Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio de Rakel Camacho / David Testal

Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio de Rakel Camacho / David Testal

En la imagen de Bárbara Sánchez Palomero, la actriz Esther Ortega, en “Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio”, con dramaturgia de  Rakel Camacho y David Testal.

 

Por Luis Muñoz Díez

 

Con dramaturgia de Rakel Camacho y David Testal, sobre una idea original de Eva Rufo, con dirección de Rakel Camacho, e interpretada por Eva Rufo y Esther Ortega, se nos presenta un “experimento teatral” que titulan Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio.

La calificación de “experimento” es una forma de definir este “conteiner” de ideas puestas sobre el escenario, y evitar caer en las medidas y rigores de un montaje tradicional, que no deja de ser una indagación de lo que no conocemos, perdidos en un mar de sensaciones que atrofiamos en favor de las más eficaces en lo inmediato, sin atender a otras que nos serian más satisfactorias a largo plazo.

Como no puede ser de otra forma, dado que que escribo en Tarántula con apellido de “Culrural”, soy partidario de que el teatro ha de estar vivo, y esa vigencia no se consigue limitándote a repetir patrones, por lo que celebro que una obra como Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio, esté a la disposición del publico, con sus aciertos y sus erratas, esas condiciones son precisamente lo que dan valor a la pieza.

En la historia de Eva y Esther, emulando la proeza de “Helen Keller, escritora, oradora, activista y poeta sordociega, y su maestra y artífice Anne Sullivan” La pieza se articula en principio, como una información didáctica en la que se nos informa de que somos fruto del polvo de estrellas que, se sacrificaron para que nosotros pudiéramos ser, afirmando que no fue Jesús el que se sacrificó por nosotros.

A partir de ahí pasan a las pruebas practicas para estimular los sentidos y articular un lenguaje. Un proceso interesante por la acertada puesta en escena, en concreto quiero señalar el acierto que aparezca en pantalla el dialogo de las actrices. A mí se me antoja una forma de reforzar el concepto de significante y significado, una lucha sin cuartel que hubo de libar Helen Keller, sin referentes.

No es fácil escribir de una obra que cuestiona realidad y  percepción, lo que es inasible, si no pasa por nuestra propia comprensión, pero la obra no pretende abarcar todo lo que sugiere, como no se puede albergar en una botella el agua del mar.

Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio, con dramaturgia de  Rakel Camacho y David Testal. Foto  Bárbara Sánchez Palomero

Las actrives Esther Ortega y Eva Rufo en Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio, con dramaturgia de  Rakel Camacho y David Testal. Foto  Bárbara Sánchez Palomero

La anatomía de nuestro cuerpo susceptible a sentir tanto con un contacto directo, como con una leve vibración que, predispone a los sentimientos desde una base meramente física.

En el discurso de Eva y Esther, está planteado y avalado desde el éxito, por el gran logro de la celebre escritora y su maestra, que alumbró tanta oscuridad, por lo que la obra tiene un tono optimista. Los personajes llevan el nombre de sus interpretes, lo que permite con naturalidad, hablar de sus estímulos y sensaciones personales creando cercanía, y empatía en el publico receptor.

Las actrices Eva Rufo y Esther Ortega tienen una voz bien timbrada y poderosa, lo que hace verosímil la parte de juego o especulación que contiene el montaje. Un montaje arriesgado en que lo visible no tiene porque ser real, dado que no conocemos toda la dimensión de los códigos en nuestras lecturas.

El texto de Rakel Camacho y David Testal, informa, sugiere e indaga, la dirección de la que se hace cargo la dramaturga es acorde con la necesidad del obra.

El espacio escénico de José Luis Raymond; el diseño de iluminación Javier Ruiz de Alegría, la videoescena de David Martínez, la música, y el espacio sonoro el Miguel Gil, el diseño de vestuario de José Luis Raymond e Igone Teso, y el trabajo de Movimiento de Julia Monje, son trabajos óptimos los que realiza todo el equipo, puestos al servicio de una propuesta que se queda a la capacidad del receptor.

Con una curiosidad humana que  prende una pregunta en el aire: ¿Quién es más dependiente el cuidado, o la persona que lo cuida? refiriéndose a la autora sordociega y su maestra. La respuesta en principio es obvia, pero como toda percepción hay que dejar la respuesta en estado “provisional”, a la espera de tener más conocimiento.

 

Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio estará del 16 de septiembre a 3 de octubre de 2021 en el Teatro de la Abadía de Madrid, más información de horarios y compra de entradas AQUÍ.

Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio, con dramaturgia de  Rakel Camacho y David Testal. Foto  Bárbara Sánchez Palomero

La vibración de la voz en “Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio” de  Rakel Camacho y David Testal. Foto  Bárbara Sánchez Palomero

Dramaturgia Rakel Camacho y David Testal Idea original Eva Rufo Dirección Rakel Camacho Reparto Eva Rufo y Esther Ortega

Espacio escénico José Luis Raymond Diseño de iluminación Javier Ruiz de Alegría
Videoescena David Martínez Música y espacio sonoro Miguel Gil Diseño de vestuario José Luis Raymond e Igone Teso Movimiento Julia Monje

Creación sobre sistemas de comunicación y asesoramiento de sordoceguera Julia Monje
Asesoría en accesibilidad Esmeralda Azkarate-Gaztelu Canto difónico Pedro Duran Ayudante de dirección Teresa Rivera Dirección de producción Fabián Ojeda Villafuerte Ayudante de producción Paco Flor Asistente de producción Albert Suárez

Diseño gráfico MaríaLaCartelera Fotos de escena Bárbara Sánchez Palomero Dirección técnica Armar S.L. Equipo técnico Bernardo Pedraza y Mario Pachón Construcción Mambo Decorados, Jefa de prensa María Díaz Distribución Nuevos Planes Distribución (Susana Rubio) Producción ejecutiva Producciones Rokamboleskas Una producción de Producciones Rokamboleskas en coproducción con Teatro de La Abadía y Hugo Álvarez Domínguez.

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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