Crítica de “Innato” (Netflix)

Categoría:
Elena Anaya e Imanol Arias en una escena de la serie Innato de Netflix.
La inspectora (Emma Suarez), Felix Garay el asesino del gasoil (Imanol Arias) y su hija Sara (Elena Anaya) en “Innato” Imagen @Netfrix

Innato, creada por Fran Carballal y Enrique Lojo, parte de un punto de arranque reconocible -los secretos familiares y el peso del pasado- y de la influencia de los medios de comunicación para multiplicar lo más sórdido de cualquier historia, sin importar las víctimas colaterales. Pero, una vez que deja asentado el marco en el que van a moverse los protagonistas de Innato, da un giro para construir una historia que combina tensión narrativa y conflicto emocional. A medida que avanza, la serie va espesando su atmósfera hasta volverla incómoda, densa, casi opresiva. Desde el primer episodio deja clara su intención de inquietar, y acierta al tomarse su tiempo: el capítulo inicial coloca con cuidado las piezas fundamentales sobre el tablero, presenta personajes y relaciones y fija un tono que evita cualquier precipitación.

Los creadores tejen una auténtica tela de araña narrativa en la que no hay personajes gratuitos. Todos cumplen una función dentro de una estructura claramente coral que, si no fuera porque Sara concentra la mayor presencia en pantalla, podría leerse como un thriller plenamente coral. Las jerarquías están bien delimitadas y se articulan en núcleos reconocibles: el ámbito familiar —Sara, su marido Aitor y su hijo—, el entorno policial, el despacho profesional de la protagonista y el colegio de Sebas, su hijo. En cada uno de estos espacios se mueven personajes densos, bien perfilados, sin fisuras ni rellenos.

De espada Aitor (Roberto Álamo) en marido de Sara (Elena Anaya), al que nunca le ha dicho la verdad, creyendo que podía controlar la situación. Imagen de Netflix
De espalda Aitor (Roberto Álamo) el marido de Sara (Elena Anaya), al que nunca le ha dicho la verdad, creyendo que podía controlar la situación siempre. Imagen de Netflix

El detonante es la reaparición de Félix Garay (Imanol Arias), un asesino múltiple que, tras cumplir veinticinco años de condena por haber asesinado y quemado a tres víctimas, vuelve a la calle convertido en una figura mediática. Su salida de prisión no solo reabre heridas, sino que coincide con una nueva serie de crímenes que reproducen con inquietante precisión los de hace décadas. El acierto de Innato es no reducir este punto de partida a una simple carrera por descubrir al culpable. Lo utiliza como detonante emocional, como una grieta que se extiende y contamina a todos los personajes, convirtiendo la duda en el verdadero motor del relato.

Ignacio Mateos e Imanol Arias interpretan al personaje de Félix Garay. Mateos se hace cargo del asesino que entró en prisión, quizá la parte más brillante, porque es un asesino no condenado y que aparentemente quiere a su hija; Arias interpreta al que vuelve veinticinco años después, como el inclemente asesino del gasoil, como una presencia perturbadora que planea sobre la historia.

Ignacio Mateos y Celia Loper, se hacen cargo de Felix Garay joven, y su hija Sara, una niña adolescente. Ambos realizan un buen trabajo
Ignacio Mateos y Celia Loper, se hacen cargo de Félix Garay el asesino del gasoil joven, y su hija Sara, una niña adolescente. Ambos realizan un buen un trabajo Imagen @Netflix

El mayor impacto de la salida de Garay es para su hija, Sara Garay. Del personaje se hacen cargo Celia Loper y Elena Anaya. Celia interpreta a la Sara niña-adolescente, sobre la que cayó la losa de los hechos de su padre, acosada por la presión mediática y obligada a aceptar que su padre es un asesino. Da el relevo a la Sara adulta, psicóloga, de la que se hace cargo Anaya, recreando un personaje tan complejo como atractivo para el espectador. Aguanta el tipo contribuyendo a la atmósfera de inquietud: aparentemente Sara puede quebrarse, porque camina por la cuerda floja; por momentos parece que el personaje va a caer. Imperturbable tras una coraza, ha construido un pasado y una vida empedrada de mentiras, pero sólida. Su caída no sería por torpeza, sino porque se afloja la cuerda por la que camina con destreza, cada vez más acorralada.

Si la cuerda hubiera estado tensa, no se habría quebrado ni habría confesado su mentira a Aitor AguirreRoberto Álamo– el bueno de su marido, ni a su hijo Sebas, que adelanta limpiamente a su padre por la izquierda. Su mentira es lo que permite a la actriz un auténtico derroche de matices, apoyado más en lo que calla que en lo que dice. Esa contención resulta clave para que la historia se mueva con solvencia en un terreno psicológico sin caer en el dramatismo.

