Por Andrea Aguirre y Rubén Romero Sánchez
El objetivo de estas bi-siones poéticas es ofrecer dos puntos de vista complementarios a partir de la lectura de un poemario que nos haya resultado especialmente digno de elogio.
Niebla fronteriza, de Hasier Larretxea
El Gaviero Ediciones, 2015
113 páginas
Visión de Rubén Romero Sánchez
“La infancia, ese juego infinito sin fronteras”, es el hogar perdido que convoca Hasier Larretxea en este fabuloso, exigente, doloroso, extremadamente íntimo poemario. El valle del Baztán, sus ancestros (la relación con su padre, “la contención es una forma de querer”, la función de la biblioteca, “con cada libro la mía aumentaba / el tamaño de su rebeldía”), el fútbol y la condena de ser portero. Traspasar la frontera de la niebla, hacerse mayor de golpe, el regreso a nuestro lugar que ya no es el mismo (“para aquel entonces a mí ya se me había olvidado jugar”), la cotidianeidad como cartografía de nuestro ser en el mundo (“No supe dónde guardé la bicicleta. / Dónde estará. Que necesita arreglos, / me responden. Como yo, pienso”). Cicatrizar heridas desde la palabra, abrir ventanas como vestigios del pasado, salir indemne de la liza (“la distancia es una ausencia que fortalece”). Historias familiares, geografía del silencio entre piedras, agua y pájaros. Y una forma de seguir siendo: “que no se cierren para siempre las puertas ni las palabras que albergan lugares”.
Visión de Andrea Aguirre
Es posible regresar al bosque amado y temible de la infancia, la infancia frondosa de Niebla fronteriza, y reencontrarse con las raíces que sustentan y a la vez hieren, y revivir el miedo, la sorpresa y el sueño adentrándose en el paisaje del pasado.
La abuela y el padre (la familia, tierna y amenazante), presentes como troncos de árboles que observan crecer al niño y lo colman de recuerdos rebeldes que dormitan. “Este amanecer de pájaros / en los despliegues de las tuberías, / grises”. Pero aquellas sombras infantiles se revelan en los versos cuyas ramas brotan porque “Hay secretos que es mejor no guardarlos. Se pudren si no hay respuestas”.
“La niebla es frontera, / guarida del bosque, // Punto cardinal / que abriga la tierra dividida”. Y existieron también las ausencias y las dudas y el arrepentimiento y la incertidumbre… “Hay miradas que eternizan / el temor de los silencios”. El juego se hace adulto de forma irremediable pero la magia permanece y revive en el regreso a la infancia que nos cobija.
Es posible regresar al bosque amado y temible de la infancia. Hasier Larretxea nos muestra el camino y nos dirige la mirada hacia el norte, para reconciliarnos juntos con la oscuridad que forman siempre las sombras de los grandes árboles.
“El pensamiento cartográfio
reposa en los cuatro puntos cardinales
de las ventanas abiertas a un nuevo amanecer
de nuestras vidas desperezadas,
en ese punto fugaz
de orígenes, legados y genealogías,
en ese único lugar
donde nos resguarda el abrigo
de la memoria.”



