CARRER ROBADORS de Mathias Enard.

CARRER ROBADORS de Mathias Enard.

Por NACHO CABANA

No les faltó ambición a los montajes estrella del pasado Grec de Barcelona. A la ya comentada elefantiásica adaptación de La casa de los espíritus (que aterrizará en el Romea el 10 de noviembre) le precedió este Carrer Robadors donde Sergi Pompermayer, Marc Artigau y Julio Manrique (amén director del show) adaptan la novela homónima del escritor francés afincado en Barcelona Mathias Enard. 

Como la obra de Allende, Carrer Robadors abarca una cantidad de tiempo, espacios y vicisitudes (aunque, es cierto, menos personajes) que hace de su puesta en escena teatral todo un reto, que, en el caso que nos ocupa, es resuelto con un abanico de ideas que parten de lo novelesco para llegar a lo cinematográfico sin dejar nunca de ser puro teatro. 

Solo recurre la dramaturgia a los apartes narrativos al público cuando se busca un cierto distanciamiento / descanso del apabullante despliegue escenográfico con que Manrique y el escenógrafo Alejandro Andújar resuelven las idas y venidas de Lakhdar (el marroquí veinteañero protagonista) desde su Tánger natal sacudido por las Primaveras Árabes hasta una Barcelona convulsionada por la crisis económica y las huelgas generales. 

Una sucesión de paisajes oscuros donde el protagonista se mueve, no solo por ambición o supervivencia, sino (y sobre todo) para encontrar una caricia como esos perros que ladran hasta que alguien les hace un cariño, les hace ver que importan.  

Porque ese es el tema de fondo de Carrer Robadors, por encima de los vaivenes históricos, la emigración (y su rechazo) o el terrorismo. Por encima incluso de la relación entre dos amigos reencontrados que ya no son los mismos que la última vez que se vieron cuando uno intuía que debía fugarse del integrísimo musulmán y el otro se creyó las caricias que el diablo le hacía. 

En el rol protagónico, Guillem Balart lleva sobre sus hombros toda la carga dramática del espectáculo, física y emocional. Es totalmente creíble como magrebí aunque sea natural de Vic y hace una interpretación memorable; sin despegarse de lo que es y sabe su personaje pero ubicándolo en un contexto mucho más ambicioso. Lamentablemente, Moha Amazian como su amigo Bassam no está a su altura; le faltan tablas, técnica y desenvoltura lo que demerita la complicidad que ha de haber entre ambos muchachos. 

Haciendo química y dando cuerpo a un rol que en otros manos se podría hacer convertido en meramente funcional, Elisabet Casanovas hace evolucionar a su personaje de estudiante / mochilera en busca de aventuras a indignada perdida en medio de una crisis que, al contrario que las primaveras árabes, entiende y le arrolla. 

Alrededor de ellos, además de unos eficientes Anna Castells y Carles Martínez, un, intuimos que dificilísimo, casting donde se mezclan los actores de raíces marroquís (el citado Moha Amazian y Ayoub El Hilali) con otro natural de Marrakech (Mohamed El Bouhali) y un último ceutí (Abdelatif Hwidarzay, el mejor de todos).

Peligros de contar con un elenco de formación y experiencia teatral muy diversas y con tendencia al desequilibrio al tener todos ellos, además, que lidiar con la cuestión idiomática que, no obstante, se resuelve en la traducción con bastante claridad. 

Son cuatro los idiomas que requiere el texto pero se ha dado al catalán la posición dominante sin que se merme la credibilidad de las situaciones aunque al principio haya cierta confusión en torno a la ciudad en donde están los personajes. 

Memorables resultan las secuencias a bordo del carguero que llevará a Lakhdar a España, la que tiene lugar en la morgue (con ese encargado de identificar y repatriar los cadáveres de los que han muerto en el Estrecho a su vez enganchado a la violencia de los videos de Al Qaeda) o el reencuentro entre el protagonista y la chica que ha inspirado su viaje. 

Un clímax bruscamente interrumpido para convertirse en una sucesión de monólogos nos devuelve al origen literario de un espectáculo que estará en cartel en el Romea hasta el próximo 19 de septiembre y que no se deben perder. 

Y luego coméntenla tomando una caña en el cercano Carrer Robadors. 

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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