El libro de microrrelatos “Cuentos de los viernes”, de Justo Sotelo empieza con una progresiva mentira, la mentira del amor y sus placeres y prosigue hurgando en tal cuestión hasta la disolución (de la mentira y de lo narrado).
Estamos ante un libro unitario de microrrelatos que siguen la trayectoria de dos innominados, “él” y “ella”, a lo largo de un debate que, como se deja traslucir, a veces ha sido sin palabras, en progresión.
Desde un tiempo mítico, que podría ser el pasado, pasando por el presente algo descorazonador de una relación amorosa, hasta el futuro en el que los personajes acaban por disolverse.
El entero libro ha podido ser contemplado en sus urdimbres y telares por los seguidores de Justo Sotelo en Facebook y por sus lectores de los viernes, día de publicación en el Diario Progresista.
En efecto, Justo Sotelo nos ha hecho partícipes a muchos, yo me incluyo, de las sucesivas transformaciones y devaneos a partir de la entraña de un devaneo amoroso. Si “devaneo amoroso” suena aleve, habré de conformar a mis lectores.
Me explico. El personaje masculino que respira en este libro, trasunto a su vez del personaje Facebookiano que proyecta nuestro autor, Justo Sotelo, en la telaraña, se caracteriza por su habilidad, de índole donjuanesca, para huir de toda relación con las mujeres.
Su perpetua fuga es el motor que conmueve a los lectores y seguidores de Sotelo. Así, se explica que la primera parte de “Cuentos de los viernes” se nos explaye desde un tiempo mítico, pues mítico fue siempre el territorio de caza (amorosa) de “él”.
La segunda parte nos muestra la realidad de las relaciones de “él”, claramente aborrecibles desde su punto de vista. Así, la visión es cáustica y desazonante ya desde el primero de los cuentos de esa sección, “La biblioteca universal”, donde se juega un juego de máscaras sin nombre.
La tercera parte, puesto que se trata de literatura de lo que tratamos aquí, muestra a un Hacedor que trata de deshacerse casi compulsivamente de sus personajes, ya que no queda nada más en el cajón desastre de su colección amorosa.
De esta manera llegamos al apartado quizá de mayor interés del libro, el de la compilación de aforismos, o cuasi-aforismos que concluyen en la disolución de “él” y “ella”.
Leemos aquí frases inequívocas, como “Leía por el placer de leer, y se hacía palabras que leían palabras”. O desde otro punto de vista, “La metáfora no expresaba la semejanza, sino que la creaba”.
“Cuentos de los viernes”, transpira una sutil ironía, por detrás de los trasiegos de la pasión amorosa, que hiela por un momento nuestro corazón y, liofilizado, si se me permite la expresión, acaba por ser ensartado por un alfiler que el dedo, la mano, atentos, de Justo Sotelo empuña, certero y acabado.
Magnífica crítica a los Cuentos de los viernes de Justo Sotelo en los que destaca José Zurriaga, la pasión amorosa en Él y ella, en una fuga continua de lectores y amigos que siguen a nuestro autor en gran parte de las redes sociales y a los que él, rinde tributo y agradecimiento; sin este público, sin estos fieles seguidores de cada viernes no existiría tal vez, ese libro mágico lleno de ficción y ensueño en el que uno queda sumergido y atrapado.
Enhorabuena por esta audaz e inteligente crítica en la que quedan patentes que ambos, Justo Sotelo y Zurriaga son unos excelentes escritores y críticos.
Espléndida Almudena Mestre, solar y arcoirisada amiga, muy agradecido te quedo. Bella de bellas palabras, amiga.
Un placer leer críticas excelentes y la tuya , lo es.