Close Up, una catarsis poética sobre el escenario

Close Up, una catarsis poética sobre el escenario

 A mano amada, cuando la noche impone su costumbre de insomnio y conviert cada minutos en el aniversario de todos los sucesos de una vida: allí, en la esquina más negra del desamparo, donde el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras, l0s recuerdos me asaltan”

Ángel González

Hay cientos de autores que nos han deleitado con su percepción de los sueños y del insomnio, lugares ambos donde la mente teje a velocidad diferente la vida.

Escojo estos versos del poeta español, porque me resuenan después de ver la obra teatral Close Up. Ya que también la obra es un poema narrativo que comienza con un personaje mirando al publico que nos abre la puerta a su insomnio, a los sucesos de la vida, al desamparo y a una cruz de sombras dolorosas trazando recuerdos.

Cada cual tiene un universo particular de sueños, anhelos, esperanzas y vivencias, pero existe una correlación entre la particularidad de cada uno con la de los otros, porque los miedos forman parte del entramado universal de ser humanos, y esto es lo que la autora y actriz Angélica Briseño nos muestra con su propuesta escénica con nombre de primer plano cinematográfico, ese que acerca la distancia.

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Angélica Briseño en “Close Up”

El personaje de Angélica es la propia Angélica, que así se auto-nombra en escena -para que se va a andar con máscaras cuando se sabe que es su personal interpretación del mundo- ahora enferma de insomnio, ahora atada a los sueños y las pesadillas, ahora niña recorriendo con zapatos negros un pasillo de baldosas blancas de recuerdos infantiles y de temores a lo inevitable de la muerte, ahora salpicando en un bañera o anclada en las imágenes que de pájaros, Popeye, o el trafico de una ciudad del pasado.

A este personaje se le une Antonio Carrera, él interpreta a un enfermero o doctor buscando  el diagnostico de: ¿qué esta enferma la vida hasta la muerte?.

Su enferma o acompañante le da las claves que el descodifica en las paredes y en el suelo con una tiza blanca, le invita a jugar desde su personaje infantil, o toman copas de cava con el publico en un discurso de equilibrio y  de celebración del ahora.

Como ya dije, se puede descubrir desde el primer minuto  que construyen una propuesta teatral de narrativa poética por lo que el hilo conductor son las palabras cripticas evocadoras sucediéndose en escenas de movimiento teatral. La magia de esa poesía hace que el espectador se pierda en un sinfín de sensaciones, se encuentre en alguna frase que le resuena porque forma parte de sus propios fantasmas o pensamientos recurrentes, y se deleite con una escenografía de belleza poética sobre tonos blancos.

Antonio y Angélica son dos buenos actores que interpretan un texto muy complejo, porque la poética teatral es difícil de dotar de realidad actoral. Antonio está contenido en escena representando al observador que mide, cuida y alguna vez provoca a su compañera, pero eso si, con mucho cuidado de no despertar excesivos monstruos porque la obra no lo quiere permitir. Sus monstruos son blancos aunque obscuros. Un oxímoron de los muchos que se dan en la vida.

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Antonio Carrera y Angélica Briseño en “Close Up”

Angélica es niña juguetona, es mujer que sufre. Se asusta, recuerda, se enfada,  se sorprende y llora, y llora mucho; pero sobre todo Angélica ilumina el escenario cuando sonríe y conmueve chapoteando en una bañera.

Desde la dirección de Gabriel Molina se busca un equilibrio entre el dolor y la belleza. Dotar de armonía a lo que rasga el alma, que dicen que “no se puede dejar en reposo porque se pudre”, es tarea ardua. Lo resuelve con una escenografía de sencillez onírica acompañada de audiovisuales y con una coreografía de escenas repletas de acciones que acatan con eficacia las palabras poéticas. La plasticidad del texto empastado con las imágenes en movimiento constante.

En los último minutos de la obra proponen un juego: abrir y cerrar.

Como ese magnifico poema de Nicolás Guillén que hizo mas popular Ana Belén en su canción cerrando y abriendo murallas.

¿A que nos abrimos? ¿Qué queremos cerrar?

Close Up es una catarsis personal que bien le habrá servido a los actores que la interpretan, pero lo interesante de su propuesta es que aun como espectadores también consiguen que muchos de sus momentos sean catárticos y transformadores para el público que participa de mirón en ese terapia del alma.

 

Título: Close Up / Autora: Angélica Briseño Ortega /Dirección: Gabriel Molina González / Intérpretes: Angélica Briseño y Antonio Carrera / Compañía: Chien Lunatique.

Sala La Usina C/Palos de la Frontera, 4

Fechas: viernes 9,16, 23, 30 de mayo a las 22:30

Autor

Coral Igualador Poveda
Desde que me recuerdo me han gustado los actos de narración: teatro, literatura, cine... Me apasiona la narración, la psicología y la comunicación y por eso de los caminos no rectos, pero que conducen a lo mismo, acabe estudiando logopedia. He tenido la oportunidad de formarme y trabajar como consultora de comunicación, voz, teatro creatividad y desarrollo personal para diversas entidades y personas. También escribo guiones, obras de teatro, dirijo y actuó. Otra oportunidad que me ha brindado la vida es la de escribir sobre el teatro que se sigue vivo, eternamente vivo, y poder difundirlo.

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