Gula/Gola no es un espectáculo, sino un triple salto mortal sobre toda la épica del escenario. Nada más pisarlo, el actor pide perdón a su padre, a otros artistas —cantantes, bailarines— y también a los animales, a quienes ha restado la posibilidad de estar en el escenario del CDN. A estos últimos se disculpa por si acaso los representa de mala manera.
El perdón es una forma de curarse para que nadie se sienta herido en su ego y podamos rendirnos por completo al suyo. Oriol Pla Solina, en su modestia, aparece encogido, contrahecho, procurando no ocupar más espacio que el estrictamente necesario.
Poco a poco se irá enderezando y comenzará a moverse con una destreza reservada a los privilegiados, mientras despliega su don de lenguas —del ruso al portugués—. En un momento dado repara en una máquina que expende salados y dulces. Quiere un donut; el chocolate no le gusta. No tiene dinero, pero se lo presta un espectador. El bollo se queda atascado, y su juego con la máquina no desmerece de los clásicos: Keaton, Chaplin.
La máquina, como un portal contemporáneo de la gula, promete plenitud y devuelve acumulación. Primero con suavidad, después a golpes, Oriol insiste. La paciencia no llega nunca.
Simula ser un caballo y saca al escenario, montado en algo que no es ni tartana ni carro del oeste, a un músico que toca la guitarra y marca el tiempo épico. El músico no es otro que Pau Matas Nogué, creador y director de Gula/Gola junto a Pla Solina.
El actor inicia entonces un diálogo con Jesús. Al principio podría pensarse que es el que está en los cielos, pero no: es el trabajador del servicio técnico cuyo número aparece en la máquina cuando esta no funciona. Jesús le pide paciencia. Oriol no puede. Y decide contarnos un cuento.
Habla de una niña que no tenía nada y decide ir a ver a un Sultán. Este no quiere recibirla y la encarcela, pero la niña apela a su ego y le dice que quiere contarle un cuento sobre un sultán bueno y generoso. El sultán promete darle un carro y una mula para recorrer sus tierras proclamando su bondad. La niña no cumple y, en su lugar, cuenta historias tan hermosas o tan terroríficas —según la hora— que empieza a recibir regalos que colman todos sus deseos… y cada vez quiere más, al punto de olvidar quien es ella en realidad.
Mientras mantiene un equilibrio imposible, Oriol nos cuenta que la niña, como deseaba todo lo que veía, terminó sacándose los ojos. Pero el oído la tentaba con ríos y trinos de pájaros; renunció entonces a sus oídos. Pisaba la hierba… y ahí nos quedamos, sin saber si también prescindió de sus pies, porque huir del deseo no es salir del laberinto, sino profundizarlo.
Oriol vuelve al diálogo con Jesús, que va liberando el amplio surtido de la máquina. Es Jesús quien llora: atrapado en un sótano, incapaz de controlar aquello que no deja de producir. Oriol lo consuela hablándole como si estuviera dentro de la máquina, poniendo voz y cuerpo allí donde el sistema solo devuelve exceso.
De pronto pide un móvil prestado —no sabemos para qué—, pero queda atrapado en la pantalla durante tanto tiempo que el músico se lo arrebata de las manos como a un niño y lo devuelve a la acción. El gesto es simple y exacto: alguien tiene que cortar el flujo.
La mesa, ahora llena de productos, lo incita a comerlos, probarlos, guarrearlos, como haría Pippi Calzaslargas. Las latas con gas se convierten en un juego amenazante para el público, pero Oriol sabe jugar y jugará consigo mismo hasta que cada paquete sea abierto y probado. En principio contenido, como Mister Bing, aunque su vocación pertenece claramente a la corriente anarquista de Calzaslargas.
De los botes hace granadas de mano; de los palos de chocolate, velas; las bolsas las abre como si fueran regalos. La gula aquí no es solo comer: es no poder parar, no poder aceptar el vacío, no poder escuchar el silencio después del juego.
El espectáculo es pura épica de vida y, sobre todo, teatro dentro del teatro: ese que arde y devora por un minuto de gloria. Oriol Pla Solina no tendrá uno, sino dos horas y cuarto. El público pedirá más. Hará de todo: patinará en zumo de sandía, trepará por la máquina haciendo posible lo imposible con una facilidad pasmosa.
Si lo comparo con los clásicos es por buscar un símil, porque Gula/Gola es otra cosa. Al final, como cuando se intenta calmar a un niño después de una fiesta, Pau Matas Nogué,el músico le invita a sentarse, le sirve un vaso de agua y una pastilla efervescente.
Y ahí aparece la otra cara del artista, la tragedia del clown: cobijado por una nube de sombras, pensando que no se han reído lo suficiente, que quizá no dijo bien el texto, mientras en la sala resuenan los bravos y el estruendo de los aplausos.
Porque los cómicos sobre el escenario son poderosos, pero sentados en un camerino siguen siendo un manojo de nervios y dudas, aunque sean diestros en múltiples disciplinas como Oriol.
Gula/Gola no señala al público ni le pide absolución: le propone un espejo difícil de sostener. La risa aquí no libera, acumula; el juego no calma, acelera. Todo sucede ante nuestros ojos y, aun así, seguimos deseando más, incluso cuando el escenario está saturado y el cuerpo del actor empieza a reclamar pausa. En esa insistencia reside su potencia política y teatral: no en denunciar la gula desde la distancia, sino en obligarnos a atravesarla durante el tiempo suficiente como para sentir el cansancio, la saturación y, finalmente, el vértigo de un silencio que ya no sabemos habitar.
Gula / Gola está programada del 9 de enero al 15 de febrero de 2026 en La Sala Francisco Nieva del Teatro Valle Inclán Encuentro con el equipo artístico: jueves 22 enero 2026 Funciones en catalán: 28 y 29 enero 2026
Creación y dirección: Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina
Reparto Oriol Pla Solina Música en directo: Pau Matas Nogué / Marc Sastre Acompañamiento y producción artística Clàudia Flores
Escenografía y vestuario Sílvia Delagneau Iluminación Ana Rovira Composición musical y espacio sonoro Pau Matas Nogué Sonido Damien Bazin Trabajo de movimiento Guillermo Weickert Trabajo de clown Carolin Obin Trabajo de voz Mariona Castillo Colaboración en la dramaturgia Jordi Oriol Asesoramiento musical Marc Sastre Asesoría en psicología para el desarrollo dramatúrgico Berta Clavera Asesoramiento actoral Martí Solé Traducción del texto al castellano Pablo Macho
Ayudante de dirección Gina Aspa Miralta Regiduría y ayudante de producción:Duna Homedes / Virginia Rodríguez Ayudante de escenografía y vestuario Oriol Corral Confección de vestuario Javier Navas y Oleg Pankin Creación de prótesis May Effects (María Marrugat, Pablo Perona y Lucía Solana) Jefe técnico Àngel Puertas Coordinación técnica AP7 Projectes Tècnics
Técnicas de luces Núria Solina y María Vaillo Técnico de sonido Martí Múrcia Maquinista Enric Potrony Diseño de cartel Emilio Lorente Fotografía Clàudia Serrahima Tráiler Asimètric Films Producción ejecutiva Beatrice Binotti (Madrid), Andrea Cuevas Garrido y Clàudia Flores Programadores Ventura López Kalász, Jordi Salvadó
Producción: Temporada Alta y Teatre Nacional de Catalunya, con la colaboración del Teatre Sagarra de Santa Coloma de Gramenet
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
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