Peter Redwhite nos presenta sus Cortos americanos

Peter Redwhite nos presenta sus Cortos americanos

Hoy tenemos el placer de contar con Peter Redwhite para hablarnos de como surgió su libro Cortos americanos; una colección de 39 microrrelatos en los que una anécdota, una noticia o la mera observación de la realidad sirven de inspiración para componer los textos que componen su microliteratura.

Los Cortos americanos son narraciones breves, las hay de apenas una decena de líneas, que suceden en Norteamérica. Recuerdo que el primer relato lo escribí en el tren. Quería llevarme la ficción lejos, distanciarme de escenarios autobiográficos –aunque en toda ficción el punto de partida sea inevitablemente lo vivido– y crear personajes y ambientes, contar historias que nunca sucedieron. La América de “Cortos americanos” –a pesar de que, excepto en un cuento, las ciudades y las carreteras se pueden localizar en un mapa- es en esencia ficticia, nunca he visitado los Estados Unidos. Curiosamente, encontré en ese territorio que conozco sólo a través de películas, libros, canciones y cuadros un lugar en el que me sentía cómodo escribiendo sobre personas a las que quizá se les había hecho tarde para ver cumplidos sus sueños. Ya en aquel primer relato del tren vislumbré la manera de acabar poco después de empezar a escribir, es esto lo que explica que sean cortos, nunca me han interesado los microrrelatos ni me había planteado escribirlos.

Vargas Llosa decía en Cartas a un joven novelista que el escritor es elegido por sus temas. Una experiencia, una anécdota que te cuenta un amigo, una noticia o simplemente algo que has observado por la calle y que no se te va de la cabeza. En los 39 relatos hubo algo concreto (aunque aparezca deformado, ya irreconocible) que me impulsó a escribir; creo que esto es importante para que los cuentos puedan ser intensos y sugerentes, para que vayan más allá del fragmento que se muestra.

En Cortos americanos es difícil encontrar metáforas, apenas hay descripciones ni adjetivos; tampoco paréntesis, guiones, admiraciones, interrogaciones. Frases muy cortas, secas, cortantes. De Cartas a un joven novelista aprendí también que un estilo no es ni bueno ni malo, sólo más o menos efectivo. Moverse con pocos medios (bien es cierto que las mudas, los cambios de narrador y de tiempo verbal, son frecuentes) era algo fundamental para que los relatos pudiesen funcionar.

De la misma manera que, casi sin darme cuenta, acabé por reunir un buen número de cortos, un día pensé que no tenía sentido continuar. El director de cine John Ford afirmó que en el arte las mejores cosas ocurren sin querer. A veces me parece reconocer algo de un relato de Cortos americanos en tal canción, película o episodio de la vida; por lo general algo que yo en absoluto pretendía.

Esta mañana me encontré con una foto de hace muchos años; estoy sentando, sonriente, abrazado por mi hermano, en una terraza de la Expo de Sevilla de 1992. La mirada del niño de la foto no ha cambiado tanto, si se la compara con la que aparece en la solapa de Cortos americanos; la sonrisa también permanece, con matices. Se presentan ante mí los personajes de estos cuentos, en su extraña existencia. No quiero dejar de sonreír.

Cuando el hijo del señor Miller cierre

Desde los doce trabajo en el lavadero de coches de una gasolinera al salir de Wichita. El hijo del señor Miller lleva ahora todo. Las cosas le van cada vez peor y probablemente tenga que cerrar. Eso anda diciendo por ahí. El hijo del señor Miller tiene unos diez años menos que yo y cara mofletuda. Como últimamente vienen pocos coches pienso mucho. Hay veces que me quedo unos segundos mirándome las manos estropeadas. Y pienso en un viejo amigo, Charlie, al que tengo que limpiar de vez en cuando el Mercedes por unos cuantos dólares. Él cree que al final da lo mismo conducir su Mercedes que el viejo Chevrolet de mi padre. Llevará razón, no parece demasiado feliz. No sé qué voy a hacer cuando el hijo del señor Miller cierre. Lisa ya no me reprocha nada. Un día llegaré a casa y ella se habrá largado para siempre a la granja de su padre. Al principio cuando salía con ella yo dejaba de ser el tío del lavadero de coches. No sé qué va a ser de nosotros cuando el hijo del señor Miller cierre.

Cortos Americanos, de Peter Redwhite

Cortos americanos, de Peter Redwhite, Izana Editores 2013

Autor

Jaime Pacios
Nací en Madrid, pertenezco a un ámbito en el que la cultura ha colmado por sí misma muchos de nuestros anhelos y nuestra forma de sentir la vida. La literatura, la pintura, el teatro, la arquitectura, el cine, la música… el ARTE en general, son términos muy ligados a mí. Estudié filología hispánica en la Universidad Complutense aunque los avatares de la vida me empujaron por el mundo de la comunicación. He tenido la suerte de trabajar en algunos de los medios más importantes de España y, aunque no soy experto en nada, me complace ser aprendiz de todo.

4 comments

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    Me gusta siempre. Los cortos, las reflexiones, los pensamientos …. Seguir a Peter es pensar y dar vueltas a las cosas. ¡Como se agradece estos días!

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    Los cortos americanos de Peter Redwhite son una tarea analizada y trabajada importante, más cuando el mismo reconoció nunca ha pisado suelo Norteamericano. La imaginación e información para escribirlos y claro esta sus fuentes, pertenecen a peliculas, canciones y escenarios imaginarios. Pero sus cortos según mi opinión, tienen un contenido concentrado, los cuales en pequeñas lineas narran historias curiosas y humanas.las cuales darian para escribir un libro de cada uno de ellos.
    Historias de personas que se les pasa el tiempo para cumplir sus sueños y se ven abocados a una vida diferente que no quisieran, o escenarios como barras de un bar americano, una gasolinera, automoviles tipicos, como los chevrolet, imagino musica country al leerlos. Jerry lee Lewis, Johnny Cash o Roy orbison. Me vienen a la memoria peliculas como protagonista o que se inician en una gasolinera norteamericana. Vease la pelicula de Stephen King (Cujo) o la Matanza de texas. Desde luego felicito a Peter por su primer libro, y por hacerme viajar en el tiempo.

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