«Cada vez nos despedimos mejor», de Alejandro Ricaño, con Diego Luna.

«Cada vez nos despedimos mejor», de Alejandro Ricaño, con Diego Luna.

En la imagen el actor Diego Luna, Mateo en «Cada vez nos despedimos mejor», escrita y dirigida por Alejandro Ricaño.

 

Por Luis Muñoz Díez 

 

Cada vez nos despedimos mejor, es un obra escrita y dirigida por Alejandro Ricaño, el título nos avisa con ironía, del amor de ida y vuelta, de Sara y Mateo, que llevan 38 años practicando su mejor despedida.

La pieza es un unipersonal, narrado en primera persona por Mateo, abocado al rencor y las despedidas, el rencor de su madre que se puso de parto ante la sorpresa de toparse con las nalgas de su marido en plena faena amorosa con su hermana. El nacimiento de Marco el último minuto del 31 de diciembre de 1979, inicia esta historia de amor, desamor, recorres y desastres naturales, que corre en paralelo con las elecciones presidenciales mexicanas.

Por lo que la causa del rencor de la madre de Mateo a su padre, viene parejo con el parto del niño. Mientras en la sala de al lado nace Sara que, si las estrellas se alinearon para que nacieran al tiempo, el destino los unirá y los separará a lo largo de 38 años, que es el espacio del que se ocupa la pieza de Alejandro Ricaño.

Al actor Diego Luna le acompaña en el escenario físicamente el músico Darío Bernal, que interpreta la música original de Alejandro Castaños. Pero en el espacio escénico diseñado e iluminado por Matías Gorlero, el actor recrea y pone a hablar, a su padre, a su madre, al perro ciego de su padre, a Sara, al padre de esta, y a Marión, un dulce encuentro, que propicia una de las rupturas.

El espacio escénico consiste en un tablero iluminado con tres lámparas, estilizado y suficiente para marcar los espacios que facilitan el trabajo del actor. A Mateo parece como si el propio destino lo manejara a su antojo, y en la relación con Sara, fuera ella la que marcara los tiempos de la ruptura o de recreo.

Diego Luna, encarna la orfandad de un antihéroe, sobrepasado por las circunstancias. Un papel que le sienta como un guante al icónico actor que sigue administrando con destreza sus ojos como sensor de sorpresas, o indicador de curiosidad, puestos al servicio de un personaje que en su tiempo escénico no llega a ser adulto del todo, dotándolo de arrojo y ternura que, despierta la empatía del público, por lo atropellado de su vida, y su desamor.

La historia escrita por Alejandro Ricaño, es una historia discreta, común, pero irremediablemente es universal. Todo lo que ocurre y se dice en el escenario es reconocible: el desamor, el rencor, el fracaso, y la cansina impotencia que ocasionan los políticos, todo y mas lo sabe trasmitir el actor Diego Luna.

En la obra hay un deseo de permanencia, que se pone de manifiesto en cada retrato que Sara realiza a Mateo, y la explicación del propio personaje de como funcionan las cámaras fotográficas de en su evolución, y como no puede ser de otra forma Diego Luna, nos pide que no abandonemos la sala, antes de que nos haga una foto.

 

En la imagen el actor Diego Luna, Mateo en "Cada vez nos despedimos mejor", escrita y dirigida por Alejandro Ricaño.

En la imagen el actor Diego Luna, Mateo en «Cada vez nos despedimos mejor», escrita y dirigida por Alejandro Ricaño.

 

Cada vez nos despedimos, estará del 25 de junio al 10 de julio en la Sala Max Aud de Naves del Español de Madrid, más información AQUÍ

Cada vez nos despedimos. Texto y dirección: Alejandro Ricaño Con: Diego Luna Composición música original: Alejandro CastañosDarío Bernal Músico en directo: Darío Bernal Diseño de espacio escénico e iluminación: Matías Gorlero Diseño de vestuario: Sara y MateoResidencia de ayudantía de dirección: Noelia Pérez Una coproducción de Producciones Come y Calla y La corriente del golfo 

 

Diego Luna interpreta una historia de amor sobre una pareja tratando de entender la manera de estar juntos a lo largo de treinta años, teniendo como fondo una serie de acontecimientos que marcaron a México entre 1979 y las elecciones de 2012. Cada vez nos despedimos mejor es una comedia de humor negro sobre el amor, las relaciones contemporáneas, la pérdida, el destino y la necesidad de seguir, siempre seguir, a pesar de todo.

Cada vez nos despedimos mejor cuenta la historia de Mateo y Sara a lo largo de tres décadas. De 1979 −desde el último segundo del 31 de diciembre, hora a la que ambos, coordinadamente, nacen− hasta el 1 de julio de 2012, su última despedida, en las manifestaciones por la elección de Enrique Peña Nieto como Presidente de la República. 33 años de encuentros y desencuentros tratando de hacer subsistir su amor en medio de un país que se desmorona a cada tanto. Al morir su madre, Sara, que no ha heredado otra cosa que una cámara Polaroid instantánea, decide volverse fotoperiodista y viajar por el país documentando los eventos que van marcando nuestra historia. Desde su primer encuentro durante la marcha posterior a las elecciones de 1988 −donde Sara toma la primera fotografía de su vida y en la cual, accidentalmente, aparece Mateo− emprenden una búsqueda intrincada por estar juntos en un país que marcará sus encuentros con tragedias, guerras y catástrofes naturales.

Cada vez nos despedimos mejor es un espectáculo con un actor y un músico en escena, un monólogo contado desde el humor negro sobre el amor y las relaciones contemporáneas, la soledad del individuo urbano, la pérdida, el destino y la necesidad, a toda costa, de tener siempre una segunda oportunidad. Aunque siempre volvamos a arruinarlo.

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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