Sebas Aguirre –Teo Soler-, mimetiza a su madre Sara, por lo que aparte de la herencia genética en ejemplo marca, es su referente su padre le parece un panoli Imagen @Netflix

Innato plantea preguntas que resuenan más allá de la trama criminal: ¿hasta qué punto estamos marcados por lo que hicieron nuestros padres?, ¿el mal se hereda o se aprende?, ¿es posible romper con un legado oscuro? La serie no ofrece respuestas cerradas y ahí reside buena parte de su inteligencia. Prefiere exponer y dejar que el espectador saque sus propias conclusiones, abordando temas como la culpa, el castigo, el perdón o las segundas oportunidades sin moralizar ni imponer una lectura única.

El conflicto de Sara es, sobre todo, interior. Más allá de las amenazas externas, lucha contra el miedo a reconocerse en aquello que rechaza. Esa tensión íntima -entre lo que es, lo que teme ser y lo que intenta controlar- se transmite con sensibilidad y refuerza el componente humano de la historia, alejándola del thriller puramente mecánico.

Los secreto familiar actúa como una auténtica bomba de relojería. El intento de proteger al hijo mediante el silencio acaba teniendo el efecto contrario, recordando que la ocultación rara vez es una solución. La serie explora con cuidado la idea de una herencia oscura que se manifiesta en pequeños gestos, impulsos reprimidos y miedos compartidos, siempre sujetos a interpretaciones condicionadas. Sebas Aguirre (Teo Soler), el hijo adolescente, es otro palo que sujeta la intriga: conoce la verdad antes que su padre y mimetiza el comportamiento de su madre, callando y actuando. Es un reflejo incómodo que amplifica los miedos de Sara y pone en evidencia las fisuras del relato familiar.

Jaime (Fernando Guallar) un abogado que acude a terapia con Sara, y es con la primera persona que verbaliza su pasado
Jaime (Fernando Guallar) un abogado que acude a terapia con Sara, y es con la primera persona con la que Sara se quita la máscara y verbaliza su pasado. Imagen @Netflix

Un personaje tangencial, pero que llega para quedarse, es Jaime (Fernando Guallar), un abogado de entrada encantador, con un físico atractivo, al que Sara tendrá que evaluar por su potencial violento para reincorporarse al despacho de abogados, después de un incidente en principio menor con un compañero. Jaime, llega en el momento oportuno para que se establezca una identificación tan intensa que será el único testigo de cómo ella pierde los papeles. Es un personaje detonante que contribuye a una trama en la que todos los que están aportan intriga y desconcierto.

El reparto coral refuerza el clima de desconfianza y ambigüedad. Interpretaciones como la de Emma Suárez, que se hace cargo de la inspectora que llevó el caso de Félix Garay y de los asesinatos que se producen tras su salida de la cárcel, destacan especialmente. Suárez interpreta a una policía a la que tanto el jefe como su entorno le hacen ver que estorba, un prototipo de poli maldito tradicionalmente encarnado por hombres. La actriz, en pocos minutos y con un cambio de registro respecto a trabajos anteriores, hace creíble el personaje. Trabaja codo con codo con un sub inspector Jota Delgado (Juan Blanco), el poli bueno que siempre la apoya, que dará mucho juego a la trama. Como el resto de compañeros, amplían el campo de la sospecha y subrayan que el suspense no nace solo del crimen, sino también de las relaciones personales, los tejemanejes, la memoria y aquello que cada uno decide callar. Nadie parece completamente inocente en este universo narrativo.

Emma Suarez como encargada del caso de Félix Garay cuándo fue condenado y ahora, de los nuevos crímenes que se le achacan, y Elena Anaya que hace una recreación de Sara, impecable. Imagen @Netflix

Innato se ha ganado al público en su primera semana de emisión. Engancha porque los personajes son creíbles, aunque gélidos; rompe la tradición del thriller y, por momentos, la trama es tan rica que uno se olvida de quién es el culpable. Innato, creada por Fran Carballal y Enrique Lojo, y escrita junto a Pablo Roa, Verónica Marzá, Fernando Sancristóbal y Pablo Manchado, acierta porque es una serie pensada para el público, pero que permite varias lecturas. La sere ha despertado interés en el mercado internacional incluso antes de emitirse en España por Netflix Su apuesta por un thriller más psicológico que efectista la convierte en una serie fácilmente exportable. Es una ficción sólida, bien escrita, bien dirigida por Lino Escalera e Inma Torrente y bien interpretada, con ambición temática. La acción se desarrolla principalmente en Vitoria, pero el interés psicológico de los personajes la hace universal. La trama nos convierte en cómplices de lo que ocurre, un sentimiento poco habitual en el thriller, especialmente cuando no suele reparar en sentimientos ni vínculos afectivos más allá de la supervivencia.

Cuando hay una historia bien construida, personajes complejos y actuaciones sólidas, el boca a boca hace el resto. En un panorama televisivo saturado, Innato recuerda que el verdadero impacto suele venir de lo inesperado… y, sobre todo, de lo bien contado.

Compartir este artículo

Facebook
Twitter
WhatsApp

Nuestras Redes Sociales

Libro del mes

Picture of Luis Muñoz Díez

Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

Nuestras últimas publicaciones