A ella le gustaba tocar desnuda el violonchelo, leer hasta la madrugada, andar descalza. A él le gustaba usar corbata, fumar cigarrillos, tomar café sin azúcar. Coincidieron en un cruce de carreteras, cuando el coche de ella pinchó una rueda. Se miraron con intensidad mientras ponían el neumático. Se besaron. A la mañana siguiente, mientras se vestían en el hotelucho, él sintió una punzada de desagrado al ver un tatuaje en la espalda femenina; ella experimentó fastidio al oler el humo del cigarro de él; y quedó demostrado de forma irrefutable que las carreteras confluyen y después se alejan en dirección contraria.




