El término MANU proviene del sánscrito, en la mitología oriental es el nombre que se le da al primer ser humano. La tipología del primer avatar sobre la tierra, una representación visual, un regreso a la forma.
Este proyecto parte como una indagación en cuestiones identitarias a través de mi propia cosmología. Un espacio de invocación y de encantamiento.
Una oportunidad de reescribir cada una de las letras que componen mi nombre.
Cuando bailo, mi cuerpo se desfasa de mí mismo. Se pierde y se encuentra continuamente. Me diluyo en un devenir constante, en la búsqueda de mi propia ausencia, en la ilusión de vislumbrarme, de nombrarme: MANU. La distancia del nombre.
MANU, es una manifestación artística de Manuel Rodríguez, que el mismo interpreta, con el valor de la obra personal e intransferible, que, si no la pone en escena su creador, directamente no existe. No es mi intención realizar una estimación de MANU, ni del escrupuloso trabajo que realiza Manuel Rodríguez, me limito a escribir una crónica de una actuación tan insólita como magnética.
Manuel Rodríguez entra en el escenario de la Sala Negra de Teatros del Canal. Es un hombre joven muy delgado, bajo el brazo un gato de porcelana. Viste una camisa fina como de seda estampada, y calza unos zapatones similares a los que usan los payasos. Deposita el gato sobre la mesa, se quita los zapatos y la camisa, y con algo similar a un cordón salta a la comba, con una música que desazona de entrada, en comparación con los saltos sobre la comba, reiterados como un mantra.
En un ejercicio de potencialidades, Manuel se sitúa en el centro del escenario, y hace un repaso exhaustivo y minucioso de todo su cuerpo. Comprueba la elasticidad, y posibilidad de movimiento de cada uno de sus miembros, calibrando la capacidad elasticidad de cada músculo. El “acto” camina por el alambre entre el “mimo” o el contorsionista, incluso del faquir de feria. Este reconocimiento es lento, como si se tratase de un rito, se prolonga tanto como la necesidad de sopesar cada milímetro de su cuerpo, en un reto permanente consigo mismo.
Valorados miembros, músculos y tendones, comprueba la capacidad de su respiración, o el sonido de las palmas de sus manos, al sacudir el sudor de su torso, como quien lo tiene “todo” por estrenar.
De manera espontánea el cuerpo se inicia en el movimiento, con una danza que nunca se llega a ejecutar, como un a punto de… Cómo una intención que no pasa a la acción. Sus largos brazos simulan el movimiento de las olas, y se mueven a al son de un ruido emitido por la naturaleza misma, poco a poco se incorpora la música, pero, la danza continúa siendo un amago de…, pero danza al fin.
Del lenguaje del cuerpo, pasa a tantear a la posibilidad de emitir sonidos, que también quedarán en mero preámbulo. De sus cuerdas vocales saldrán, y con esfuerzo, unos ruidos que quieren semejar una lengua, pero no serán más que sonidos, que no palabras, pero que llegan al receptor.
El esfuerzo de Manuel se sitúa en los inicios, como la reiterad tozudez de los niños que se empeñan en medir sus posibilidades, aunque se caigan. En un tiempo de preámbulo, que aún no le permite moverse con seguridad, ni ser entendido por medio de la voz, cuando todos, y cada uno de los miembro de su cuerpo, están perfectamente dotadas para hacerlo.
La performance establece una corriente de empatía, en un ejercicio que nos lleva a medir el grado de mimetismo que somos capaces de logar. En este caso las cotas alcanzadas son altas, porque el cuerpo en movimiento del artista tiene algo magnético, que atrae.
El trabajo que hace el Manuel, es enorme, y el publico lo contempla en un sonoro silencio, hasta que un oscuro nos hace creer que ha terminado, pero al volver la luz, el artista subido sobre una mesa se cubre con una tela en la que se adivina su brazo alzado, velando el cuerpo, que nos ha contado tanto…
MANU se estrenó el día 1 de septiembre de 2022, en la Sala Negra deTeatros del Canal -Madrid- y se pudo ver tambien el viernes 2 de septiembre de 2022
Creación e interpretación de Manuel Rodríguez, vestuario de Rytas Matuliauskas y Manuel Rodríguez, Iluminación de Víctor Colmenero Acompañamiento artístico de Paz Rojo. Coproducción: Centro Coreográfico Canal-Teatros del Canal.
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
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