“Comiéndote a besos” un cuento para disipar el miedo a las personas con VIH

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En la imagen Carla Piñana y Pablo Cabrera en “Comiéndote a besos” de Abel Zamora Foto Juan Mayorga

 

Abel Zamora escribió Comiéndote a besos, una comedia luminosa que aborda un tema todavía delicado: descubrir que alguien a quien quieres o deseas es portador de VIH. El texto parte de un cuento interactivo de la ONG Imagina MÁS y de la canción de Rozalén con el mismo título.

La llamo “comedia azucarada”, aunque no hay dulzura suficiente para borrar la memoria de lo que significó esta enfermedad durante décadas: un diagnóstico ligado casi siempre a la muerte y a la exclusión social. Hasta los años noventa, muchos heterosexuales se creían al margen: “eso era cosa de drogadictos y de maricas”, se decía con crudeza. Así, quienes estaban más expuestos al virus cargaban con la doble condena de la enfermedad y del estigma.

El tiempo ha cambiado mucho: la investigación médica ha transformado el VIH en una enfermedad crónica y tratable, y poco a poco también la sociedad ha aprendido —a regañadientes— que ni la drogodependencia define a una persona ni la homosexualidad es una enfermedad.

En escena, la dirección de Asier Andueza aporta ritmo y ligereza. Sabe usar el exceso cómico para aligerar un asunto duro, y logra un tono optimista que transmite un mensaje de normalización. Los actores —Carla Piñana, Fernando Bodega, Juan Silvestre y Pablo Cabrera— dan vida a dos parejas de enamorados con naturalidad, consiguiendo que el público conecte con sus historias.

La obra recuerda algo esencial: el VIH no entiende de orientaciones ni de géneros, y aunque no hay que vivir con miedo, tampoco conviene confiarse.

En 2016 resultaba casi sorprendente poder asistir a una comedia sobre este tema, cuando hasta hacía no tanto todo lo que rodeaba al VIH estaba teñido de amargura. Comiéndote a besos funciona como una fábula: la moraleja es la importancia de la educación afectiva y la certeza de que, cuando el afecto es sólido, los prejuicios caen.

La trama es sencilla: una chica y tres chicos dispuestos a enamorarse. Dos de ellos, recién llegados a la ciudad, viven su ocio y su sexualidad con libertad hasta que reciben el diagnóstico. La noticia les cierra emocionalmente, hasta que descubren que pueden ser queridos por lo que son, más allá de lo que corra por sus venas.

Zamora tiene la habilidad de hablar de lo cotidiano —incluso en sus versiones más duras— con una mirada colorida y cercana a la adolescencia: esa etapa en la que se repite una película hasta el cansancio o se espera horas solo por ver pasar a la persona que te gusta. Sitúa a sus personajes en casas, bares, discotecas o lugares de trabajo, y transmite la urgencia de una edad en la que quedarse en casa es sinónimo de estar perdiéndose la vida.

En principio los heterosexuales, por desinformación, creían estar a salvo de ser portadores de VIH “Eso eran cosas de drogadictos y de maricas“, con lo que los dos colectivos tuvieron que bregar con la doble carga de marginación. Los drogodependientes, tachados de simple escoria y delincuentes, y los homosexuales de libertinos y enfermos, y no era difícil oír en público, sin respuesta ni defensa, palabras tan duras como “lo tienen merecido, que se mueran“.

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La sala TU de Madrid  / Título: “Comiéndote a besos” / Escrita por Abel Zamora, basada en el libro interactivo de la ONG Imagina MÁS y la canción de Rozalén del mismo título / Director: Asier Andueza / Elenco: Carla Piñana, Fernando Bodega, Juan Silvestre y Pablo Cabrera / Director: Asier Andueza / Fotos de Jesús Mayorga

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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