Big Sam Funky Nation. Tempo Club, Madrid

Big Sam Funky Nation. Tempo Club, Madrid

En esta época dorada de las series de televisión, puede que The Wire se haya elevado como la propuesta más brillante por la complejidad del mundo que retrata –el negocio de la droga en Baltimore y la lucha de la administración (policía, políticos, responsables educativos) y de la comunidad (ciudadanos, periodistas) en su contra–. Su realismo descarnado, la ausencia de histrionismo en las interpretaciones y la vasta documentación que subyace a la construcción de los guiones hacen de ella algo que trasciende su condición de artefacto de ficción, y eso que no deja de cumplir con creces el principal objetivo de la ficción televisiva: entretener y enganchar al espectador capítulo tras capítulo. En cinco temporadas, el creador, David Simon, y sus cómplices (Edward Burns, George Pelecanos) construyeron un microcosmos con tal apariencia de verdad –y probablemente tan pegado a la realidad– que nunca precisaron de los trucos baratos de la ficción para conmover: el espectador sabía que si un chaval era golpeado brutalmente por la policía, un buen muchacho moría de sobredosis, un adolescente dejaba la escuela para pasar droga en una esquina, un periodista se inventaba una historia para aumentar su prestigio o un político corrupto daba la espalda a sus votantes, era ficción, sí, pero al mismo tiempo era demasiado real como para no verse afectado.

Con estos antecedentes era inevitable entregarse sin concesiones al siguiente proyecto de Simon, más aún al conocer su leitmotiv: Treme era una inmersión en la Nueva Orleans post-Katrina; ahora se ponía el foco en las consecuencias que el paso del huracán tuvo en los habitantes de la ciudad, muchos de los cuales eran y siguieron siendo músicos callejeros y de club. Creo que en cierto modo Treme ha sido una excusa para rodar buena música en directo. En la serie se tocan todos los palos posibles: las marching bands –tan adecuadas para un entierro como para un desfile de Mardi Gras–, el rhythm and blues, el jazz de Nueva Orleans y el post bop, el blues, el country, el folk y la música india y creole; incluso en la segunda temporada suena mucho bounce, una variante local de hip hop en la que los MC se rodean de bandas de soul-funk muy potentes. Por los distintos capítulos de la serie pasan artistas de la talla de Dr. John, Allen Toussaint, McCoy Tyner, Ron Carter, Trombone Shorty, Steve Earle, Kermit Ruffins y la Dirty Dozen Brass Band, todos ellos tocando.

treme

En las filas de esta última banda militó el trombonista Big Sam Williams, que acaba de estar en España con su propio grupo, Big Sam Funky Nation. La publicidad de sus conciertos ha destacado por la pertenencia de Big Sam a los Dirty Dozen y su participación en la serie Treme. Sin embargo, esto ha podido crear unas expectativas equivocadas en algún asistente que no los conociera previamente, pues podía esperarse algo más tradicional de Nueva Orleans, aunque el «Funky Nation» de su nombre ya da algunas pistas de que no es exactamente así. El caso es que la banda de Big Sam tiene tatuado en la piel el sonido de la ciudad del Delta, pero es que no hay nada más variado que el sonido de Nueva Orleans. Y este espíritu heterodoxo es el que define el estilo de los Funky Nation, una banda cuya base es el funk, pero en la que luego cabe todo. Por poner un ejemplo, en el bis que ofrecieron tras su actuación en el Tempo Club de Madrid comenzaron con el motivo de «Treme Song» de John Boutté, la canción que abre cada uno de los capítulos de la citada serie, siguieron con el «Everybody needs somebody to love» de Solomon Burke que popularizaron los Blues Brothers y, después de unos diez minutos de funk brutal, terminaron con ¡Black Sabbath! Todo esto ligado sin perder en ningún momento el tempo y la armonía.

Big Sam y su combo –Andrew «Da Phessa» Baham (voz y trompeta), Chocolate Milk (batería), Jerry «Jblakk» Henderson (bajo) y Joshua Connelly (guitarra y voz)– dejaron exhausto al público con dos horas de funky mezclado con mucho rock en el que las partes cantadas (y bailadas) daban paso a virtuosos solos de cada uno de los músicos: el bajista se marcó una improvisación bastante larga de slap bass que terminó con el «Purple Haze» de Jimi Hendrix y el público aullando, el guitarrista ejecutó unos cuantos punteos vertiginosos de sustancia metal, el trompetista hizo algunas escalas bop y casi free y en un momento tocó un solo con pedal delay impresionante, el impetuoso batería –que no descansó un instante– se permitió en el tramo final una demostración de fuerza que dejó boquiabierto al respetable y, por último, qué decir de Big Sam y su trombón metralleta escupiendo contundentes notas funk.

big sam 2

Y encima se lo pasaban bien. Con una seguridad envidiable sobre el escenario, daba igual que la trompeta quedara tapada por la guitarra, que un micrófono inalámbrico se descolocara o que un cable se estuviera soltando todo el rato sin que terminara de llegar la cinta aislante reparadora, ellos no perdían la calma ni el groove. Desde luego, esta simbiosis perfecta de los múltiples estilos de la música negra (rock, soul, funk, jazz, hip hop…) solo se consigue mamando esta música desde pequeñito. A los nueve años, en Nueva Orleans, te colocan un trombón, o una trompeta, un clarinete o un saxofón en las manos y te meten en una banda de metales a desfilar. Y más te vale practicar, porque si no los tuyos se van a ver defraudados y te vas a perder todo lo bueno que tiene la vida. Antes de eso ya habrás visto hasta la saciedad a tipos tocando todos estos estilos en cada esquina de tu ciudad, así que no es un aprendizaje forzado, sino natural, y así salen luego cosas como la serie Treme o esta Funky Nation de Big Sam Williams cuyo directo será difícil de olvidar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *