha agredido y puede seguir haciéndolo, la inexistencia de un círculo social no relacionado con su condición de aspirantes a ciudadanos son retratados por Avranas muy a la manera de cine griego que tantas alegrías nos suele dar en festivales: muchos primeros planos y planos medios, una frontalidad rota por algunas composiciones donde se da preferencia al espacio que oprime a los personajes, carencia de figurantes por la calle (el director aseguró odiarlos) y, sobre todo una dirección de actores donde (casi) toda la tensión y la emoción está contenida bajo la misma capa de docilidad que la humanitaria Europa occidental exige a los que quieren integrarse en ella.

Tiene Vida en pausa varias secuencias memorables, especialmente las que tienen lugar en los interrogatorios que los jueces de la ciudadanía someten a la familia protagonista en general y a la hermana mayor en particular. Está el film excelentemente interpretado por Chulpan Khamatova y Grigoriy Dobrygin, actores refugiados rusos en Suecia en la vida real al igual que las dos niñas que ejercen de sus hijas: Naomi Lamp y Miroslava Pashutina; dos menores lituanas acostumbradas a que, en aquel país, cada 9 meses tienen que pasar por una evaluación gubernamental que puede darse al traste con su vida.
Me convence menos toda la resolución porque lo que tiene de ingenuidad pero, bueno, creamos a Avranas cuando asegura que así ocurre en la realidad.




