Boyhood (Momentos de una vida) de Richard Linklater

Boyhood (Momentos de una vida) de Richard Linklater

Boyhood se despide como empezó, con su protagonista, Mason, Ellar Coltrane, contemplando el cielo. Cielo azul, festoneado de nubes.

Richard Linklater rodó durante doce años, bueno, en realidad 39 días de rodaje, plasmando el crecimiento, maduración y vértigo de un niño hasta su arribo a la Universidad.

Ellar Coltrane ha vivido prácticamente toda su vida en la familiaridad de un equipo de rodaje, encontrando durante su crecimiento puntos de imbricación con el rodaje de esta peculiar película. Es, parafraseando a la famosa obra de Ray Bradbury, “El hombre ilustrado”, el hombre filmado.

Coltrane asume, de algún modo, el rol de hombre sin intimidad, expuesto a la visión pública, que es una de las metáforas de la individualidad de nuestro tiempo. Expuestos sin mucho control a cámaras, teléfonos móviles, chats, Facebook y tantos otros sentidos figurados de una vida dominada por el Gran Hermano disfrazado a lo mejor de nuestro mejor amigo, de nuestro más enrollado colega.

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Ellar Coltrane, Mason, espigado adolescente.

Sé tú mismo, decían los clásicos y la tía Eugenia. Sé nosotros dice el mundo conectado a la red. Sé alguien, te espeta tu esposa o esposo. Sé, sólo lo dice algún monje. Pero todo se confabula contra nosotros en este mundo traidor para que no seamos más que una simple piltrafa.

Todo lo que sobrepase el nivel de microbio social se considera un éxito. La competitividad extrema tiene esa virtualidad. La malla social se va estrechando tanto que sólo deja pasar a seres cada vez más diminutos. Pero sobradamente confiados en que dominan la situación y están en disposición de hablar de tú a tú con el mundo.

Nuestra vida de comadrejas no deja mucho espacio a la grandeza en nuestra vida. Mason-Coltrane es el don Nadie que encarna perfectamente nuestro ideal soterrado de vida. Ese que no nos dejamos expresar con claridad ni siquiera ante nosotros mismos.

La inanidad se ve plasmada muy bien en los reflejos de las ondas vitales de Mason y de su hermana Samantha, Lorelei Linklater, que no son otros sino sus padres en el film, sufriendo los embates de doce años de corrosión vital, Patricia Arquette y Ethan Hawke.

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Mason, a las puertas de la Universidad.

Estas dos personas transitan desde la primera madurez de su vida adulta hasta una maduración ya francamente perfumada de ideales yertos y vidas puestas en salmuera. Cada uno a su modo muestran la desesperación y desesperanza vitales que sufre el común de las personas decentes.

Película hasta cierto punto vertiginosa, desde la aparente platitud y placidez de unas existencias de clase media norteamericana, Boyhood pasa el escáner por ese segmento social y nos muestra al trasluz la radiografía con los puntos de fractura y de desollamiento abiertos y palpitantes.

La dirección de Richard Linklater ha sabido dotar de una planificación sosegada, de amplio vuelo pero milimetrada a esta lograda y bien fundada película que nos transporta sin sentirlo por la encarnadura de nuestras defensas sociales e individuales hasta impulsarnos tras su visionado a mirarnos una mano, por ejemplo, para comprobar que seguimos hechos de tiempo a prueba de espantos. Y de trasgos. Y de cielos azules festoneados de nubes.

Boyhood (Momentos de una vida) (2014) de Richard Linklater, se estrenó en España el 12 de septiembre de 2014.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

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