Creo en Dios, un obra muy especial, de Sanguino y González

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En la comedia Creo en Dios, de Francisco Sanguino y Rafael González, Celia y Herminia, coinciden  en un tren y este encuentro casual alterará la vida de las dos mujeres,  porque Celia logra ir encadenando pretextos, para no separarse de Herminia, que se opone y protesta a que la acompañe, pero cede ante Celia que resulta ser inasequible al desaliento, y acaba instalada en su casa.

Sanguino y González, han escrito una función que se mantiene en el aire, articulada como una comedia de situación televisiva, y estructurada como un guión cinematográfico, por la cantidad de sitios por los que se van moviendo sus protagonistas.

La obra de Sanguino y González, se centra estrictamente en la improvisada relación de las dos mujeres, en la que poca importancia tiene el antes y el después. Se limitarán a solucionar los problemas que les van surgiendo, eso si, ni son pocos, ni pequeños.

Creo en Dios, está  hilada y se mantiene por la agilidad de sus dialogo, y por la marcada diferencia de las dos personajes, que curiosamente partiendo de diferentes puntos, llegan a una situación parecida, en la que no pueden continuar  la una sin la otra.

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Verónica Alonso y Belén Márquez en “Creo en Dios” de Sanguino y González, dirigida por Charlie Levi Leroy

Celia es una mujer resuelta, que para todo parece tener solución, aparentemente avasalla a una Herminia, que trabaja en un hotel haciendo camas, en busca de su hombre ideal, no desperdicia ninguna oferta y acaba en la cama con todos. En principio la más atrevida es Celia, por lo que sería razonable pensar que es la que tiene mas peligro. Dispone de una mente fría y para todo tiene solución y respuesta, pero será Herminia la que ejecute, sin que se la mueva un pelo, todo lo que Celia solo es capaz de imaginar.

Las dos mujeres demuestran que las apariencias engañan, y que del dicho al hecho hay un largo trecho, que no todo el que habla es capaz de andar. Creo en Díos, es  una función difícil de poner en pie, porque casi todo lo que ocurre y se plantea es un disparate, y para que el disparate se convierta en comedia, al margen de unos buenos diálogos que la función los tiene, necesita de un director que sepa administrar lo coherente de la incoherencia, para que el espectador sienta empatía por los personajes, y sin duda el director Charlie Levi Leroy, lo logra.

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Verónica Alonso es Celia y Belén Márquez es Herminia, en “Creo en Dios” de Sanguino y González, dirigida por Charlie Levi Leroy

Hablar del trabajo de las actrices Belén Márquez y Verónica Alonso, no es hablar de dos trabajos, porque sin el trabajo de una, la otra actriz no podría brillar como brilla. Son el contrapunto y su vara de medir. La espiritual e inteligente Celia, no habría podido encontrar mejor intérprete que a Verónica Alonso, y la terrena Herminia, en principio avasallada por Celia, pero poco a poco y según la vamos conociendo, va saliendo el poder oculto de la mujer decidida que guarda en su interior, y si antes he calificado a Celia de inexequible al desaliento. Herminia es una demoledora de cascotes, dos mujeres condenadas a encontrase. Belén Márquez y Verónica Alonso son la elección perfecta, dos actrices de primera A, para interpretarlas.

Creo en Dios, lleva en cartel desde el 4 de septiembre, llenando función tras función, el público sale encantado. Es imposible prever el éxito, pero cuando se une, un texto tan especial como el de los autores Francisco Sanguino y Rafael González, dirigido con tanto tino por Charlie Levi Leroy, y con una interpretación tan compacta como la que realizan las actrices Belén Márquez y Verónica Alonso, el resultado no es de extrañar.

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Verónica Alonso es Celia y Belén Márquez es Herminia, en “Creo en Dios” de Sanguino y González, dirigida por Charlie Levi Leroy

Titulo Creo en Dios / Autor: Francisco Sanguino y Rafael González / Director: Charlie Levi Leroy /Intérpretes:  Belén Márquez y Verónica Alonso.

*Esta crítica se escribió después de asistir a una representación en LaNao8 Teatro Madrid el día 4 de septiembre de 2015

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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